Lo
que nos podemos perder
Según
un estudio del programa de medio ambiente de la Organización de Naciones
Unidas (ONU), "el secreto para nuevos antibióticos, curas contra el
cáncer o medicamentos contra el dolor y otros, podrían estar en el reino
animal". Existen algunos ejemplos claros de las propiedades de
algunos animales. Así, tenemos que el veneno de una rana puede fortalecer
el corazón y la baba de caracol puede regenerar las células, del mismo
modo, son reconocidas las propiedades curativas de muchas plantas. En
otras palabras, la naturaleza es una farmacia para la humanidad y con la pérdida
de la diversidad biológica se dilapidan posibles medicamentos que podrían
salvar vidas.
En
el estudio "Sustaining Life", en el cual participaron más de
100 autores por encargo de la United Nations Environment Programme (UNEP)
de la ONU, se nombra un ejemplo que explica claramente lo que sucede. Dos
ranas del género Rheobatrachus, que fueron descubiertas en la década del
80 en Australia, tenían la particularidad de incubar sus crías en el
estomago. Las crías estaban recubiertas de una sustancia que las protegía
de los ácidos y enzimas estomacales. Las primeras investigaciones en base
a estas ranas abrieron la posibilidad de encontrar una cura a las úlceras
estomacales, no obstante, los estudios se vieron interrumpidos ya que
ambas especies se extinguieron. Se perdió la posibilidad de generar de
manera artificial una sustancia para ser utilizada por el hombre en su
beneficio.
Lamentablemente,
la tendencia sobre el número de animales y plantas amenazados es
creciente. Según la International Union for Conservation of Nature (IUCN),
la Lista Roja 2007 de los animales y plantas amenazadas concentra 41 415
especies. De ellas, 16 306 están en peligro de extinción, lo que
significa un incremento de 189 especies en comparación con el 2006. En
base a lo expuesto por la IUCN, cada cuarto mamífero, cada octava ave y
un tercio de los anfibios están amenazados. En el reino vegetal, el 70%
de todas las plantas conocidas está amenazado.
El
Convenio sobre diversidad biológica
Según
un estudio de la University of York (Canadá), el calentamiento global
acelera la extinción de especies; y si el hombre continúa calentando el
planeta, se puede dar un exterminio masivo. Dicho estudio fue preparado en
el marco de la novena reunión de la Conferencia de las Partes del
Convenio sobre la Diversidad Biológica que se desarrolla entre el 19 y 30
de mayo en Bonn, Alemania. Según el Jefe de la UNEP, "dicho convenio
ha logrado buenos resultados, pero este debe alcanzar muchas metas más si
desea alcanzar la meta internacional". En Bonn se discute sobre tres
pilares principales que deben dictar las políticas actuales en base a la
conservación de la diversidad biológica: conservación, aprovechamiento
duradero y acceso a los recursos genéticos.
Esperemos
que la comitiva peruana que asistió a la conferencia en Bonn traiga algo
productivo y haya establecido acciones concretas para frenar el exterminio
de nuestra diversidad biológica, en el cual todos somos partícipes. El
avance descontrolado de poblaciones humanas (colonos) en zonas
vulnerables, la caza y pesca excesiva e ilegal, la contaminación de
ecosistemas, el mal uso de las tierras, entre otros, son procesos que
aceleran la desaparición de nuestra flora y fauna. Veremos qué nos traen
desde Bonn.
Fauna
tropical
El
tan mentado calentamiento global afecta mucho más de lo pensado a los
animales del trópico. Si bien se nos puede venir a la mente la escena del
oso polar buscando un trozo de hielo para amamantar a su cría y pensamos
en pingüinos en nuestras costas (obvio no los de Humboldt, sino aquellos
que el controvertido Al Gore usó en la portada de su conocido
documental), estos casos no son los más graves. Estudiosos
norteamericanos suponen que los efectos del cambio climático serán más
perjudiciales para las especies tropicales, es decir, a todas las que el
país posee. El motivo principal: estas no pueden adaptarse muy bien a
cambios bruscos de temperatura.
Al
parecer se trata de la tolerancia, ya que mientras los animales polares,
como el oso, están acostumbrados a un clima extremo y a diferentes
variaciones de temperatura, los animales tropicales están solamente
adaptados a pequeños cambios en la temperatura. Dichos resultados fueron
presentados en la revista "Proceedings of the National Academy of
Science" por investigadores de la University of California en Estados
Unidos. El cinturón tropical (en donde estamos) es una franja que se
ubica a ambos lados del Ecuador hasta los 23,5 grados y que está
delimitada por el Trópico de Cáncer al norte y el Trópico de
Capricornio al sur. Así, según el estudio hecho por la universidad
estadounidense, "en las regiones tropicales pareciera que viviesen un
gran grupo de especies en un ambiente climático estable óptimo, no
obstante, una variación sustancial en la temperatura podría traer
consecuencias muy graves".
Con
un aumento de dos grados o más, los primeros en sucumbir serían los
insectos, ya que estos no pueden regular su temperatura corporal a
diferencia por ejemplo de los mamíferos. Seguidamente estarían en el
paredón los animales de sangre fría como las ranas, tortugas y los
saurios. Existiría la posibilidad de que algunas de las especies
amenazadas migren hacia otras zonas climáticas, pero no todas podrían
hacerlo. Está claro que estos desórdenes iniciarían un proceso de
resquebrajamiento de las cadenas tróficas y de los ecosistemas. Nuestro
país, poseedor de tanta diversidad biológica y de varias zonas climáticas,
estaría condenado a convertirse en un territorio donde ya no existirían
muchas diferencias climáticas, por lo que el clima empezaría a
uniformizarse; y con eso, podría desaparecer la diversidad biológica. ¿Qué
nos espera? ¿Qué hacer? Lo primero es tomar nota de lo que sucede
para exigir a las autoridades que sean más drásticas en sancionar a los
que siguen atropellando nuestros recursos naturales. Empiecen con los
"débiles mentales" que cometieron la brutalidad de contaminar
un lago en Loreto.