LA DIVERSIDAD BIOLÓGICA POR SU NOMBRE: 
EL LEGADO DE CARLOS LINNEO

Por Enrique Angulo Pratolongo (septiembre de 2007)

"Dios creó, Linneo ordenó" Carlos Linneo.

 

El 23 de mayo de 1707, hace 300 años, nació el botánico Carl von Linné en la ciudad de Raushult, al sur de Suecia. Este año se celebró en todo el mundo dicha fecha, rindiéndole homenaje al gran científico sueco dueño de una gran autoestima, como lo demuestra la frase líneas arriba. Linneo (como nosotros lo conocemos) es el responsable de la sistematización taxonómica de las especies de flora y fauna que hasta ahora utilizamos. Su clasificación binaria compuesta por género y especie permite que le denominemos al perro: Canis familiaris, a la ballena azul: Balaenoptera musculus y que nosotros seamos: Homo sapiens.

Linneo fue hijo de un pastor, y desde chico estuvo atraído por las plantas. Tras haber estudiado medicina en las Universidades suecas de Lund y Uppsala, realizó su doctorado en los Países Bajos. En 1735, publicó su obra cumbre Sistema Naturae, creando una clasificación para animales, plantas y minerales a través de dos términos en latín. Con dicha nomenclatura, Linneo ordenó cerca de 8.000 plantas y hasta 5.000 tipos de animales.

Con sus vastos conocimientos, Linneo congregaba en la Universidad de Uppsala a cientos de interesados en su obra. Las cátedras del "profesor revolucionario", como se le denominó, estaban siempre repletas de estudiantes de todas las facultades y de cualquier interesado en sus innovadoras percepciones. Linneo entusiasmaba a su auditorio para que emprendiera expediciones con el objetivo de descubrir la naturaleza y mandaba a sus "apóstoles", como él llamaba a sus estudiantes, hacia todos los rincones del mundo.

Los "apóstoles" de Linneo emprendían viajes a África, China, Japón, Australia, Siberia y América para descubrir plantas y animales, con el fin de clasificarlos según su sistema. Linneo no solo se interesó por la medicina, biología y la geología, sino que también realizó estudios en otros campos de la investigación. Es así como en 1739 fundó, junto con otros científicos, la Academia Real Sueca de Ciencias, con el fin de realizar estudios para la industria de su país. Su reputación fue tal que incluso el rey sueco lo nombró caballero en 1757, convirtiéndose en Carlos von Linneo.

Según Carl Olof Jacobson, representante de la Sociedad de Linneo Sueca, el taxónomo sueco estaba convencido de que "el hombre tiene una responsabilidad para con el planeta en el cual vivimos, ya que el hombre es parte del todo". Es por eso que es considerado por muchos como el primer ecologista. Así también, pese a su gran aporte a la ciencia moderna, Linneo es considerado por muchos como un narcisista. Según la Directora de la Estación Biológica Hiddensee de la Universidad alemana de Greifswald, Irmgard Blindow, Linneo "se autoproclamó por ejemplo como 'el botánico más grande de todos los tiempos'"

Linneo escribió además tres autobiografías en donde se alababa a sí mismo. Su obra  Species plantorum fue definida por él mismo como "la mayor obra en el reino de las ciencias". A su obra Sistema Naturae la calificó como una obra maestra. Por otro lado, como parte de su narcisismo, mandó a realizar también varios retratos suyos.

   

El mundo antes de Linneo

Mathias Jaschhof, del Instituto Zoológico y del Museo de la Universidad de Greifswald, afirma que "en el tiempo de Linneo reinaba el caos en vez de un sistema". Las especies no tenían un nombre definido, sino eran clasificadas y definidas a través de sus principales características. Por ejemplo, una planta podía ser: de flores rojas, crece en la sombra, florece dos veces al año. En ese contexto aportó Linneo sus importantes ideas. Incluso el sistema de categorización en Clase, Orden, Género, Especie y Subespecie se mantiene en la actualidad.

No obstante que algunos científicos utilizaron antes de Linneo una nomenclatura binaria, estos lo hicieron sin ningún método. Linneo introdujo en su obra maestra  Sistema Naturae una manera cómoda de clasificación. Según Jaschhof, esta nueva posibilidad cayó como una bomba en la comunidad científica de aquel entonces, ya que "para todos los que la utilizaron, estaba claro que la denominación y el descubrimiento de nuevas especies sería mucho más fácil de realizar".

La obra de Linneo tiene otras particularidades que la hacen única e importante. Su sistema de clasificación de las plantas se basa en los signos externos de los sexos. Para el ordenamiento de las especies se utiliza el número, así como la posición de los estilos y de los estambres. Dicho sistema, sin embargo, puede ser llevado al campo humano, pues existen plantas que se pueden convertir de heterosexuales monógamos a polígamos y a homosexuales, incluso se puede dar incesto y prostitución. Todo un mundo de posibilidades que, en su época de descubrimiento -la Suecia protestante del Siglo XVIII-, creó una forma popular de ver la ciencia.

Además, Linneo guardaba una muestra de todo ejemplar recién descubierto, tal como se hace hasta ahora. Y por si esto fuera poco, casi cien años antes de Darwin, clasificó al hombre en el reino animal junto a los chimpancés y a los orangutanes. Algo realmente osado para su época.

 

El mundo después de Linneo 

Actualmente, el ser humano convive con cerca de 13 a 30 millones de especies biológicas. El problema de la ciencia hoy en día es que no se sabe a "ciencia" cierta cuántas especies existen, y por lo tanto tampoco sabemos qué "sabemos" exactamente con respecto a este tema. Tras 250 años de utilizar el sistema de Linneo, se han clasificado aproximadamente 1,8 millones de especies animales; es decir, la décima parte de la diversidad biológica total del planeta. Gran parte de los intentos de sistematizar toda la información sucumben, aunque parezca mentira, ante problemas técnicos que impiden una interconexión mundial para el intercambio de conocimientos.

Asimismo, existen inconsistencias en los nombres de muchas especies, ya sea porque se repiten o porque existen diversos nombres para una misma especie. Otra de las principales dificultades es definir con exactitud qué es en realidad una especie. Muchos científicos culpan a la evolución como el origen de este último problema. Linneo pudo estar, un siglo antes de Darwin, seguro de que no existirían variaciones en las especies. Actualmente dicha visión es errónea, pues debido a las adaptaciones de las especies, los científicos reconocen que existen modificaciones y que las "líneas" de clasificación que definen a cada una de ellas no son tan claras.

En muchos casos, los descubrimientos en la genética molecular de las especies y de sus orígenes, no coinciden necesariamente con los de la taxonomía clásica. Dicha situación está ocasionando que muchas universidades, en especial en Europa, intenten repotenciar esta disciplina para mantenerse en vigencia. Los conocimientos taxonómicos, tanto en docentes como en alumnos, empiezan a ser dejados de lado. Por tal motivo, lo que se plantea en círculos científicos es la necesidad de contar con investigadores que busquen conciliar los avances tecnológicos con los conocimientos especializados de la ciencia clásica, para tener un panorama claro de la diversidad biológica del planeta. Ambas herramientas deben servir para saber qué tenemos, con qué contamos. Sin embargo, para tal fin, es vital conservar lo que existe, ya que se conserva lo que se conoce. Es por eso que el aporte de Linneo fue fundamental para la humanidad. Asimismo, es necesario que sigamos investigando la diversidad biológica y que la clasifiquemos de manera sistemática. Aún no conocemos todo lo que tenemos y las ventajas que nos pueden ofrecer. No perdamos la oportunidad de saberlo, permitiendo que se cierna el peligro de la extinción sobre las especies biológicas.

Enrique Angulo Pratolongo, periodista ambiental (Perú).

Correo electrónico: eangulopratolongo@gmail.com

Este artículo, aparecido primeramente en el diario El Tiempo de Piura, ha sido publicado en Infoecología con permiso de su autor.

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