Pablo Aguilar, monitor de buceo, cuenta a Infoecología su experiencia
Eco-Buzos voluntarios limpian el fondo de las lagunas de Ruidera

Madrid, (Paloma Larena/Infoecología)

En Madrid no hay playa, pero como si la hubiera. Poco a poco, la tribu de buceadores se va haciendo cada vez más numerosa, atraída no sólo por el placer de practicar deporte o disfrutar de las profundidades marinas, sino por el afán de conocer "a fondo" este ecosistema un tanto lejano, protegerlo y, cuando es necesario, ayudar en tareas de limpieza. Lo mismo les da poner a punto las calas de Mazarrón que quitar chapapote de las costas gallegas. Un grupo de buceadores madrileños de la Tsunami Diving School ha viajado hasta las Lagunas de Ruidera, en Ciudad Real, para intentar dejarlas como una patena. 

Sábado a las 7:30 de la mañana. Mientras otros jóvenes duermen víctimas del botellón, un grupo de buceadores de la Tsunami Diving School se dispone a echarse a la carretera en dirección a las Lagunas de Ruidera, en Ciudad Real. Pablo Aguilar, de 32 años, es uno de ellos. Trabaja como informático de lunes a viernes, pero cuando llega el fin de semana cambia de "chip" y se convierte en un experimentado instructor de buceo. Su verdadera pasión es ponerse un traje de neopreno, aletas, gafas, botella de aire y... ¡al agua! 

El madrugón de este sábado, tras una intensa semana de trabajo, ha sido de campeonato, pero el objetivo lo merece. "Vamos a ayudar en las tareas de limpieza de una de las lagunas -'La Colgada'- que forma parte del Parque Natural. Parece mentira pero, según nos cuentan, en la zona de las cascadas se acumulan los residuos de forma alarmante", explica Pablo, con cara de sueño. Los jóvenes responden al SOS lanzado por otro club de buceadores, el Ruidera Bike, y no es la primera vez que lo hacen. En esta ocasión participarán un total de 17 buzos, esta vez mano a mano con una representación de los guardas del Parque.

Con el tiempo, lo que empezó como afición se ha convertido en una práctica solidaria, pues Pablo es uno de los cientos de voluntarios que desde hace cuatro años acuden sin falta a las llamadas de ayuda para limpiar ya sea fondos marinos o de lagos y ríos. "Cuando se lanza el SOS, acudimos en cadena. Resulta increíble la cantidad de porquería que uno se puede encontrar allá abajo y en según qué sitios: bolsas, guantes de goma, ruedas, baterías de automóviles, lavadoras… ¿quién se ha tomado la molestia de llevar todo esto allí? ¿Cómo puede haber gente que contamina porque sí, sin pararse a pensar en el daño que causa al medio ambiente?", comenta durante el viaje con cierta desesperación. 


Empieza la faena
A las 10:30 empiezan a llegar al punto acordado los primeros colaboradores. Son recibidos entre risas y bromas, mientras un grupo de cormoranes que están anidados en la orilla de enfrente sobrevuela la zona. "El día amanece despejado. Parece que el buen tiempo nos acompañará durante el desarrollo de la actividad. Mejor, piensa Pablo mientras que él y el resto de sus compañeros empiezan a pertrecharse. 

A las 11 de la mañana, todos los participantes están equipados y en perfecto orden. Es entonces cuando se les hace un pequeño esquema de cómo se va a llevar a cabo la operación y se les informa de los medios con los que cuentan. "El plan es bien sencillo: efectuaremos una cadena desde el muro de acceso a la laguna (que hace las veces de embarcadero) en dirección a los cañaverales y, una vez abajo, iremos recorriendo el fondo hacia las cascadas de la laguna de 'La Colgada', zona en la que se acumulan los residuos", explican los anfitriones.

Tras una breve sesión fotográfica y los consabidos chistes, los buceadores empiezan la faena. Tienen por delante unas cuantas horas de trabajo y cuanto antes empiecen, mucho mejor. "¡Qué fría está!", se oye algún que otro comentario. La entrada en el agua va acompañada de murmullos, expresiones onomatopéyicas -¡ahh, ohh, huuy!- y algunas caras de contrariedad debido a que la temperatura del líquido elemento no es lo que se dice muy alta (11º C). Cada buzo lleva una bolsa o reja donde irá depositando la basura y que deberá colocar más tarde en una de las dos canoas que hacen las funciones de apoyo en superficie.

La plaga de los domingueros
Pronto empiezan a recolectarse los primeros frutos: bolsas de plástico en descomposición, botellas de agua, cebos plásticos de pesca... Pablo y sus compañeros enumeran, no sin asombro, la cantidad de porquería que encuentran en el fondo. "Según nos acercamos a las rocas que hay en la base de la cascada van aumentando los restos, aparecen las primeras ruedas, cajas para el transporte de botellas, incluso una sartén, amén de una cantidad ingente de botellas, latas de refresco y conservas... indicativo clarísimo de que la zona es pasto de una actividad feroz por parte de los 'domingueros'...". Eusebio, guarda del Parque Natural, asiente. "Son el peor mal del parque, tenemos que estar con mil ojos, pues cuando llega el buen tiempo les da por hacer hogueras en el primer sitio que se les ocurre".

Poco a poco, la extracción de basura se va complicando debido a la composición del fondo, ya que al ser fango, a poco que éste se remueve, forma una espesa cortina de partículas en suspensión. Tras hora y media de luchar a brazo partido para sacar el mayor número de porquería, la totalidad de los buzos ya está fuera del agua. Las canoas se acercan al embarcadero para depositar los restos de la batida y se acerca la hora de hacer balance. Ruedas, botellas tanto de cristal como de plástico, latas de todo tipo, un colchón, botes de gel y champú... aproximadamente unos 40 kilos de residuos de todo tipo. Algunos buzos se quedan sorprendidos por el volumen... pero al decir de los anfitriones, esto no es nada. "Hasta treinta ruedas sacamos hace dos años", declaran los miembros del Ruidera Bike que, por desgracia, ya empiezan a acostumbrarse a estos resultados. 

Sensación agridulce
Al finalizar la jornada se hace entrega a todos los participantes de una certificación de asistencia y colaboración con el proyecto A.W.A.R.E. de la organización PADI, que patrocina programas para el mantenimiento de nuestras costas y humedales. La sensación del trabajo bien hecho les acompaña durante una comida en la que participan todos. "Pero nos queda una sensación agridulce, pues los medios de los que se dispone son limitados, las subvenciones por parte de las autoridades competentes brillan por su ausencia, y son muchas y muy extensas las lagunas", se lamenta Pablo. "No olvidemos que el marco donde llevamos a cabo la limpieza ha sido tan sólo una pequeña porción de una de las Lagunas de Ruidera".

Los buceadores voluntarios contribuyen a concienciar a la sociedad para mantener limpias las aguas, principal fuente de vida. A través de PADI (Professional Associated Dive Instructor), una organización que destina parte de sus beneficios al proyecto AWARE para mantenimiento y promoción del medio ambiente, Pablo Aguilar colabora también en la limpieza de costas. "Siempre hay algo que hacer. A menudo los barcos de pesca pierden o abandonan sus redes en alta mar. Éstas quedan a la deriva, provocando daños irreversibles sobre las poblaciones de delfines, tortugas y otras especies que se enredan en ellas. Por no hablar de las malas prácticas medioambientales de los patrones de barcos de recreo y los tour operadores". Esta temporada se han concentrado sobre los arrecifes de coral y los barcos hundidos. "Al fin y al cabo, no dejan de ser arrecifes artificiales que desempeñan un papel muy importante para la vida de numerosas especies". 

La limpieza de la costa de Mazarrón, en Murcia, es una de sus contribuciones periódicas. Y como se ve, lagos, lagunas y ríos de la Península también necesitan mucha atención. "La gente se sorprendería al saber que en el Sella, río asturiano muy conocido por su población de truchas y salmones, se sacaron entre 80 y 90 kilos de plomos de pescadores". De no haber sido retirados por buceadores de la zona, miles de aves que se alimentan de estos peces podrían haber contraído una enfermedad denominada "plumbismo", que afecta a los huesos y al sistema nervioso. Además de preservar la fauna y la flora, el trabajo solidario de los buceadores permite a otras personas disfrutar de parajes maravillosos. "A veces hay que hacer el trabajo 'sucio', para garantizar a todos un futuro más limpio"
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