Los buscadores de aves en el Perú

Perú, enero de 2005. 
Texto y fotos de Enrique Angulo Pratolongo para Infoecología.

En las décadas pasadas no se contaba con mucha información sobre la avifauna del Perú. Lo que se conocía era insuficiente para convertir al Perú en un punto atractivo para observar aves. Los inquebrantables Andes y la “jungla” repelían a propios y a extranjeros. Hoy en día este panorama ha cambiado radicalmente. Cada vez más aventureros se movilizan hacia el Perú para disfrutar de la biodiversidad, costumbres y paisajes del país andino. La observación de aves es una actividad que, de acuerdo a cifras y tendencias mundiales, puede superar a las alcanzadas por el turismo arqueológico. Con ustedes, el birdwatching.

 

Pajareros, observadores de aves o birdwatchers. ¿Quiénes son? Se trata de un grupo reducido de personas que se dedica a observar aves y a organizar avezados viajes exclusivamente para tal fin. Estas excursiones pueden estar dedicadas a un solitario espécimen endémico y rarísimo de ver en un área geográfica limitada, o a las distintas y numerosas aves que pueblan un determinado ecosistema. Esta forma de hacer turismo está cobrando un auge importante en el Perú. Según los datos de una reciente encuesta, el Center for Conservation Biology of the Department of Biological Sciences de la Universidad de Stanford, informa que en EEUU 69 millones de personas mayores de 16 años habían identificado o fotografiado aves en el año anterior a la encuesta, originando un ingreso cercano a los 23 millones de dólares.

 

 

En nuestro medio no se alcanzan tales cifras, sin embargo, el Perú es actualmente uno de los destinos predilectos para la observación de aves y por ello el número de turistas entre nacionales y extranjeros aumenta de manera acelerada. Un ejemplo que da cuenta del auge de esta actividad en el Perú fue su elección como anfitrión de la última edición de la British Birdwatching Fair 2004, la feria más importante de observadores de aves en el mundo y que se celebra anualmente en Rutland, en el Reino Unido. Esta feria, celebrada del 20 al 22 de agosto del 2004, recaudó en tan solo dos días 400.000 dólares. Dicho monto se destinará para la protección de especies en peligro de extinción y para implementar estrategias de conservación en los bosques secos del noroeste del Perú.  

 

El Perú ofrece una diversidad de paisajes y posibilidades extraordinarias para esta actividad, no solo por la gran cantidad de aves que posee, sino también por su alta cuota de endemismo, es decir por el gran número de especies que se encuentran exclusivamente en algunos hábitats dentro del territorio peruano. Ambas particularidades lo hacen muy atractivo también para los científicos e investigadores.

 

 

Hace 40 años, el Perú registraba cerca de 1.350 especies de aves. Hoy, gracias básicamente a los observadores de aves, científicos e investigadores, se han identificado más de 1.800, y se ha mejorado la información sobre las especies y circuitos de observación. Este significativo aumento de registros de especies para el país evidencia el gran potencial biológico – y en especial ornitológico – que convierte al territorio peruano en un punto magnético para este fin y un destino obligatorio para los amantes de las aves.

 

 

Observando a los observadores

 

¿Cómo son los birdwatchers? Esta pregunta puede ser respondida solo si los observamos detenidamente y analizamos las cualidades que los distinguen de otros viajeros con los que usted puede toparse en alguno de sus viajes. Los birdwatchers suelen organizar expediciones dedicadas exclusivamente a perseguir, ya sea a pie o en camionetas, distintas especies de aves en su hábitat natural. Para tal fin no importa si es temporada alta o baja, o si el destino no tiene ningún atractivo turístico. Para ellos es aliciente suficiente la presencia de las plumíferas.

 

Usted puede reconocerlos por sus infaltables binoculares colgados al cuello, su libro y/o cuaderno de campo, un telescopio en algunos casos y, particularmente, porque se detienen en los lugares más inesperados y sin previo aviso para echar un vistazo al paisaje. Y es que la especie buscada puede aparecer en el momento menos esperado saliendo de una mata rumbo a otra mata, surcando velozmente el cielo o cruzando intempestivamente un manantial o acequia. También podemos verlos con su grabadora colgada del hombro y con su micrófono direccional registrando las distintas vocalizaciones de las aves. Asimismo si usted escucha atentamente su conversación, se percatará de que utilizan incomprensibles vocablos en ingles. Estos se refieren a los nombres de las distintas aves, ya que la bibliografía y registros de aves están compilados casi en su totalidad en el idioma anglosajón.

 

Los registros de aves son los puntos claves y más esperados de las largas jornadas de “pajareo” y se pueden realizar de tres maneras, todas válidas para considerar a un ave como “observada”. Se puede anotar directamente con un “check” en las “Checklist of the birds” de la zona, o se pueden anotar en el cuaderno de campo las características del ave observada para luego, al final de la jornada, cotejar con los libros especializados de aves e identificar la especie avistada, compilando uno mismo su propia lista. La tercera modalidad es la más singular y consiste en escuchar al ave, es decir, saber que se encuentra ahí al percibir el sonido peculiar y característico de su canto. Tras escuchar al ave, se hace la anotación (h), que significa en ingles “heard”, o sea que fue escuchada pero no vista.

 

Esta tercera forma de registro presenta algunas variantes. Por un lado, se puede identificar al ave por su canto (hay que aprenderse los cantos más característicos) o se puede grabar el mismo para luego identificarlo revisando los CD’s de cantos de aves de la zona que se visita. Estos discos presentan incluso distintos registros por ave, ya sea los utilizados para defender su territorio, en época de apareamiento para llamar la atención del sexo opuesto, o como respuesta ante amenazas extrañas. La otra variante consiste en llevar una grabadora que emite el canto ya grabado de una especie determinada. Dicha emisión puede atraer a un individuo o más de esta especie. Esto puede permitir tal vez que se aviste a esa especie, o que de lo contrario, contesten al canto grabado que ha sido emitido sin dejarse ver. Ambas variantes pueden servir para efectuar un nuevo registro.

 

Existe una variante más y consiste en grabar el sonido de un ave en plena observación. Una vez obtenida esta grabación se reproduce inmediatamente su canto. Esta técnica tiene como objeto atraer a la misma ave para poder verla y ofrece por lo general buenos resultados. Cada una de estas anotaciones representa para estos amantes de la naturaleza una experiencia única y quizá irrepetible.

 

Un registro personal puede ser calificado como no válido. Por este motivo es que los birdwatchers realizan sus jornadas en grupos y procuran que más de uno vea o escuche el ave para contar con una prueba contundente, pues de no ser así se convierte en dudoso o no muy convincente. Esto no descarta que sea posible, sin embargo suele regir esta regla entre ellos.

 

 

Las jornadas de “pajareo” son largas y agotadoras, ya que se trata de alcanzar los mejores “observatorios” y anotar la mayor cantidad de registros por día. La observación empieza muy temprano antes del alba y concluye al atardecer o ya entrada la noche. Estas jornadas inagotables buscan ubicar a las aves antes de que inicien su faena diaria. Muchas de las especies son más activas durante las primeras horas del día (como la pava aliblanca); es decir entre las 6.00 y 9.00 de la mañana, horas en las que por general realizan un rito de cantos, útiles para su identificación y reconocimiento.

 

Autor del artículo observando aves en el Valle del Utcubamba en la  Región Amazonas.

 

 

Asimismo existen muchas aves que son activas en el atardecer o al empezar la noche, tales como las chotacabras y los búhos, que salen en búsqueda de alimento y en algunos casos se les identifica solo por el canto y los sonidos que emiten.  

 

Las comodidades de los hoteles o albergues donde se alojan no es tema vital ni de consideración en sus viajes. Lo principal es ubicar los mejores “points” donde avistar las especies de aves buscadas o registradas para la zona.

 

Para estos “pajareros” el Perú es un verdadero paraíso donde todavía se pueden observar aves sin ningún problema. La mayoría son extranjeros, aunque también hay muchos birdwatchers nacionales. Todos ellos han encontrado sus puntos predilectos en la selva (el Parque Nacional del Manu es un destino obligatorio), en la región del valle del Marañón y en el bosque seco del noroeste peruano (la zona de Tumbes). La primera por la cantidad de aves para observar y las últimas por el gran número de especies endémicas, amenazadas y “raras” que allá habitan.

 

Esta magnifica posibilidad de incentivar el turismo a través del birdwatching y de generar recursos aplicando estrategias de conservación focalizadas debe ser aprovechada en su totalidad. Aún queda mucho por investigar y descubrir y solo un trabajo serio y con proyecciones a mejorar la calidad de vida de los pobladores locales puede asegurar que se exploten adecuadamente los recursos naturales. De este modo no solo vendrán más turistas, sino que nosotros mismos podremos beneficiarnos con lo que poseemos, a través de esta apasionante manera de conocer nuestros recursos, costumbres, paisajes y biodiversidad.

 

Enrique Angulo Pratolongo
Periodista
Dirección e-mail: eangulopratolongo@gmail.com

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