Los
caparazones y conchas requieren un medio alcalino para
desarrollarse, por lo que, tras el aumento de los radicales ácidos,
la cal de estas formaciones se disuelve. Pero a eso debemos
agregarle otro problema que nos demuestra que tan compleja y frágil
es la estabilidad del ecosistema marino. Y es que en un medio ácido,
el sonido recorre distancias mayores a las normales. Los niveles de
ruido aumentan en el mar y los más perjudicados podrían ser los
mamíferos marinos.
Según
estudios del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC)
de la ONU, el pH de los mares podrá reducirse en 0,3 unidades hasta
el año 2050. Es decir, los océanos serían un tanto más ácidos
ya que siguen absorbiendo CO2 de la atmósfera. Esta situación podría
ocasionar que el espectro del sonido en las aguas marinas se
extienda en un 70%, informan los científicos del Monterrey Bay
Aquarium Research Institute de California.
La
explicación científica de dicho efecto es un tanto complicada,
pero vale la pena mencionarla. Cuando el sonido se expande, estimula
la oscilación de las moléculas del agua marina, lo que genera que
determinadas frecuencias sean absorbidas por el agua mediante un
proceso físico-químico que los científicos aún no logran
descifrar muy bien, pero que depende en gran medida de los valores
del pH del agua.
Caos
en las profundidades marinas
Los
sonidos que atraviesan este proceso son principalmente aquellos que
son bajos, los mismos que utilizan los mamíferos marinos para
comunicarse bajo el agua, según los datos publicados por los científicos
en la revista especializada "Geophysical Research Letters".
Las frecuencias de estos sonidos no son tan bien absorbidas en un
medio ácido como en un medio alcalino que es el predominante (hasta
ahora) en los mares.
Esta
variación del pH marino puede tener graves consecuencias ya que las
ballenas, delfines, focas y otros grandes mamíferos marinos
utilizan un espectro de frecuencias bajas para encontrar alimento y
ubicar a sus similares. No obstante, por un lado estos animales podrían
en el futuro comunicarse con otros ejemplares de su especie en
distancias mayores, pero por el otro, los ruidos en el fondo marino
aumentarían. Es decir, escucharían ya no solo los llamados de los
suyos, sino también los de otras especies, así como aquellos
producidos por las embarcaciones y las instalaciones industriales.
Ya
desde los años cincuenta el ruido en los mares aumentó de manera
considerable debido al auge industrial imparable desde entonces. Así,
numerosos científicos reportan casos en los que algunas ballenas se
"pierden" en el mar debido a la cantidad de ruidos
existentes lo que les ocasiona confusión y un impedimento de
comunicación con sus pares. Basta imaginar cómo es actualmente en
la superficie cuando intentamos entablar una conversa en plena calle
durante la hora punta. Insufrible.
Y
hablando de mamíferos…
Nos
vamos a Australia donde hace poco leí que en esa lejana y
misteriosa parte del planeta se ha planteado comer canguros para
combatir el calentamiento global. El alto consejo de asesores sobre
medio ambiente del gobierno australiano recomendó a sus
compatriotas consumir más carne de estos marsupiales con el fin de
disminuir el número de vacas. Y es que los gases que despiden estos
rumiantes calientan la tierra a pasos agigantados.
Las
vacas, a través del hocico y el tracto rectal, liberan una
permanente y no despreciable cantidad de metano, gas que es 23 veces
más poderoso que el CO2 en cuanto a la retención del calor. Según
el IPCC, el metano es el responsable de cerca de un quinto del
efecto invernadero del planeta, y la mitad de esa cantidad proviene
de la actividad humana, es decir, en este caso, de la ganadería
extensiva. En este escenario, los australianos han decidido frenar
el efecto que ocasionan las vacas al planeta (ellas solitas no
tienen la culpa, pero miles de miles de ellas sí).
Los
australianos se plantearon al parecer la siguiente pregunta: ¿cómo
reducir la emisión del metano de las vacas sin quitarle al comensal
la carne de su plato? Su respuesta fue: comiendo canguros.
Dicha iniciativa permitiría no solo reducir la demanda de carne
vacuna, sino también un efecto positivo para muchos agricultores,
disminuir la gran cantidad de estos mamíferos saltarines, los
cuales no son muy queridos por todos, ya que invaden granjas y
muchas veces arrasan con muchas plantaciones.
Si
bien esta propuesta fue ridiculizada en un primer momento,
actualmente tiene todo el apoyo de las más altas autoridades
australianas. Los canguros emiten a la atmósfera mucho menos metano
que las vacas. Es decir, se debe reducir la producción de vacas, de
tal manera también que su consumo sea muy caro y exclusivo, lo que
debería conducir a la mayoría a consumir más carne de canguro.
Como se comenta en Australia, dicho paso significa regresar en parte
a sus raíces, pues los australianos han tenido como fuente
principal de carne animal a estos mamíferos durante gran parte de
su historia.
Y
si bien el canguro es el animal símbolo de Australia y su crianza
para que estos formen parte del menú es cuestionada, miles de ellos
en estado silvestre son cazados, a fin de reducir sus poblaciones.
La carne que se obtiene de dicha actividad es utilizada para
preparar alimento para animales. Así, ya hay muchos australianos
que, concientes del problema, han cambiado sus costumbres
alimenticias, pues la carne de estos mamíferos es además baja en
grasas, rica en proteínas; y más "limpia", puesto que es
un animal que deambula libremente por el campo.
Este
cambio de costumbres en Australia ha sido recibido con mucha
satisfacción, incluso se han hecho diversos sondeos en distintas páginas
web con resultados de más del 60% que apoyan la ingesta de la carne
de canguro. Asimismo, ya se difunden diversas recetas culinarias
para servir en la mesa a este marsupial. Tal vez a Gastón se le
puede ir ocurriendo ya alguna idea innovadora.
Como
vemos, el hombre sigue alterando el medio ambiente y cada vez se
reportan alteraciones que parecían inexistentes o no muy graves,
pero que a largo plazo modifican de manera significativa el
equilibrio natural de nuestro planeta. Es por eso importante tomar
nota de todos estos cambios y analizar las implicancias a largo
plazo que se desprenden de los mismos para saber cómo debemos
actuar. Si no nos enteramos de esos cambios, poco podemos hacer, o
tal vez cuando reaccionemos ya es un poco tarde.
Por
otro lado, el ejemplo de los australianos nos demuestra que las
costumbres por muy arraigadas y "normales" que sean, sí
pueden modificarse en aras de mejorar la calidad de vida. Por eso
insisto, en el caso nuestro, podríamos regular la crianza
desordenada y abusiva del ganado (en especial el caprino) y fomentar
el consumo de animales menores (patos, cuyes), así como invertir en
la crianza regulada y bien manejada de especies propias como el
paiche, el majaz y otras "importadas" como el avestruz.