La laguna de Rapagna:
Un pequeño paraíso escondido

Madrid, junio de 2005
Por Enrique Angulo Pratolongo desde el Perú para Infoecología

Nuestro país no deja de sorprendernos. A tan solo 100 Km. y algo más al este de Lima y a 4.550 msnm, se encuentra la fascinante Laguna de Rapagna. Esta hermosa laguna constituye todo un reto para los aficionados a las excursiones de montaña. El autor de esta crónica, un simple caminante que por poco no llega a deleitarse con esta hermosa joya cobijada en la sierra central, nos relata esta agotadora pero maravillosa experiencia.

 

Si no hubiese recibido el aliento de uno de los caminantes, no estaría ahora relatando esta pequeña crónica. Los dolores post esfuerzo aún persisten en mí, pero se apaciguan mientras intento plasmar aquella titánica travesía que me permitió conocer un lugar de ensueño; cercano y muy recomendable. Para los mortales como nosotros no es una caminata, sino una verdadera excursión hacia las alturas de la sierra central.

 

Todo se inició en el atardecer de un triste sábado de invierno limeño. Tomé un colectivo a Chosica con las cinco personas de nuestro entusiasta grupo de caminantes. Lima – Chosica S/.6.00. Ingresamos a un mundo aparte en el Jirón Paruro dentro del ya alborotado universo que es el centro de Lima. En un terreno hacinado y repleto de gente, coexisten chinganas, zapaterías, tiendas, baños, restaurantes y el paradero de los colectivos. Tras esperar varios minutos y ver como desaparecían los impacientes pasajeros en cada colectivo, iniciamos esta aventura.

 

Llegamos a Chosica y rápidamente tomamos un colectivo hacía San Mateo en el Km. 93 de la carretera central y a 3.139 msnm. San Mateo es uno de los tantos pueblos desperdigados por la carretera central. Ahí pernoctamos. Al día siguiente salimos temprano hacía Río Blanco en el Km. 103 de la carretera central y a 3.600 msnm. Desde ahí iniciamos este periplo que me traería grandes sorpresas y una pequeña satisfacción personal.

 

De Río Blanco a la Laguna de Rapagna

 

Iniciamos la subida con cierta facilidad. El camino en zig-zag parecía no ser muy complicado. Grave error. Este era solo el inicio de la larga travesía que nos esperaba. Tras dos horas de marcha continua, la empresa no parecía muy difícil y ya me imaginaba sentado a orillas de la laguna con mi cuaderno de notas escribiendo alegremente mis peripecias. Los primeros signos de cansancio empezaban a asomar en mí. La altura se hacía notar y me recordaba que estaba a casi 4.000 msnm. Mis pulmones no encontraban suficiente oxígeno para todo mi organismo, y lo peor de todo es que ni siquiera estábamos a la mitad del camino. Nos esperaba un pequeño bosque de piedras donde disfrutaríamos del primer descanso oficial (en este lugar se puede acampar para retomar la aventura al día siguiente).   

 

Llegamos al esperado descanso y pude apreciar la verdadera belleza de donde estaba. Nos tomamos las fotos de rigor, comí algo y me engullí cerca de una docena de caramelos, esperanzado en suministrar suficiente glucosa a toda mi humanidad. Según me comentaron mis compañeros, si había llegado hasta acá, ya lo que viene es "pan comido". Sarcástico comentario.

 

 

El tramo final

 

Tras el descanso solo quedaba la conquista de la laguna. La vegetación cambiaba conforme avanzábamos por la quebrada. El ichu empezaba a dominarlo todo. Pocos eran los tramos planos, todo era subida y las distancias entre cada descanso se hacían más cortas. Empecé a dudar de lograr mi cometido y cada minuto pensaba seriamente en quedarme sentado y esperar a que los otros regresen. Tres de nuestros compañeros se adelantaron descaradamente hasta desaparecer tragados por las alturas. Luego los vería como pequeños puntos de colores inalcanzables. En ese momento decidí dejar todo de lado y embutirme lo que me quedaba de alimento y así, esperar con la barriga llena y feliz de la vida que bajen de ver esa insignificante laguna. Sana envidia.

 

Sin embargo, tras recibir el último aliento decidí subir lo (poco) que faltaba. Ya si estaba tan alto, qué son unos insignificantes metros más. Tras hacer los últimos esfuerzos, empecé a sentir que por fin estaba llegando. Vi a uno de los caminantes salir de entre dos cerros. Pensé en una aparición divina. Esto significaba que estábamos muy cerca y efectivamente tras unos metros más, un camino como el de un palacio, nos preparaba una gran vista de la Laguna de Rapagna. Sentí una extraña sensación de placer y de reconocimiento a tremendo esfuerzo. Por fin la tan ansiada meta estaba ante mí y mis magullados pies.

 

 

El color turquesa de la laguna contrastaba con los cerros que la protegían. A lo lejos se divisaba algún nevado imponente. La laguna parecía ejercer cierto magnetismo sobre mí. La calma que imperaba en el lugar era sorprendente. Sentía una sensación muy agradable. El viento que soplaba desordenado, me traía solo gratos recuerdos y evocaba diversas ausencias. Los cerros que rodeaban a este espejo de agua se empecinaban en llegar cada uno más alto, sin llegar ninguno a convencer.

 

El reflejo del agua se torna por momentos negro contrastando con el color cristalino del agua de las orillas. Su vista quedará por siempre en mi retina. Tras deleitarme con esta magnifica vista y sentarme a observar cada milímetro del paisaje, tuvimos que iniciar la triste retirada. Increíble recorrer de vuelta todo lo que había caminado. Días después me cuesta creer todo lo que he caminado. En dos horas y media de descenso llegamos a la carretera central. Para llegar a la laguna necesité 5 horas y media. Acá el tiempo no juega un papel muy importante. La sensación de lograr una meta es lo trascendental. Pese a sentir que algo me faltaba, llegué a ese sitio tan cercano pero remoto a la vez. Ese lugar que está alejado de todo el infierno citadino, es realmente paradisíaco. Si quiere visitar la laguna debe sentirse preparado para caminar tan solo algo más de 20 Km. en total, pero que parecen 20 millas.

 

Solo es cuestión de asumir el reto y "trepar" hacia el cielo. Ya en la altura encontraremos belleza, tranquilidad y un bálsamo para nuestras sensibles almas. ¿Quién no lo necesita?

 

Enrique Angulo Pratolongo
Periodista
Dirección e-mail: eangulopratolongo@gmail.com

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