Parque Nacional de Samburu
El África más orgullosa

Madrid, enero de 2004 
Texto: Cristina Álvarez Sánchez (Infoecología)

La árida sabana casi desértica del norte de Kenia, apena habitadas y de difícil acceso, esconde inesperados oasis. Aunque de menor fama que Masai Mara por su menor variedad faunística, los fértiles espacios que se erigen en los márgenes del Ewaso Nyiro pueden presumir, como en el caso de la Reserva Nacional de Samburu, de contar con especies únicas como la cebra de Grevy, la jirafa reticulada o el oryx beisa. De igual modo que las aisladas tierras nos abren paso a vergeles insospechados, nos presentan una población nómada de arraigadas costumbres que se empeña en sobrevivir de su tradicional pastoreo a pesar de que cada vez cuentan con menos ayuda y territorio para continuar con esta práctica.

 

Hace poco más de un año, supimos de una leona keniata que "adoptó" hasta en tres ocasiones otras tantas crías de oryx. "Kamuniak", que significa "la bendita", fue el nombre con el que se bautizó a esta "madre" que sólo se separaba de sus crías para cazar. Paseaba con ellas, las aseaba y protegía de los otros felinos, aunque no pudo impedir que un león más fuerte que ella devorará a la primera de las crías que acogió.

Con "Kamuniak" como protagonista conocimos también la Reserva Nacional de Samburu que, en pleno Rift Valley, guarda entre sus límites un vergel regado al sur por un río que da de beber a otros dos espacios naturales, y al que separan de Nairobi unas siete horas en coche. Aunque la puerta de este territorio está en la cercana población de Isiolo, donde un camino pedregoso con 30 kilómetros de baches anuncia una extensa llanura de tierra roja, monte bajo, roca volcánica, lechos de río secos y abruptas colinas, nada hace presagiar la vida que agrupa los 32 kilómetros del Ewaso Nyiro, hasta cuyos márgenes se desplazan para refrescarse en las horas de sol, entre otras especies, elefantes, hipopótamos, búfalos, gacelas de Grant, hienas, guepardos y jirafas reticuladas, endemismo de la zona, que se puede reconocer por la delgada y definida retícula blanca de su pelaje que separa sus manchas anaranjadas.


Las noches del río son para el leopardo, que descansa y caza en sus orillas. De hecho, Samburu tiene fama de ser una de las zonas en las que se puede observar con mayor facilidad a este felino que tiene la costumbre de camuflarse en las copas de los árboles para descansar. La reserva también es un lugar privilegiado para contemplar cocodrilos de hasta seis metros de longitud que, más exhibicionistas que los leopardos, salen de las "Aguas Negras", que es lo que significa "Ewaso Nyiro", para acercarse ponerse cara a cara, solo separado por una alambrada, quien quiera que se encuentre en el Bar del Cocodrilo del campamento Samburu Game Lodge.


Una rica avifauna de alrededor de 350 especies, que incluye algunas locales, disfruta también de los bosques de ribera, las praderas, así como las grades acacias y palmeras donde se refugian los monos vervet y los babuinos, frondosa vegetación que proporciona el río, que también es un importante recurso de agua para las poblaciones de pastores nómadas que rodean las reservas de Samburu, Buffalo Springs y Shaba. Los samburu, emparentados con los maasai, orgullosos y protectores de su cultura y la tierra en la que se asientan, traen hasta el Ewaso Nyiro a sus rebaños de camellos, cabras, ovejas, cabras y vacas y, en la estación seca, incluso aprovechan el agua que los elefantes dejan al descubierto cuando cavan con sus colmillos en el lecho del río.


Estanques volcánicos y surtidores de agua de roca negra de varios manantiales y un torrente cristalinos, rodeados palmeras egipcias que pueden alcanzar los veinte metros de altura, caracterizan a la reserva de Buffalo Springs, aunque las cuatro fuentes naturales de Shaba hacen de está reserva la más húmeda de las tres. El pantano que tiene en el centro de su territorio es un lugar donde se pueden ver con mucha frecuencia a los antílopes y sus depredadores.


Aunque la mayor parte de la fauna se reúne en los márgenes del Ewaso Nyiro, las tres reservas, que suman 42.000 hectáreas de superficie, tienen en sus parajes semidesérticos de calor extremo el lugar de residencia de especies que dependen poco del agua y que pueden pasar el día a la sombra de un árbol. Entre ellos, especies endémicas como la cebra de Grevy, con franjas más estrechas que las de la común y sus orejas grandes y redondas; el oryx beisa, antílope gris, con marcas blancas y negras en el rostro y unos larguísimos cuernos; y el gerenuk, un estilizado antílope de esbelto cuello y largas patas que no bebe agua y se alimenta de hojas de acacia.

Los 150.000 parientes pacíficos de los maasai

En un capítulo para la "Encyclopedia of Sex and Gender: Men and women in the World’s Cultures" los antropólogos Bilinda Straight y Jon Holzman consideran que hay 150.000 samburu que viven en tierras alejadas de las zonas agrícolas más desarrolladas del centro de Kenia. Dedicados en su mayoría a la ganadería, en las últimas décadas una variedad de factores han reducido la vitalidad de este tipo de economía, lo que ha forzado a esta etnia, que utiliza un idioma muy similar al de los maasai, a dedicarse a un trabajo asalariado, la venta de reses, la elaboración de bebidas alcohólicas o las labores de granja.


Este cambio en su estatus no ha modificado sustancialmente la forma de vida de los samburu, a quienes desde edad muy temprana se instruye en las labores del ganado. No será hasta la pubertad cuando los jóvenes comiencen a recorrer grandes distancias con su ganado, momento en el que se convertirán en Imurran. Pero será unos 14 años después, cuando se casen y sean Ipayian, momento en el que incrementarán el control sobre su propio ganado. Conviene saber también que a medida que un hombres y mujeres adquieren edad son merecedores de mayor veneración y, en el caso de los hombres, puede corresponderse con una posición de liderazgo.


El cambio parcial de ocupación al que se han visto obligados los samburu tampoco ha condicionado la práctica religiosa en su creencia de que son un pueblo elegido de Dios, en cuyo honor rinden culto al Kilimanjaro (Tanzania), que espera la llegada de un mesías. No obstante, la presencia colonial les ha dado a conocer las religiones cristianas y, según Bilinda Straight "mucha gente participa en todos los rituales samburu, cree en la noción de divinidad samburu, al tiempo que acuden a la Iglesia Católica".


Según la Oficina de Turismo de Kenia en España, la importancia que los samburu conceden a la belleza es tanta que sus asentamientos tradicionales, en las grandes llanuras al norte y al sur del lago Turkana, están instalados en emplazamientos espectaculares. De hecho, samburu significa mariposa y se dice que pudiera ser en alusión a la delicadeza de sus adornos personales que se encarga de hacer la mujer. La belleza de estos ornamentos, que también utilizan los hombres, contrasta con su temida reputación de habilidad para la caza y la lucha. No obstante, al contrario que los maasai, los samburu no adoptan una actitud agresiva y culturalmente dominante con otras tribus.


En cuestión de adornos personales de los Imurran, a diferencia de los maasai, que se embadurnan el cuerpo y el pelo con un ocre rojizo, decoran sus caras y la parte superior del cuerpo con complejos modelos que resaltan la línea de sus ojos, y colocan su pelo en elaboradas trenzas con una cinta ancha en su frente. Más cercanas se encuentran estas dos etnias con respecto a los cantos y danzas para celebraciones como la bendición del ganado, la preparación para una guerra y el éxito en una cacería. Una voz masculina con profunda resonancia, un canto rítmico que no difiere de la llamada territorial de un león, sirve para que los jóvenes Imurran bailen con una serie de saltos verticales espectaculares, animados por los gritos de otros.


En cuanto a las mujeres, desde temprana edad reciben collares de cuentas de admiradores que, dada la generosidad de los jóvenes, pronto forman uno grueso. Se calcula que antes de los 16 años tendrá suficientes para sujetar su barbilla, lo que será un signo que indique que tiene edad de casarse.


Los maasai y los samburu también comparten sus conocimientos sobre medicina, que les permiten intuir cómo cambios bruscos del tiempo pueden producirles fiebre y resfriados. También saben que el mal estado de los alimentos y del agua pueden transmitir enfermedades y cómo la malaria se transmite con más rapidez después de las lluvias.


Las plantas les sirven para sanar determinadas dolencias, como dolores de cabeza, dolencia del estómago y enfermedades venéreas y, mucho antes de la llegada de las vacunas a la región, inmunizaban a sus hijos más pequeños contra la varicela. Para evitar contagiarse de viruela, se arañaban el brazo para introducir en las heridas pus de una persona agonizante.


Pero lo que es más sorprendente es su dominio de la "medicina veterinaria" que han aprendido de su respeto por el ganado vacuno que, para ellos, es un símbolo de riqueza y tiene algo de sagrado porque sólo matan una vaca cuando no tienen más remedio. Algunas de las técnicas empleadas con las reses, como la curación de heridas o la amputación de miembros, ha sido puesta en práctica después en los propios samburu.


En el informe "Life in the margins: Perspectives on Pastoralism and Development in Kenya", realizado para la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, la doctora en antropología Carolyn K. Lesorogol, explica que los factores que han permitido que los pastores nómadas conserven su cultura son la escasa presión educativa hasta después de la independencia y el escaso contacto de estos pueblos con el centro del país.


"Los pastores son uno de los grupos más marginados y pobres en Kenia" y retrotrae el origen de esta desventaja a los asentamientos de la colonización, en los que se comenzó a restar espacio a los nativos. "En los últimos cien años, el área al que podían acceder los samburu ha menguado a menos de un tercio de lo que era en la época colonial", mientras que la población se ha incrementado. Las áreas de recursos clave como el río, entre otras, han sido enajenadas para crear un coto de caza que ha sido restringido a los pastores.


También hay que tener en cuenta que con la concentración del ganado en un espacio menor hay más posibilidades de degradación ambiental, que también produce pobreza. De hecho, propone el pastoreo para un solución para un uso productivo de las tierras secas.


La difícil supervivencia de los pastores

La Declaración Tolerancia y Diversidad de Naciones Unidas con motivo de la conferencia mundial contra el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de la intolerancia celebrada en Durban (Sudáfrica) entre el 31 de agosto y el 7 de septiembre de 2001 dice que "pueblos nómadas pastores, como los maasai y los samburu de África oriental, luchan contra la intrusión de las prácticas agrícolas y de conservación en sus zonas. A medida que se les confina a espacios cada vez más reducidos, resulta cada vez más difícil para ellos mantener su ganado, especialmente en períodos difíciles, como las épocas de sequía. Se les está obligando cada vez más a trasladarse a zonas urbanas".


A los graves problemas de sequía cíclica que registra la zona de Samburu, se añaden la incidencia de los cultivos sobre los ríos. El número 195 de la Revista Internacional de Silvicultura e Industrias Forestales de la FAO (1998) explica que "desde los años sesenta, el caudal medio en la estación seca del río Ewaso Nyiro se ha reducido en las tierras bajas a la octava parte de su nivel anterior. Desde el decenio de 1980, el río antaño perenne ha conocido períodos prolongados en que ha dejado de fluir".


"Los ecosistemas irrepetibles de las reservas de caza mayor de Samburu y Buffalo Springs en las tierras bajas sufren durante el período de sequía, lo que repercute negativamente sobre el turismo, fuente principal de divisas en la región, los pastores nómadas y su ganado, así como la fauna de las tierras bajas, resultan muy perjudicados y se ven obligados a trasladarse aguas arriba en busca de agua y pastizales, de lo que resultan conflictos con los agricultores", según el artículo.

Como causas de la afección del caudal de los ríos en las tierras bajas se apunta al crecimiento demográfico y la inmigración a la zona alrededor del monte Kenya que "eleva el consumo de agua como bebida, para uso industrial y urbano y, sobre todo, para riego" y el indebido control y administración de las tomas de agua.


"Los cambios en el uso de la tierra han repercutido también sobre el caudal fluvial y la calidad del agua" y, en concreto, "la eliminación de la cubierta vegetal y el uso más intenso de las laderas septentrionales del monte Kenya han incrementado la escorrentía durante las tormentas, produciendo erosión y contaminación de las aguas superficiales".

Además de la ocupación del terreno para el pastoreo, el ataque de otras tribus y la efectividad de las fronteras, Carolyn K. Lesorogol se refiere en su informe a la estabilidad en el número de reses en los ganados, con fluctuaciones periódicas por sequía y enfermedad, frente a la progresión del crecimiento de la población. Por lo tanto, es necesario buscar alternativas y señala la inconveniencia de algunas de las que hay puestas en práctica como el comercio, por la inseguridad del mercado y las malas comunicaciones, entre otras razones, y el turismo, en el que el pastor no recibe beneficios directos.


Una de las alternativas es el Programa de Desarrollo del distrito de Samburu, en el que colaboran Kenia y Alemania, y que ha servido a las comunidades para, desde 1994, desarrollar numerosos planes participativos en campos como salud humana y animal, mitigación de la pobreza, suministro de agua, educación y conservación ambiental, acciones que se extenderán a todo el distrito en los próximos años.


Teniendo en cuenta que en las zonas de pastoreo la escolarización es de no más del 30 por ciento, son de importancia programas como el "Fuera de la escuela" que, con el apoyo del Ministerio de Educación de Kenia, establece clases vespertinas para niños que tienen que cuidar de rebaños.


El diseño de un sistema de gestión en caso de sequía y otro para la introducción del camello como animal para el pastoreo, que incluye componentes de salud, desarrollo de la educación, género, pequeña empresa, desarrollo de agua y mejora de los pastos son algunos de los programas que se ejecutan en Samburu.


Veinte años de cooperación en Turkana

La cooperación española en Kenia más próxima al distrito de Samburu la lleva a cabo la ONG Nuevos Caminos desde hace veinte años en Turkana una región de unos 70.000 kilómetros cuadrados colindante con Etiopía, Sudán y Uganda, de fisiología y condiciones climatológicas similares a Samburu. En colaboración con una comunidad misionera establecida en la capital, Lodwar, han conseguido construir una presa en lechos de ríos para almacenar agua en previsión de los periodos de sequía, de pozos de agua, acuíferos, además de crear huertas y plantar frutales.


Cursos de capacitación para pescadores y guarderías son otros de los proyectos de esta ONG que reclama más ayuda de la administración keniata a la que, recién llegado a España, el responsable de Proyectos, Ramiro Viñuales, hace una propuesta: desalar el lago Turkana, que tiene tres kilómetros de ancho por cincuenta de largo y que podría servir a la agricultura y al consumo.

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