Océanos | |||||
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Por Enrique Angulo Pratolongo (enero de 2008) | |||||
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La pesca intensa en todos los mares del planeta está ocasionando dos situaciones realmente alarmantes. En primer lugar, se está avanzando a pasos agigantados para dejar los mares totalmente vacíos, y, en segundo lugar, se está alcanzando algo realmente insólito, el tamaño de los peces, según algunos científicos, se está reduciendo gradualmente. Ya casi no existen rincones en el planeta que se escapen de las grandes flotas pesqueras. Con esto, el hombre confirma una vez más ser el autor de lo que para muchos expertos es la sexta muerte masiva de especies biológicas en el planeta. Debido a las grandes redes utilizadas en la pesca, las cuales arrasan con todo lo que se mueve en el mar, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) ha pronosticado que en las siguientes décadas, las especies marinas utilizadas para la alimentación humana podrían desaparecer del planeta. Científicos de la Universidad de Bergen, en Noruega, publicaron en la revista científica “Science” (N° 318, pág. 1247) los resultados de una investigación donde concluyen lo siguiente: debido a que los peces son cada vez más chicos y se reproducen menos, sus poblaciones se recuperan más lentamente de lo que se suponía. Asimismo, científicos austriacos han afirmado que peces más chicos y aquellos que son más jóvenes, producen menos huevos en comparación con especímenes más grandes y maduros. Este desarrollo “al revés” sería irreversible. Además, para revertir estos efectos, producto de la pesca masiva realizada en los últimos cuarenta años, se necesitan por lo menos 250 años.
La pesca selectiva actúa —de manera más intensa y rápida de lo que se pensaba— como un factor evolutivo en las especies marinas que sufren de una mayor extracción, según los investigadores. La industria pesquera despiadada se está haciendo entonces un daño a sí misma debido a su imparable afán extractivo (también motivado por los hábitos consumistas de sus clientes), así como al no cumplimiento de las vedas y prohibiciones establecidas. Los peces que sobreviven a las grandes cacerías se condicionan genéticamente para madurar sexualmente más temprano desarrollando un tamaño menor. Esto último, debido a que necesitan invertir mucha energía “antes” de lo normal para su reproducción. Para los científicos, ya no existe ninguna duda de que la pesca indiscriminada modifica la evolución natural de los peces, no obstante, la incertidumbre radica en determinar qué tan rápido se da en el planeta. La pesca de esta naturaleza en aguas dulces y saladas actúa como un tipo de crianza a través de la selección de especies, la cual condiciona un desarrollo no planeado con consecuencias que podrían ser devastadoras para la humanidad en un futuro no muy lejano. La pesca industrial se ha convertido en la principal causa de la extinción de muchas especies de peces en el planeta. Además, el principio establecido por el fundador de la teoría evolucionista, Charles Darwin, que sostiene que las especies más fuertes sobreviven y se adaptan mejor al medio, parece no aplicarse en los peces amenazados, pues no sobreviven los más grandes y fuertes, sino los más chicos y débiles. Según el informe “State of the World Fisheries and Aquaculture 2006” que aparece en la página web de la FAO, la tragedia de los peces de consumo humano se traduce en cifras alarmantes. Es así como la cuarta parte de todos los peces marinos está amenazada. De esta porción, el 17% lo conforman especies sobreexplotadas, el 7% está compuesto por especies cuyo número se ha reducido drásticamente y el 1% corresponde a poblaciones que se vienen recuperando lentamente. Las regiones más “problemáticas” en los océanos donde la pesca es más intensiva son: el suroeste del Atlántico, el suroeste del Pacífico y gran parte del Índico. En ellas se ha depredado entre el 46 y 66% de las poblaciones de peces y la situación es realmente alarmante. Urge tomar medidas inmediatas para evitar una catástrofe, sin embargo, dicha tarea implica sortear una serie de dificultades referidas a los distintos parámetros internacionales de regulación. Esto se evidencia tras analizar los resultados de la conferencia regional realizada en enero del 2007 en el puerto de Kobe en Japón (Perú no asistió) con motivos de definir las estrategias de conservación del atún. En dicha reunión los 60 países participantes nunca se pusieron de acuerdo para establecer las cuotas de extracción de dicha especie marina, lo que “decepcionó” a los ecologistas. No obstante, ya de por sí, es un hecho positivo que exista un primer plan mundial para salvar al atún, cuyo consumo masivo bajo diversas modalidades lo convierte en una especie amenazada por la sobrepesca. Para los científicos, la extracción de este pez es actualmente tres veces superior a lo necesario para garantizar una renovación óptima de la especie. Ante este desolador panorama surge inmediatamente la pregunta: ¿Qué debemos hacer para frenar esta masacre? Por lo pronto, conocer sobre este problema y analizar las posibles consecuencias, en especial para las generaciones futuras. ¿Podríamos imaginarnos nuestra mesa sin cebiches, sin sudados, sin jaleas o sin poder disfrutar de la gran variedad de peces y mariscos que posee nuestro mar? Difícil de hacerlo sin duda, pero si no exigimos el respeto de las especies marinas y asumimos que en algún momento debemos dejar de consumir (por lo menos temporalmente) algunas especies (como las conchas negras, los camarones o el atún) mejor vayamos comprándoles a nuestros hijos y nietos los hermosos libros sobre los deliciosos platos a base de productos marinos que aún podemos degustar y que ellos tal vez solo conozcan por foto. [Continúa en: Aumentando la extensión del mar muerto (II)] | |||||
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Enrique Angulo Pratolongo, periodista / Perú. Correo electrónico: eangulopratolongo@gmail.com | |||||
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Este artículo, aparecido primeramente en el Suplemento Semana del Diario El Tiempo de Piura, ha sido publicado en Infoecología con permiso de su autor. | |||||
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