Océanos
Aumentando la extensión del mar muerto (II)

Por Enrique Angulo Pratolongo (febrero de 2008)

[Continuación de: Aumentando la extensión del mar muerto (I)]

En el artículo anterior se hizo una pequeña reseña sobre algunos aspectos de la situación actual de las especies marinas. Es así como se informó sobre la pesca industrial que está ocasionando dos hechos alarmantes: dejar los mares vacíos y condicionar que los peces sean cada vez más pequeños. Dicha situación permanecerá mientras se sigan manteniendo los actuales métodos indiscriminados de pesca en el planeta y no se respeten las cuotas de extracción establecidas. Asimismo, si no se protegen los lugares de crianza de los peces, así como los lugares por donde discurren sus rutas migratorias, los mares del planeta no seguirán siendo fuente de alimento para millones de personas en un futuro no muy lejano.

Según el estudio hecho por el biólogo Boris Worm, de la universidad canadiense Dalhousie University, y por su equipo en diversas regiones del planeta, el cuadro es el mismo: “Con la pérdida de las especies marinas se pierde también la productividad y la estabilidad de los ecosistemas”. Además, Worm afirma que se quedó atónito cuando reunió los datos para su informe, los cuales indican que la extinción de especies marinas es un tema evidente y más grave de lo que se piensa. Dicho estudio —publicado en la revista Science, sobre los efectos en la industria de la extinción masiva de las especies marinas— es el más completo que se ha realizado a la fecha y no se basa en modelos de predicción sino en la observación directa.

Una de las conclusiones del informe determina que si el hombre continúa con esa política depredadora, a partir del año 2048 las poblaciones de peces y frutos de mar de consumo humano colapsarían. Uno de los coautores de dicho informe, Stephen Palumbi, de la Universidad de Stanford, sostiene que “si no cambiamos radicalmente la manera de relacionarnos con las especies marinas, este siglo será el último en el cual podamos alimentarnos con especies extraídas del mar”. 

 

Sembrando peces

Worm presenta en su estudio la posibilidad de desarrollar la crianza de peces para disminuir de alguna manera la caza de especies marinas (lo cual también debería hacerse en nuestros ríos, en especial en la cuenca amazónica). La denominada Aquafarming ha crecido considerablemente en el planeta, ya que a la fecha representa el 43% del consumo de pescado a comparación del 9% que representaba en 1980. Esta posibilidad debe ser tomada muy en cuenta dada la situación actual, no obstante debe ser también regulada, pues puede traer efectos desagradables.

Es así como esta actividad productiva no deja de ser problemática, pues es criticada por muchos conservacionistas debido a que los peces allí cultivados son alimentados mayormente con harina de pescado proveniente de especies silvestres (anchoveta por ejemplo). Además, se utilizan antibióticos y medicamentos que ocasionan modificaciones morfológicas y posiblemente genéticas en las especies criadas en cautiverio. Si se escapan algunos de estos especímenes pueden ocasionar, a través del apareamiento con especies silvestres, modificaciones en el material genético con implicancias aún no conocidas. 

Con esta discusión entran a tallar diversas visiones sobre lo que se debe hacer, lo que se debe evitar y sobre la necesidad de regular el uso de los recursos naturales. Para tal fin, es vital establecer mejores mecanismos de control y regulación. En el Perú no hemos avanzado mucho, pues la “absorción” del Ministerio de Pesquería por el Ministerio de la Producción no ha mejorado la política pesquera. Siendo un país con una riqueza marina envidiable y con una gran diversidad de especies de agua dulce, es necesario que protejamos nuestros recursos y que los explotemos racionalmente (es difícil comprender, por ejemplo, cómo no aprovechamos el paiche) para paliar parcialmente la desnutrición y generar recursos económicos.

 

La mar no está serena

La desaparición de especies marinas presenta, además de significar la disminución de una fuente importante de alimento para el hombre, otros efectos negativos. Dicha pérdida ocasiona por un lado que los océanos sean más vulnerables a distintas plagas y epidemias, así como que los mismos puedan recuperarse de la sobrepesca y del calentamiento global. La situación actual se torna entonces preocupante. Sin embargo, existen posiciones discordantes con la de Worm, las cuales aseguran que si bien la disminución de la biomasa es evidente, la predicción es discutible.

Para algunos científicos, es posible que en la predicción de Worm no se hayan tomado en cuenta las interacciones marinas, así como los nichos que dejarían algunas especies para ser ocupadas por otras. Si bien estas posibilidades deberían entrar a tallar en el futuro de los océanos, las mismas pueden ser para bien, debido a que se mantendría algunas poblaciones de peces; sin embargo, podría darse un efecto negativo, si es que la diversidad biológica es reemplazada por un puñado de especies (más resistentes) que desplacen a otras o que ocupen su lugar. Es decir, nuestra mesa o ya no será tan variada o será cada vez más austera en productos marinos. 

Adicionalmente, podríamos estar ante otra situación incierta originada por la mano del hombre, la cual se traduce en los efectos climáticos producto del calentamiento global. La variación de la temperatura en las aguas ocasiona que especies de aguas más calientes se desplacen a otros territorios ocasionando modificaciones y cambios aún desconocidos pero que ya han ocasionado contratiempos. Así por ejemplo, se han reportado en costas españolas especies marinas provenientes del trópico (incluso una invasión de medusas y avistamientos de tiburones originarios de África) que pueden desplazar a especies nativas.

Asimismo, en el mar del norte del Océano Atlántico —ubicado en las costas de Dinamarca, Noruega, Reino Unido, Países Bajos, Bélgica, Alemania y el norte de Francia— se ha reportado que ante la desaparición del bacalao y otros peces por la sobrepesca, sus aguas están acogiendo a especies de aguas más calientes. Para algunos, este mar es uno de los “beneficiados” por el calentamiento global, no obstante, esta situación no es normal y nos debe prevenir sobre la diferenciación de los efectos regionales con los efectos globales del calentamiento global y de la pesca indiscriminada. 

Para aminorar estos problemas, Worm y su equipo proponen el cultivo sostenible (y bien regulado) de peces, la disminución de la contaminación de las aguas marinas, así como la protección de zonas prioritarias (en el Perú tenemos varias, empezando por la Reserva Nacional de Paracas). Worm afirma también, según lo investigado en 48 zonas protegidas del planeta, y pese a lo descrito, que aún no hemos llegado al punto (negativo) de quiebre. También advierte que estamos todavía a tiempo de dar un giro positivo para remediar esta situación.

 

¿A quiénes les pertenecen los tesoros del mar?

Otra de las situaciones apremiantes en este caso es que gran parte de los océanos es “zona de nadie”, lo que ocasiona también que justamente nadie se haga responsable de los excesos que se dan en la pesca. ¿Quién controla a las flotas pesquera piratas que arrasan con corales o formaciones marinas frágiles, no respetan los tamaños prohibidos de los peces y depredan hasta las especies que caen en sus redes “por accidente” como delfines, aves marinas u otras? ¿Quién los sanciona? Y lo peor, ¿quién los autoriza a pescar y les compra sus productos? En el mar no hay fronteras geopolíticas, eso es parte de su desgracia. En el “mar profundo” no existen leyes ni restricciones, todo está permitido. 

Según muchos expertos, solo el 0,5% de la superficie marina del planeta está protegida, debiéndose incrementar esta cifra a por lo menos 20%. Asimismo, es necesario que los Gobiernos se pongan de acuerdo para hacer respetar las cuotas de pesca que establezcan los patrones internacionales y que sancionen con el peso de la ley a los “piratas” que depredan los mares. Así también, los consumidores debemos tomar conciencia que las joyas del mar pueden escasear y hasta desaparecer. Si nos vemos obligados a dejar de consumirlas para que sus poblaciones se recuperen, hagámoslo. Exijamos también que se respeten los mares. Los que nos siguen también deben disfrutarlo.

[Continúa en: Aumentando la extensión del mar muerto (III)]

Enrique Angulo Pratolongo, periodista / Perú. 

Correo electrónico: eangulopratolongo@gmail.com

Este artículo, aparecido primeramente en el Suplemento Semana del Diario El Tiempo de Piura, ha sido publicado en Infoecología con permiso de su autor.

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