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Estuve
leyendo algunos trabajos aparecidos en la página web del Instituto
Nacional de Biodiversidad (INBIO) costarricense ( http://www.inbio.ac.cr)
y buscando algunas referencias a fin de tener un panorama más claro
sobre parte de lo que acontece en el país centroamericano. Dicho
Instituto fue fundado en 1989 y es uno de los ejemplos a seguir para
los países en vías de desarrollo de cómo manejar adecuadamente la
diversidad biológica en base a un trabajo de conservación y de uso
sostenible; y en especial, en base al rol fundamental de la
investigación científica.
Biodiversity
is money!
Ante
la situación actual en el planeta, surge una pregunta que incluye
al Perú como país megadiverso: ¿Cómo utilizar la diversidad biológica
para el beneficio de la humanidad pero reconociendo y beneficiando
al país de origen? O tal vez dicho en otras palabras, ¿cómo
obtener y ofrecer beneficios en base a nuestra diversidad biológica
sin que nos hagan "el avión"?
Durante
la Cumbre Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo,
desarrollada en setiembre de 1992 en Río de Janeiro, se estableció
que cada país debe tener la completa soberanía sobre sus recursos
genéticos. Además, si bien por un lado se determinó que es
necesario asegurar que cualquiera pueda utilizar los recursos del
planeta, también se acordó que aquellos habitantes del país de
donde proceden los recursos a utilizar, deben recibir algún
beneficio o parte de este. Llevar estas decisiones a la práctica es
uno de los retos que debemos afrontar.
Así
también, en la Conferencia sobre Diversidad Biológica,
realizada en mayo de este año en Bonn, Alemania, se discutieron
estos puntos, a fin de lograr que realmente se cumplan. Tras 16 años
después de Río de Janeiro se ha avanzado muy poco. Y es que al
parecer hay un factor causante de que tales afirmaciones no se hagan
realidad: el dinero; y específicamente el dinero que ganan unos
pocos.
Las
grandes empresas que utilizan los recursos naturales buscan impedir
que se beneficien los que realmente deberían beneficiarse con su
diversidad biológica. Esto debido a que si esto sucediese, los países
soberanos y dueños de los recursos naturales le "restarían"
ingresos a los inversores. De los 25 medicamentos más vendidos en
el mundo, 10 de ellos tienen como materia prima hongos, bacterias,
plantas o animales procedentes de los países megadiversos. Pese a
ello, para los empresarios no se justifica que los poseedores de la
diversidad biológica reciban "su parte".
El
mercado farmacéutico es uno de los que reporta más ganancias en el
mundo; y los productos elaborados en base a recursos genéticos
representan un gran porcentaje de estos dividendos. Es por eso que
con justa razón, los países con una gran diversidad biológica y
que ―paradójicamente― son aquellos en vías de
desarrollo o pobres, reclaman su parte. Y así como van las cosas,
además de esta injusta o nula repartición de las ganancias, se
cierne otro problema: la biopiratería.
No
obstante, existen algunos casos que pueden generar esperanza y
modelos de lucha. En una región de Sudáfrica crece un arbusto de
la familia botánica Apocynaceae
(Hoodia gordonii), conocido como hoodia, que es utilizado
tradicionalmente por algunas tribus que lo mastican para ahuyentar
el hambre. Dicha propiedad llamó la atención de empresarios,
quienes ahora lo usan para fabricar unas píldoras dietéticas. Tras
muchos años de lucha, la población San (que agrupa a las tribus de
la región en cuestión) logró que se les otorgue al menos 6% de
los ingresos de dichos comprimidos.
Modelo
costarricense
Ejemplos
como el sudafricano son muy raros. Sin embargo, el caso de Costa
Rica, a través del INBIO, puede marcar la pauta para futuros casos.
Así, el consorcio farmacéutico Merck invirtió cuatro millones de
dólares la década pasada en el INBIO y prometió ofrecer el 10% de
las ganancias al país si descubriesen algún recurso natural para
su uso (a la fecha no han descubierto un elemento natural para sus
fines). Además, el acuerdo estipula que parte de ese porcentaje
debería destinarse a la conservación.
Costa
Rica concentra cerca del 4% de la diversidad biológica de la Tierra
en tan solo 0,01% del territorio del planeta. Según los científicos,
esta particularidad debe ser protegida mediante un uso apropiado y
justo de sus recursos naturales. Esta historia nos debe sonar
conocida. Personalmente, lo más cercano que conozco a este modelo
son el Instituto de Investigación de la Amazonía Peruana (IIAP)
y el Centro Internacional de la Papa (CIP); y creo que pese a ese
gran esfuerzo, todavía tenemos mucho por hacer. Pero también es
primordial conocer lo que tenemos para enlazar con el conocimiento,
políticas de investigación, conservación y aprovechamiento
sostenible.
En
el país centroamericano ya se registran algunos avances, pues ya se
han descubierto en las selvas "ticas" algunos componentes
naturales contra la resaca y el malestar. Asimismo, en organismos
marinos del Mar Caribe se ha encontrado una proteína fluorescente
que es utilizada en los laboratorios como marcador; y en algunos
terrenos volcánicos, el INBIO ha logrado aislar una enzima que
reduce el uso de químicos en la industria textil. El "gran
descubrimiento" aún no ha sido realizado y ya se han empezado
a retirar los grandes inversionistas multinacionales, pues al
parecer no les es totalmente rentable financiar todo el proceso. No
obstante el interés y la inversión en investigación científica
continúan.
Actualmente,
el INBIO trabaja con universidades y concentra su trabajo en toda la
diversidad biológica y ya no solo en la búsqueda de recursos
explotables. Hace poco, el Gobierno Coreano destinó un millón de dólares
para buscar en Costa Rica un recurso contra el cáncer y el asma. El
INBIO ya cuenta con especies recolectadas e identificadas listas
para ser analizadas; y es que la investigación científica paga si
es que se promociona. El inventario total de su diversidad biológica
es otra de las metas del INBIO. Y nosotros ¿Cómo estamos por casa?
Hace
unos días leí que científicos alemanes descubrieron en la isla de
Madagascar (587 041 km², aproximadamente la mitad del territorio
del país) una nueva especie de lemur (Microcebus macarthurii).
Este primate nocturno, según la "American Journal of
primatology", ha recibido el nombre científico en base a la
Fundación MacArthur que financió dicha investigación. También leí
que en la isla caribeña de Barbados se ha descubierto hace poco la
serpiente más chica del mundo: la Leptotyphlops carlae. Este
reptil mide tan solo diez centímetros y parece un fideo. Según los
científicos estadounidenses que la descubrieron y clasificaron, una
serpiente de esa magnitud solo puede vivir en islas, en donde pueden
encontrar espacios exclusivos para su desarrollo; y que a diferencia
de las grandes serpientes estas miniaturas solo ponen un huevo.
En
nuestro país, ¿no existirán aún nuevas especies por descubrir?
Seguro que sí. ¿Conocemos todo lo que poseemos? Seguro que no. ¿Invertimos
en investigación científica? Muy poco. En mi opinión, debemos
exigir que se invierta mucho más en investigación científica y
que se difunda la mayor cantidad de información sobre nuestra
diversidad biológica. Así por ejemplo, en el tema de los transgénicos
no nos pueden meter cuentos ni sorprender con información
parcializada y que responde al interés de unos cuantos.
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