Biodiversidad, un factor clave a valorar

Por Iván de Torres (noviembre de 2008)

La protección y conservación de la biodiversidad es uno de los grandes retos a los que la humanidad se enfrenta en materia ambiental. Según los científicos, la actual tasa de extinción de especies supera con creces las registradas anteriormente a lo largo de la historia evolutiva de la Tierra, cuando el ser humano todavía no existía.

Hoy en día empezamos a ser conscientes de nuestra responsabilidad sobre el problema de la desaparición de especies, y no son pocos los esfuerzos que se dedican a la protección de la diversidad biológica: según diferentes estimaciones, unos 20.000 millones de $ al año procedentes de fondos públicos y donaciones privadas son dedicados a actividades de conservación de ecosistemas. Tras la lucha contra el cambio climático, la conservación de la biodiversidad es la principal prioridad en las políticas ambientales. Ambos son problemas globales que mayoritariamente están provocados por los países desarrollados; también en ambos casos son numerosos y diferentes los factores que influyen en la gravedad del problema; y la solución a ellos no es única, sino que debe surgir de la aplicación conjunta de actuaciones complementarias.

Al albur del cambio climático, tanto desde el ámbito político como empresarial, se ha enfatizado la necesidad de cambiar la percepción de los problemas ambientales. Así, diferentes personalidades han expuesto que estos problemas deben dejarse de ver como una restricción o un impedimento para el desarrollo, y pasar a contemplarlos como una nueva oportunidad de negocio.

En el caso del cambio climático este giro de percepción parece evidente. En definitiva, estamos hablando de energía; no ya solo de desarrollar un sistema energético libre de emisiones de CO2, sino de encontrar una alternativa sólida a los combustibles fósiles que, al fin y al cabo, tienen sus días contados. En este contexto, las energías renovables suponen una gran oportunidad de negocio cuyos beneficios económicos están hoy en día más que probados. Complementando y afianzando este cambio de percepción se presentan aquellos argumentos que, como los reflejados en el Informe Stern, exponen el coste que los impactos del cambio climático pueden suponer a la economía mundial a largo plazo si no hacemos nada por evitarlo (el 20% del PIB mundial en 2050), frente al coste que supone actuar ahora decididamente para solucionar el problema (2% del PIB mundial).

Llegados a este punto, recogiendo las tendencias marcadas por la lucha contra el cambio climático, podría ser conveniente considerar la protección y conservación de la biodiversidad como una oportunidad de negocio aún por desarrollar. Es posible que muchas voces discordantes se levanten contra esta visión, argumentando que la biodiversidad tiene un valor intrínseco más allá de la valoración económica que se le atribuya, lo cual da cabida a perversiones de mercado que pueden ir en contra de su protección y conservación. Aun así, dado el auge de efervescentes negocios ligados a la diversidad biológica (con excelentes resultados ambientales) y siendo conscientes de la necesidad de incrementar los esfuerzos en este campo, merece la pena reflexionar sobre dicha posibilidad.

La diversidad biológica suministra una serie de servicios ambientales cuya valoración económica es cada vez más objeto de investigación. Según la primera fase del estudio The Economics of Ecosystems & Biodiversity (TEEB) auspiciado por la Comisión Europea, la pérdida estimada de servicios ambientales derivada de la desaparición acumulada de biodiversidad en 2050 puede ascender a los 14 trillones de €, equivalente al 7% del PIB mundial en 2050. Precisamente uno de estos servicios ambientales, la función que los grandes bosques primarios ejercen como sumidero y reservorio de carbono, fue uno de los argumentos que en la última reunión de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático esgrimieron ciertos países para reclamar  un pago por la protección y conservación de sus extensiones boscosas. La existencia de mercados de carbono, el precio de la tonelada de carbono reflejado en documentos como el ya citado informe Stern, y los estudios científicos sobre la cantidad de carbono que captan los bosques son los principales elementos que facilitarían la labor de cuantificar ese pago por servicios ambientales.

Otro importante servicio ambiental ligado a los bosques está relacionado con el agua. La reforestación, gestión y conservación de los bosques supone un elemento clave a la hora de asegurar el suministro de agua para la generación de energía hidroeléctrica, el regadío de cultivos agrícolas o el consumo doméstico. Los beneficios derivados de este servicio ambiental son más difíciles y complejos de cuantificar, pero es evidente que la existencia de bosques en una cuenca hidrográfica determinada previene contra la erosión y posterior colmatación de los embalses, purifica el agua atrapando contaminantes en el suelo orgánico, y disminuye la evapotranspiración.

Por otro lado existen sectores consolidados como el de la caza y la pesca o el ecoturismo, que dependen directamente de la biodiversidad como elemento clave de la calidad de los servicios de ocio que ofrecen. En cuanto a la agricultura o la gestión forestal, la biodiversidad puede suponer un factor clave de competitividad que ayude a los productores a diferenciarse ofreciendo un servicio extra que el consumidor puede valorar positivamente. Esto significa adoptar modelos de producción sostenible que se integren en los hábitats naturales que rodean las superficies agroganaderas y forestales, facilitando la creación de corredores biológicos, la reforestación parcial de pastizales con especies autóctonas, o la creación de santuarios de fauna en las zonas adyacentes a las superficies productivas.

Por último, la biodiversidad representa un inmenso banco de genes, organismos, diseños y sistemas al que poderosas industrias como la farmacéutica suelen acudir para investigar y desarrollar nuevos productos a partir de componentes naturales. Es el denominado campo de la bioprospectiva que, en definitiva, depende directamente de la buena salud de aquellos ecosistemas que albergan una gran diversidad de especies.

Como hemos visto, la biodiversidad representa un factor más a considerar en determinados sectores y actividades productivas. En algunos casos resultará más complejo determinar qué beneficios son atribuibles a la biodiversidad, por lo que es necesario profundizar en esta línea desarrollando estudios que acaben por dar a la biodiversidad el valor económico que se merece. También parece oportuno desarrollar sistemas de certificación que avalen modelos productivos respetuosos con la diversidad biológica, siendo interesante contemplar la opción de establecer mecanismos de compensación de biodiversidad. Se trata, en definitiva, de integrar la variable biodiversidad en las actividades productivas que dependen directa o indirectamente de los recursos naturales y valorar en su justa medida los beneficios derivados de establecer estrategias de conservación y protección de ecosistemas.

Iván de Torres

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