VÁMONOS PA’ L NORTE; VÁMONOS PA’ OLMOS Y CHICLAYO

Perú, octubre de 2005. 
Texto y fotos de Enrique Angulo Pratolongo para Infoecología.

 

“La inteligencia es la capacidad de aceptar nuestro entorno. A lo que se denomina la ceguera del destino, es en realidad únicamente la propia miopía”

William Faulkner (1897–1962)

Olmos, es un pueblo a 104 kilómetros al noreste de la capital de la Región Lambayeque: Chiclayo (a 720 kilómetros al norte de Lima). En este pueblo se ubica el Zoocriadero Barbara D’Achille, en donde la Asociación Cracidae Perú ha logrado reproducir Pavas Aliblanca en cautiverio para ser reintroducidas en su hábitat natural. Olmos y Chiclayo son solo dos ejemplos de pujanza en el conocido y famoso norte del Perú. Conozcamos un poco más de esta emergente zona de grandes posibilidades. 


En esta calle se encuentra “El Uruguayo”. Un sitio agradable ajeno a la invasión de taxis en Chiclayo.

La negrísima noche de Olmos lo cubría todo. El sonido sereno del manto nocturno omnipresente rondaba por doquier. Las Pavas Aliblanca [1] se mantenían paralizadas mientras revisábamos sus jaulas amparados en la calma del lugar. El olor de la oscuridad completa era una mezcla dichosa de algarrobos y tierra seca, ansiosa de lluvia. Entre Olmos y Chiclayo se encuentran salpicados poblados con nombres típicos mochica [2], tales como: Motupe, Jayanca, Pacora, Illimo, Túcume, Mochumí y Lambayeque.

Algunos rostros marcadamente moches y cuarteados por el sol, dan fe del pasado guerrero de la gente de esta zona del Perú. Atravesamos de noche estos pueblitos por la antigua Panamericana Norte. La escena común era la siguiente: dos o tres personas sentadas conversando en la puerta principal de una casa con vista privilegiada a la carretera apreciando la vida discurrir. Uno cree haberse detenido repentinamente en el tiempo al percibir el grado de marginalidad existente en estos poblados y el notorio desencanto de sus pobladores. Sus rostros reflejan facciones aguerridas y compactas, de penetrante mirada, pero desgastados por las duras ganas de sobrevivir.

En cada poblado encontramos elementos en común: un par de bodegas, una iglesia, una canchita de fútbol y por ahí algún velorio. Las calles que se adentran a los pueblos, transversales a la carretera, son tragadas por la oscuridad. Estas calles de indefinidas formas y sin asfaltar, amparan la esperanza y desesperanza de miles de peruanos que luchan diariamente por salir adelante. Esta zona norte nos ofrece la posibilidad de acercarnos verdaderamente a un epicentro de desarrollo y fuerza, en un inigualable, singular y rico ámbito geográfico.

 


El Zoocriadero Barbara D’achille en Olmos, a 104 km de Chiclayo.

Chiclayo: una ciudad que crece vertiginosamente

Chiclayo es una ciudad infestada de unos terribles e innumerables bacilos amarillos de incontrolable proceder: los inescrupulosos “ticos” [3] mutados a taxis. En algún momento del día llegué a contar diecisiete especímenes detenidos ante un semáforo. Esta terrible infección la desmerita como a varias ciudades del Perú. Chiclayo se asemeja a una vitrina gigante de mercadería, ropa, tarjetas para celulares, relojes, lentes, zapatos y cabinas de Internet. Además, alberga a un alarmante número de avezados carteristas. Muchos se preguntan, de dónde proviene la denominación de “Capital de la Amistad”. Al parecer, este apelativo no concuerda mucho con la realidad, sin embargo, esto es discutible.

Tuve la grata oportunidad de conocer algunos personajes interesantes, que le dan un realce muy agradable a esta ciudad costeña. En la esquina de una calle estrecha y empedrada encontramos un pequeño local que ofrece de día apetitosos menús y en la noche se convierte en una sanguchería de reconocidos lechones. Darwin, un uruguayo con nombre científico y casi peruano, es el dueño de este pequeño pero acogedor local. Este charrua de abultado abdomen nos ofreció una amena velada en su local. Ahí mismo conocí a un argentino con ojos de pescado y típico rostro platense, que tras lanzar improperios contra los charruas (para él Uruguay es una provincia de Argentina) y discutir acaloradamente sobre fútbol (tema infaltable), se alejó apurado, escapando quizá de sus acreedores.

Los chiclayanos dan la impresión de conocerse todos entre sí y formar una comunidad pequeña y versátil, ajena a esa masa arrolladora de ticos y comercio ambulatorio. El uruguayo, pese a que repetía alegremente que “no me conocía”, mostraba esa hospitalidad y camaradería común en los verdaderos y antiguos habitantes de esta ciudad norteña. Esta rescatable cualidad parece perderse con la vorágine del tiempo. En una antigua visita a Chiclayo me hospedé en un hotel antiguo de la Plaza de Armas. Diez años después, la escena cambió abruptamente. El número de gallinazos, de robos, de ticos y el crecimiento no planificado, han aumentado desproporcionadamente. Tal como lo conversé esa noche con el distinguido uruguayo, me llevé la impresión de que la ciudad alberga un tumor maligno que crece y se expande sin rumbo.

 
El rico norte y sus posibilidades


Vista del recinto principal del Zoocriadero. 

Las posibilidades de desarrollo y progreso que tiene esta vasta zona del Perú son gigantes y muy alentadoras. Todo esto, siempre y cuando se fomente un desarrollo planificado, a corto, mediano y largo plazo, que vaya de la mano con un trabajo que involucre a las poblaciones locales. En cuanto a la utilización de los potenciales turísticos, arqueológicos y ecológicos de la zona, se debe fomentar e impulsar un trabajo de campo de “comunidad en comunidad” para convencer al poblador local de las ventajas que trae consigo la conservación del medio ambiente.

Es necesario explicar al poblador local la importancia de conservar el hábitat y con ello las especies que ahí viven. Esto se logra con políticas de desarrollo que le brinden beneficios palpables, y en una primera instancia, a corto plazo. Se deben ver beneficiados todos los pobladores, no solamente algunos. Esto se debe ver reflejado en postas médicas, colegios, infraestructura, servicios básicos, es decir con bienes materiales que mejoren la calidad de vida.

Para esto es necesario formar una cultura ecológica y de progreso en las escuelas a fin de difundir la necesidad de salvaguardar los recursos existentes y poder utilizarlos adecuadamente para el desarrollo sostenible de todos los pobladores de la zona.

Toda esta campaña debe de estar dirigida principalmente a los niños, pues ellos serán los principales beneficiados y se convertirán en los actores y forjadores de su propio futuro y el de su región. Este panorama no es exclusivo de esta zona del Perú, sino que debería comprender a todo el país. Solo queda ponerse a trabajar.

 

Notas

[1] La pava aliblanca fue declarada ave regional el 15 de marzo del 2005 por el Gobierno Regional de Lambayeque. En honor a tal mérito, se emitieron 10.000 estampillas con la Pava Aliblanca en mayo del mismo año.

[2] La cultura Moche o Mochica surgió y se desarrolló a lo largo de la franja desértica del norte del Perú entre los siglos I y VII d.C.

[3] Pequeños autos de la marca Daewoo que se utilizan para el servicio de taxi.

Enrique Angulo Pratolongo

Periodista
Dirección e-mail: eangulopratolongo@gmail.com

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