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España: el mayor cazador europeo de tiburón |
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Por Júlia
Santana, responsable del Área de Conservación del CRAM |
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Hace
tan solo unos años la sopa de aleta de tiburón era un manjar solo apto
para los bolsillos más pudientes de Asia. Ahora, la emergencia de la
clase media en países como China ha creado un ejército de consumidores
dispuestos a pagar un producto que antes tenía un precio prohibitivo. El
auge de la demanda ha provocado un incremento exponencial de la pesca de
tiburones y no solo en los países asiáticos. Europa, con España en
cabeza, también se lucra de un floreciente negocio que está diezmando
las poblaciones de este animal amenazado. Según
datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la
Alimentación (FAO), España declaró unas capturas de más de 38.000
toneladas de tiburón en 2005, un botín que, ese mismo año, le permitió
convertirse en el cuarto mayor ‘cazador’ de tiburones del mundo y el
primero de Europa con una cuota del 7,19% sobre las capturas totales. Un
porcentaje solo superado claramente por Indonesia y casi a la par que
India y la provincia china de Taiwán. Estas cuatro regiones concentran más
de un tercio de las capturas mundiales de tiburón. A
pesar de que España es el único representante europeo en el ‘top
ten’ de países con mayores capturas de tiburón, lo cierto es que la
Unión Europea (UE) juega un papel principal a nivel mundial en la pesca,
importación y exportación de tiburones. Un grupo de sólo 20 países
concentran el 80% de las capturas globales y entre estos están España,
Portugal, Reino Unido y Francia. Debido a la fuerte influencia de Europa
en la política mundial de pesca, las normas de la UE sobre captura de
tiburones tienen un efecto de gran alcance en todos los océanos. Es por
eso que organizaciones conservacionistas como Shark Alliance exigen la
implantación de un plan de acción para la conservación de los tiburones
en la UE que ponga fin al expolio de este animal en peligro. La
Fundación para la Conservación y Recuperación de Animales Marinos (CRAM)
visitó la lonja de Vigo, en Galicia, para observar cómo funciona el
puerto europeo más importante en desembarco de tiburones. La flota de
barcos palangreros que allí operan ejerce una enorme presión sobre los
tiburones del Atlántico, a pesar de que estas pesquerías tienen como
objetivo el atún o el pez espada. Así, el volumen de capturas de
tiburones oceánicos en palangres de superficie es incluso mayor al de las
especies objetivo, como muestran los datos extraídos del puerto de Vigo.
El
porcentaje de capturas lo lideran los tiburones con un 50%, seguidos de un
30% de pez espada (Xiphias gladius)
y de un 20% restante compuesto por especies
varias como túnidos, pez vela (Istiophorus
spp.) y cochinilla (Lepydocibium
flavobrunneum). Del porcentaje de capturas de tiburones, tres cuartas
partes corresponden a tintoreras (Prionace
glauca), un 20% a marrajo (Isurus
oxyrinchus) y el 5% restante a otros grandes tiburones como el
martillo (Sphyrna zygaena) o el
zorro (Alopias vulpinus). Antes
de llegar a la lonja de Vigo las capturas siguen un proceso del que
dependerá su precio y su futura salida al mercado. La flota de palangre
de superficie que tiene como base este puerto cuenta con diferentes tipos
de embarcaciones: las que desembarcan las capturas frescas, las que las
congelan y las mixtas, cada una de ellas con distintas capacidades y
mareas (tiempo desde que el barco sale de puerto a pescar hasta que
regresa). Así,
los barcos de ‘fresco’ faenan durante unos 15 días en los que suelen
obtener un total de de 8.000 kg de capturas por barco. En el caso de los
barcos mixtos, su mayor tamaño les permite alcanzar mareas de hasta dos
meses, congelando gran parte de las capturas y dejando frescas sólo las
de los últimos días. Según los observadores del Instituto Español de
Oceanografía, las capturas de estos barcos se componen (por barco y
marea) de entre 12.000 y 15.000 kg de pez espada, entre 20.000 y 30.000 kg
de tintorera y entre 5.000 y 8.000 kg de marrajo, además de otras
especies accesorias. Finalmente,
los barcos ‘congeladores’ realizan capturas similares a las de los
barcos ‘mixtos’ pero no descargan pescado fresco. En la actualidad,
debido a la subida del precio del carburante, este tipo de embarcaciones
no vuelven a su puerto de origen a desembarcar sus capturas sino que lo
hacen en puertos de la zona de pesca y las mandan a Vigo en mercantes.
Como consecuencia, esta flota ha aumentado mucho el esfuerzo pesquero
sobre las poblaciones afectadas. Las
distintas partes del tiburón se destinan a usos muy diferentes y existe
una gran disparidad entre el alto valor de las aletas y el bajo precio de
la carne de tiburón. Por ello y para facilitar el almacenamiento de las
capturas congeladas, los barcos desembarcan los troncos y las aletas por
separado, comprobando que la cantidad de aletas corresponda al peso de los
troncos mediante la aplicación de un ratio predeterminado. En
la lonja de Vigo, las capturas frescas son subastadas a compradores
mayoristas que se encargan del procesado y distribución de carne, aceite y aletas. Una vez cercenadas las aletas, siguen
un proceso de clasificación según su especie, tamaño y tipo. A
continuación, se miden, pesan y empaquetan en sacos etiquetados con la
información recogida durante el proceso y se transportan a China en
contenedores por vía marítima, para ser distribuidas posteriormente al
mercado asiático. La eficiencia de los productores nacionales ha
permitido a España copar el 40% de las importaciones de aletas de tiburón
de China, siendo su mayor proveedor con diferencia, según datos de la FAO
del año 2005. Aunque
ha habido algún paso hacia la conservación de los tiburones, como la
prohibición de cercenar sus aletas y desechar el cuerpo al mar (‘finning’
o aleteo), el declive de sus poblaciones va en aumento. Por ello es
necesaria una mejor gestión de las pesquerías de tiburón, ya que el
lento crecimiento, la tardía maduración y la baja productividad sexual
de estos animales favorecen su sobreexplotación.
Las consecuencias ecológicas y económicas que conllevaría la desaparición de estos grandes depredadores son de una magnitud desconocida. Aun hoy, el tiburón es una pieza insustituible de los ecosistemas marinos, en los que habita desde hace más de 400 millones de años. |
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