Los buscadores de aves en el
Perú
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Perú,
enero de 2005. |
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En las décadas pasadas no se contaba con mucha
información sobre la avifauna del Perú. Lo que se conocía era insuficiente
para convertir al Perú en un punto atractivo para observar aves. Los
inquebrantables Andes y la “jungla” repelían a propios y a extranjeros. Hoy
en día este panorama ha cambiado radicalmente. Cada vez más aventureros se
movilizan hacia el Perú para disfrutar de la biodiversidad, costumbres y
paisajes del país andino. La observación de aves es una actividad que, de
acuerdo a cifras y tendencias mundiales, puede superar a las alcanzadas por
el turismo arqueológico. Con ustedes, el birdwatching. Pajareros, observadores de aves o birdwatchers.
¿Quiénes son? Se trata de un grupo reducido de personas que se dedica a
observar aves y a organizar avezados viajes exclusivamente para tal fin.
Estas excursiones pueden estar dedicadas a un solitario espécimen endémico y
rarísimo de ver en un área geográfica limitada, o a las distintas y numerosas
aves que pueblan un determinado ecosistema. Esta forma de hacer turismo está
cobrando un auge importante en el Perú. Según los datos de una reciente
encuesta, el Center for Conservation Biology of the Department of Biological
Sciences de la Universidad de Stanford, informa que en EEUU 69 millones de
personas mayores de 16 años habían identificado o fotografiado aves en el año
anterior a la encuesta, originando un ingreso cercano a los 23 millones de
dólares.
En nuestro medio no se alcanzan tales cifras, sin embargo,
el Perú es actualmente uno de los destinos predilectos para la observación de
aves y por ello el número de turistas entre nacionales y extranjeros aumenta
de manera acelerada. Un ejemplo que da cuenta del auge de esta actividad en
el Perú fue su elección como anfitrión de la última edición de la British Birdwatching Fair 2004, la
feria más importante de observadores de aves en el mundo y que se celebra
anualmente en Rutland, en el Reino Unido. Esta feria, celebrada del 20 al 22
de agosto del 2004, recaudó en tan solo dos días 400.000 dólares. Dicho monto
se destinará para la protección de especies en peligro de extinción y para
implementar estrategias de conservación en los bosques secos del noroeste del
Perú.
Hace 40 años, el Perú registraba cerca de 1.350
especies de aves. Hoy, gracias básicamente a los observadores de aves,
científicos e investigadores, se han identificado más de 1.800, y se ha
mejorado la información sobre las especies y circuitos de observación. Este
significativo aumento de registros de especies para el país evidencia el gran
potencial biológico – y en especial ornitológico – que convierte al
territorio peruano en un punto magnético para este fin y un destino
obligatorio para los amantes de las aves. Observando a los observadores ¿Cómo son los birdwatchers?
Esta pregunta puede ser respondida solo si los observamos detenidamente y
analizamos las cualidades que los distinguen de otros viajeros con los que
usted puede toparse en alguno de sus viajes. Los birdwatchers suelen organizar expediciones dedicadas
exclusivamente a perseguir, ya sea a pie o en camionetas, distintas especies
de aves en su hábitat natural. Para tal fin no importa si es temporada alta o
baja, o si el destino no tiene ningún atractivo turístico. Para ellos es
aliciente suficiente la presencia de las plumíferas. Usted puede reconocerlos por sus infaltables
binoculares colgados al cuello, su libro y/o cuaderno de campo, un telescopio
en algunos casos y, particularmente, porque se detienen en los lugares más
inesperados y sin previo aviso para echar un vistazo al paisaje. Y es que la
especie buscada puede aparecer en el momento menos esperado saliendo de una
mata rumbo a otra mata, surcando velozmente el cielo o cruzando intempestivamente
un manantial o acequia. También podemos verlos con su grabadora colgada del
hombro y con su micrófono direccional registrando las distintas
vocalizaciones de las aves. Asimismo si usted escucha atentamente su
conversación, se percatará de que utilizan incomprensibles vocablos en
ingles. Estos se refieren a los nombres de las distintas aves, ya que la
bibliografía y registros de aves están compilados casi en su totalidad en el
idioma anglosajón. Los registros de aves son los puntos claves y más
esperados de las largas jornadas de “pajareo” y se pueden realizar de tres
maneras, todas válidas para considerar a un ave como “observada”. Se puede
anotar directamente con un “check” en las “Checklist of the birds” de la
zona, o se pueden anotar en el cuaderno de campo las características del ave
observada para luego, al final de la jornada, cotejar con los libros
especializados de aves e identificar la especie avistada, compilando uno
mismo su propia lista. La tercera modalidad es la más singular y consiste en
escuchar al ave, es decir, saber que se encuentra ahí al percibir el sonido
peculiar y característico de su canto. Tras escuchar al ave, se hace la
anotación (h), que significa en
ingles “heard”, o sea que fue escuchada pero no vista. Esta tercera forma de registro presenta algunas
variantes. Por un lado, se puede identificar al ave por su canto (hay que
aprenderse los cantos más característicos) o se puede grabar el mismo para
luego identificarlo revisando los CD’s de cantos de aves de la zona que se
visita. Estos discos presentan incluso distintos registros por ave, ya sea
los utilizados para defender su territorio, en época de apareamiento para
llamar la atención del sexo opuesto, o como respuesta ante amenazas extrañas.
La otra variante consiste en llevar una grabadora que emite el canto ya
grabado de una especie determinada. Dicha emisión puede atraer a un individuo
o más de esta especie. Esto puede permitir tal vez que se aviste a esa
especie, o que de lo contrario, contesten al canto grabado que ha sido
emitido sin dejarse ver. Ambas variantes pueden servir para efectuar un nuevo
registro. Existe una variante más y consiste en grabar el
sonido de un ave en plena observación. Una vez obtenida esta grabación se
reproduce inmediatamente su canto. Esta técnica tiene como objeto atraer a la
misma ave para poder verla y ofrece por lo general buenos resultados. Cada
una de estas anotaciones representa para estos amantes de la naturaleza una
experiencia única y quizá irrepetible. Un registro personal puede ser calificado como no
válido. Por este motivo es que los birdwatchers
realizan sus jornadas en grupos y procuran que más de uno vea o escuche el
ave para contar con una prueba contundente, pues de no ser así se convierte
en dudoso o no muy convincente. Esto no descarta que sea posible, sin embargo
suele regir esta regla entre ellos.
Asimismo existen muchas aves que son activas en el
atardecer o al empezar la noche, tales como las chotacabras y los búhos, que
salen en búsqueda de alimento y en algunos casos se les identifica solo por
el canto y los sonidos que emiten. Las comodidades de los hoteles o albergues donde se
alojan no es tema vital ni de consideración en sus viajes. Lo principal es
ubicar los mejores “points” donde avistar las especies de aves buscadas o
registradas para la zona. Para estos “pajareros” el Perú es un verdadero
paraíso donde todavía se pueden observar aves sin ningún problema. La mayoría
son extranjeros, aunque también hay muchos birdwatchers nacionales. Todos ellos han encontrado sus puntos
predilectos en la selva (el Parque Nacional del Manu es un destino
obligatorio), en la región del valle del Marañón y en el bosque seco del
noroeste peruano (la zona de Tumbes). La primera por la cantidad de aves para
observar y las últimas por el gran número de especies endémicas, amenazadas y
“raras” que allá habitan. Esta magnifica posibilidad de incentivar el turismo
a través del birdwatching y de generar recursos aplicando estrategias de
conservación focalizadas debe ser aprovechada en su totalidad. Aún queda
mucho por investigar y descubrir y solo un trabajo serio y con proyecciones a
mejorar la calidad de vida de los pobladores locales puede asegurar que se
exploten adecuadamente los recursos naturales. De este modo no solo vendrán
más turistas, sino que nosotros mismos podremos beneficiarnos con lo que
poseemos, a través de esta apasionante manera de conocer nuestros recursos,
costumbres, paisajes y biodiversidad. |
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Enrique Angulo Pratolongo |
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