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El
Presidente del Gobierno de España, D. José Luis Rodríguez Zapatero, ha
fijado en 30 años el plazo en el que España prescindirá de sus centrales
nucleares, ante lo cual Ecologistas en Acción considera -en un
comunicado- que este plazo es demasiado largo puesto que supondría alargar
hasta 48 años el tiempo de vida de algunas centrales.
La
asociación ecologista considera que no se debe alargar la vida de las
centrales más allá del horizonte de 2019, que en concreto Almaraz debería
cerrarse como muy tarde en 2010 y aseguran que existen suficientes recursos
para prescindir del 20% de la electricidad aportada por dichas centrales,
que ascendió al 20% en 2005.
Las declaraciones del Presidente del gobierno en el sentido de que en España
se va a prescindir de la energía nuclear en un horizonte de 30 años han
supuesto una decepción para las aspiraciones ecologistas. La asociación
Ecologistas en Acción estima que este plazo es demasiado largo y supondría
ampliar la vida de las centrales más modernas, que empezaron a funcionar en
1989, hasta los 48 años. Esta cifra es de todo punto inadmisible al menos
por dos poderosas razones. La primera es que las condiciones de seguridad de
las centrales se degradan fuertemente con el paso del tiempo, convirtiéndose
en más y más peligrosas. Y la segunda es la generación de residuos
radiactivos, algunos de los cuales serán peligrosos durante cientos de
miles de años y para cuya gestión no existe forma de gestión
satisfactoria.
El problema de la seguridad se escenifica examinando el estado de las dos
centrales españolas que han superado los 30 años: Zorita (Guadalajara),
que se cerró el 30 de abril de 2006 tras 38 años de funcionamiento), y
Garoña (Burgos), que empezó a funcionar en 1971 y el Gobierno ha anunciado
su cierre para 2009. Ambas centrales son la demostración de que el tiempo
castiga severamente los sistemas de seguridad y de que no es sensato
mantener las plantas en funcionamiento más de 30 años. Sobre todo destaca
por su gravedad el problema de la corrosión que afecta a elementos tan
vitales como la seguridad como las penetraciones de la vasija, por donde se
introducen las barras de control que han de parar la reacción, y el
barrilete, una pieza clave para la integridad del reactor de Garoña.
La gestión de los residuos radiactivos de alta actividad es el otro gran
inconveniente de mantener abiertas las centrales, puesto que no existe aún
una solución satisfactoria. Los conflictos sociales que se están
produciendo en España en torno a la búsqueda de un emplazamiento para el
ATC (Almacén Transitorio Centralizado) son una clara escenificación de
este problema. La propuesta de Zapatero supera los cálculos realizados en
el 6º Plan General de Residuos Radiactivos donde se calculan 40 años de
vida para las centrales nucleares.
Ecologistas en Acción considera que no se debe alargar la vida de las
centrales más allá del horizonte de 2019 y que existen suficientes
recursos para prescindir del 20% de la electricidad aportada por dichas
centrales, que ascendió al 20% en 2005. Las medidas de ahorro y eficiencia
pueden suponer un ahorro del 35% de la electricidad en el horizonte e 2015 y
las renovables, que ya suministraron un 7,4% del consumo en 2005, han de
aportar una fracción sustanciosa de la electricidad en el horizonte de
2020.
En
todo caso, independientemente de todos estos aspectos Ecologistas en Acción
de Extremadura considera que no cerrar la central nuclear de Almaraz en 2010
sería una auténtica traición a los ciudadanos extremeños y confían en
que no se le va a renovar su actual permiso de explotación. Por otra parte,
llaman la atención sobre la cercanía entre la central nuclear de Almaraz y
el Parque Nacional de Monfragüe, cuya preservación consideran hace
recomendable el cierre de los dos reactores nucleares de Almaraz lo antes
posible, concluyen en su comunicado.
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