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Residuos
Sanitarios |
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Madrid, Por Amaya Asiaïn, febrero de 2004 (Infoecología) |
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Es una paradoja que un hospital, que tiene que velar por la salud de los ciudadanos, realice actividades que repercutan de forma negativa en el entorno de la misma gente a la que tiene que cuidar. Con esta premisa se puso en marcha en 1997 el servicio de gestión ambiental del Hospital Clínico de Madrid, que ya ha conseguido varios reconocimientos. El último este verano: el reglamento EMAS.
El hospital Clínico San Carlos de Madrid tiene 5.300 trabajadores para una población de 534.000 personas. Son los posibles pacientes de Carabanchel, Latina, Centro y Chamberí, que tienen este centro sanitario como referencia. En estos dos últimos barrios la media de edad de los habitantes es muy alta, por lo que los ingresos de estos vecinos suelen ser prolongados: no se tarda lo mismo en estabilizar a un anciano que a una persona más joven. La Memoria de 2002 también recoge otros datos, como que las urgencias de este centro atienden una media de 500 personas al día.
Tanta actividad se traduce irremediablemente en basura: en un mes se recogen 1.300 contenedores de residuos biosanitarios; tiempo en el que la cocina del centro ha gastado mil litros de aceite.
Pero
estos
no
son
los
únicos
residuos
que
generan
los
hospitales.
El
problema
es
que
no
existe
una
legislación,
ni
europea
ni
nacional,
que
regule
su
tratamiento.
Con
la
irrupción
del
SIDA
en
los
años
’80
se
llegó
a
pensar
que
todos
los
residuos
sanitarios
eran
peligrosos.
No
es
cierto,
no
todos
requieren
un
tratamiento
especial. Tres
tipos
de
residuos
El primer tipo de residuo es el urbano, el doméstico: desde los restos de un ramo de flores que se le lleva al enfermo hasta un bocadillo. El segundo es el que se genera en el ambiente hospitalario pero no tiene carga microbiológica, como puede ser una jeringuilla sin punzante. Se tratan como basura doméstica convencional.
El tercer tipo de residuos es el llamado biosanitario especial. Tiene carga microbiológica y se trata aparte. Las clases 4 y 5 tiene legislación propia. Los primeros son los cadáveres y los restos humanos identificables. Por supuesto, en este apartado tiene mucho peso la ética y la cultura. En el 5 se incluyen los residuos químico-tóxicos con los que trabajan los laboratorios de los hospitales.
Como clase 6 se identifican los más peligrosos: los cito tóxicos. Es, por ejemplo, lo que queda de los tratamientos que se aplican a los enfermos de cáncer. Tienen que ser quemados a 1.200º, bajo una estricta supervisión. En España no hay, de momento, ningún horno equipado para cremarlos, por lo que se tienen que llevar a Bayona (Francia). El tipo siete es el residuo radioactivo de baja intensidad, el que deriva de la medicina nuclear.
Más
el
papel,
los
tubos
fluorescente
de
la
luz,
los
toner,
las
pilas,
los
equipos
eléctricos...
En
2002
un
gigante
como
el
Clínico
consumió
450.000
metros
cúbicos
de
agua,
1.400.000
de
gas
y
22.000.000
de
kilowatios
de
energía
eléctrica. Reducir
los
residuos
a
la
mitad
¿Cómo lo han logrado? El servicio de gestión ambiental está compuesto por una química, una geóloga, una licenciada en ciencias ambientales, una secretaria y tres celadores. Los coordina Manuel Carmona, que hace siete años se dio cuenta de que en el hospital se hacía todo en términos de seguridad, y que la ambiental era necesaria para garantizar la calidad de los servicios.
Con el apoyo del equipo de medicina preventiva, que se ocupa de la parte científica de la gestión del medio ambiente, y de los distintos directores del centro se puso en marcha el proyecto. El servicio de gestión ambiental del Clínico depende directamente de la dirección del Hospital, porque es un tema que afecta transversalmente a todo el centro sanitario.
En la gestión ambiental del Hospital destaca el papel del aula de educación ambiental, en el que se habla a los trabajadores del medio ambiente y se les pide su colaboración. Sin su apoyo sería imposible que se mantuviese el buen nivel de recogida de elementos y separación de residuos.
Y por supuesto, las certificaciones que ha conseguido el hospital: en 1998 la norma internacional ISO 14.001, y este verano el reglamento EMAS. Esto obliga al centro a una constante revisión y mantenimiento de su política ambiental. Los auditores ambientales no perdonan.
Tanto trabajo también tiene su reconocimiento: además del respaldo social están los premios. El último, de momento, el Garrigues-Expansión a la mejor iniciativa institucional de medio ambiente 2003. Amaya Asiaín / Infoecologia |
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