De mares y canguros

Por Enrique Angulo Pratolongo (diciembre de 2008)

Dado que la humanidad no cesa de verter al medio ambiente inconmensurables cantidades de CO2, no solo el clima mundial ha experimentado varios cambios, sino también el mar. Como ya lo he comentado en un artículo aparecido en este portal, la acidificación del mar es una de las consecuencias que se genera debido a la absorción natural de dióxido de carbono en los mares, lo que genera una mínima pero significativa disminución de los valores del potencial de hidrogeno (pH). De esta manera, muchas formaciones naturales como los corales, conchas y caparazones se pueden debilitar amenazando la integridad parcial de la fauna marina con consecuencias que podrían ser devastadoras.

Las vacas, a través del hocico y el tracto rectal, liberan una permanente y no despreciable cantidad de metano, gas que es 23 veces más poderoso que el CO2 en cuanto a la retención del calor

Los caparazones y conchas requieren un medio alcalino para desarrollarse, por lo que, tras el aumento de los radicales ácidos, la cal de estas formaciones se disuelve. Pero a eso debemos agregarle otro problema que nos demuestra que tan compleja y frágil es la estabilidad del ecosistema marino. Y es que en un medio ácido, el sonido recorre distancias mayores a las normales. Los niveles de ruido aumentan en el mar y los más perjudicados podrían ser los mamíferos marinos.

Según estudios del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) de la ONU, el pH de los mares podrá reducirse en 0,3 unidades hasta el año 2050. Es decir, los océanos serían un tanto más ácidos ya que siguen absorbiendo CO2 de la atmósfera. Esta situación podría ocasionar que el espectro del sonido en las aguas marinas se extienda en un 70%, informan los científicos del Monterrey Bay Aquarium Research Institute de California.

La explicación científica de dicho efecto es un tanto complicada, pero vale la pena mencionarla. Cuando el sonido se expande, estimula la oscilación de las moléculas del agua marina, lo que genera que determinadas frecuencias sean absorbidas por el agua mediante un proceso físico-químico que los científicos aún no logran descifrar muy bien, pero que depende en gran medida de los valores del pH del agua.


Caos en las profundidades marinas

Los sonidos que atraviesan este proceso son principalmente aquellos que son bajos, los mismos que utilizan los mamíferos marinos para comunicarse bajo el agua, según los datos publicados por los científicos en la revista especializada "Geophysical Research Letters". Las frecuencias de estos sonidos no son tan bien absorbidas en un medio ácido como en un medio alcalino que es el predominante (hasta ahora) en los mares.

Esta variación del pH marino puede tener graves consecuencias ya que las ballenas, delfines, focas y otros grandes mamíferos marinos utilizan un espectro de frecuencias bajas para encontrar alimento y ubicar a sus similares. No obstante, por un lado estos animales podrían en el futuro comunicarse con otros ejemplares de su especie en distancias mayores, pero por el otro, los ruidos en el fondo marino aumentarían. Es decir, escucharían ya no solo los llamados de los suyos, sino también los de otras especies, así como aquellos producidos por las embarcaciones y las instalaciones industriales.

Ya desde los años cincuenta el ruido en los mares aumentó de manera considerable debido al auge industrial imparable desde entonces. Así, numerosos científicos reportan casos en los que algunas ballenas se "pierden" en el mar debido a la cantidad de ruidos existentes lo que les ocasiona confusión y un impedimento de comunicación con sus pares. Basta imaginar cómo es actualmente en la superficie cuando intentamos entablar una conversa en plena calle durante la hora punta. Insufrible.


Y hablando de mamíferos…

Nos vamos a Australia donde hace poco leí que en esa lejana y misteriosa parte del planeta se ha planteado comer canguros para combatir el calentamiento global. El alto consejo de asesores sobre medio ambiente del gobierno australiano recomendó a sus compatriotas consumir más carne de estos marsupiales con el fin de disminuir el número de vacas. Y es que los gases que despiden estos rumiantes calientan la tierra a pasos agigantados.

Las vacas, a través del hocico y el tracto rectal, liberan una permanente y no despreciable cantidad de metano, gas que es 23 veces más poderoso que el CO2 en cuanto a la retención del calor. Según el IPCC, el metano es el responsable de cerca de un quinto del efecto invernadero del planeta, y la mitad de esa cantidad proviene de la actividad humana, es decir, en este caso, de la ganadería extensiva. En este escenario, los australianos han decidido frenar el efecto que ocasionan las vacas al planeta (ellas solitas no tienen la culpa, pero miles de miles de ellas sí). 

Los australianos se plantearon al parecer la siguiente pregunta: ¿cómo reducir la emisión del metano de las vacas sin quitarle al comensal la carne de su plato? Su respuesta fue: comiendo canguros. Dicha iniciativa permitiría no solo reducir la demanda de carne vacuna, sino también un efecto positivo para muchos agricultores, disminuir la gran cantidad de estos mamíferos saltarines, los cuales no son muy queridos por todos, ya que invaden granjas y muchas veces arrasan con muchas plantaciones.

Si bien esta propuesta fue ridiculizada en un primer momento, actualmente tiene todo el apoyo de las más altas autoridades australianas. Los canguros emiten a la atmósfera mucho menos metano que las vacas. Es decir, se debe reducir la producción de vacas, de tal manera también que su consumo sea muy caro y exclusivo, lo que debería conducir a la mayoría a consumir más carne de canguro. Como se comenta en Australia, dicho paso significa regresar en parte a sus raíces, pues los australianos han tenido como fuente principal de carne animal a estos mamíferos durante gran parte de su historia.

Y si bien el canguro es el animal símbolo de Australia y su crianza para que estos formen parte del menú es cuestionada, miles de ellos en estado silvestre son cazados, a fin de reducir sus poblaciones. La carne que se obtiene de dicha actividad es utilizada para preparar alimento para animales. Así, ya hay muchos australianos que, concientes del problema, han cambiado sus costumbres alimenticias, pues la carne de estos mamíferos es además baja en grasas, rica en proteínas; y más "limpia", puesto que es un animal que deambula libremente por el campo.

Este cambio de costumbres en Australia ha sido recibido con mucha satisfacción, incluso se han hecho diversos sondeos en distintas páginas web con resultados de más del 60% que apoyan la ingesta de la carne de canguro. Asimismo, ya se difunden diversas recetas culinarias para servir en la mesa a este marsupial. Tal vez a Gastón se le puede ir ocurriendo ya alguna idea innovadora.  

Como vemos, el hombre sigue alterando el medio ambiente y cada vez se reportan alteraciones que parecían inexistentes o no muy graves, pero que a largo plazo modifican de manera significativa el equilibrio natural de nuestro planeta. Es por eso importante tomar nota de todos estos cambios y analizar las implicancias a largo plazo que se desprenden de los mismos para saber cómo debemos actuar. Si no nos enteramos de esos cambios, poco podemos hacer, o tal vez cuando reaccionemos ya es un poco tarde.

Por otro lado, el ejemplo de los australianos nos demuestra que las costumbres por muy arraigadas y "normales" que sean, sí pueden modificarse en aras de mejorar la calidad de vida. Por eso insisto, en el caso nuestro, podríamos regular la crianza desordenada y abusiva del ganado (en especial el caprino) y fomentar el consumo de animales menores (patos, cuyes), así como invertir en la crianza regulada y bien manejada de especies propias como el paiche, el majaz y otras "importadas" como el avestruz.

Enrique Angulo Pratolongo, periodista / Perú. 

Correo electrónico: eangulopratolongo@gmail.com

Este artículo, aparecido primeramente en Viajeros Online (www.viajerosperu.com), ha sido publicado en Infoecología con permiso de su autor.

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