LAS ÁREAS NATURALES PROTEGIDAS POR EL ESTADO
EN EL PERÚ

 Por Enrique Angulo Pratolongo para Infoecología (enero 2006).

El Perú es un país considerado megadiverso a nivel mundial debido a la alta cuota de biodiversidad, así como de material genético. Sin embargo, pese a las medidas de protección que brinda el Estado Peruano y a algunas iniciativas privadas, aún queda mucho por hacer en cuanto a la conservación. Una de estas medidas es la implementación del Sistema Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (SINANPE). Incluir el factor social dentro de las zonas protegidas, es uno de los factores que deben tomarse en cuenta.

El SINANPE está bajo la administración del Instituto Nacional de Recursos Naturales (INRENA) que a su vez depende del Ministerio de Agricultura.

 

Gallito de las rocas

Con una extensión de 1´285215,60 Km², el Perú es el tercer país más extenso de Sudamérica, luego de Brasil y Argentina. Las 61 Áreas Naturales Protegidas (ANP) hasta mayo de 2005 abarcan el 13,74% del territorio peruano y forman parte del SINANPE. Estas zonas protegidas están distribuidas en veintidós de los veinticuatro departamentos del Perú. La superficie total de todas las ANP equivale al tamaño de Uruguay o Costa Rica y representa la tercera parte de España o la mitad de Italia o Japón. La primera ANP que se estableció en el Perú es el Parque Nacional Cutervo en el departamento de Cajamarca, y la más reciente es la Reserva Paisajística Subcuenca del Cotahuasi en el departamento de Arequipa.

Las ANP de mayor extensión son el Parque Nacional Alto Purus, ubicado en los departamentos de Ucayali y Madre de Dios, con 2’510694,41 Ha. protegidas, y la Reserva Nacional Pacaya-Samiria en el departamento de Loreto que abarca 2’080000,00 Ha. Ambas zonas protegidas se encuentran en la selva del Perú. Las ANP con menor extensión son los Bosques de Protección aledaño a la bocatoma del Canal Nuevo Imperial, en el departamento de Lima, con tan sólo 18,11 Ha., y el Puquio Santa Rosa en el departamento de La Libertad, al norte del Perú, con 72,5 Ha. protegidas.

Las ANP son espacios naturales terrestres, marinos o costeros debidamente demarcados que tienen por objetivo conservar la diversidad biológica y genética. Estas áreas son establecidas mediante un proceso legal a perpetuidad, lo que garantiza una protección a largo plazo. El uso que se les puede dar es regulado por el Estado Peruano y forma parte de un plan de manejo. Otro de los objetivos de las ANP es conservar muestras representativas de la flora y fauna del Perú, así como facilitar la investigación, el turismo y otras actividades que generen desarrollo.

Foto: Conservación Internacional

El Gallito de las Rocas (Rupícola peruviana), o Tunqui, es el Ave Nacional del Perú y habita en los bosques de neblina y en la  selva alta. Se encuentra en varias zonas protegidas como el parque nacional Río Abiseo en el departamento de San Martín, Yanachaga-Chemillen en el departamento de Pasco, Manu en los departamentos de Cusco y Madre de Dios.

Amotape

Foto: Fernando Angulo Pratolongo

El parque nacional Cerros de Amotape está ubicado en los departamentos de Piura y Tumbes y es la única ANP del Perú en donde se conserva la ecorregión de bosque seco ecuatorial. Por su territorio fluye el río Tumbes.

Lomas de Lachay

Foto: Enrique Angulo Pratolongo

La reserva nacional Lomas de Lachay está ubicada a 105 kilómetros al norte de Lima en medio de la franja desértica de la costa peruana. Las lomas son un refugio para la variada fauna de la costa del Perú y una muestra representativa de la exuberante vegetación de las lomas costeras. 

 

Las ANP aseguran también el buen uso de algunos factores abióticos como el agua, el aire y los suelos. Así también, preservan el ciclo normal de nutrientes y aseguran la captura de carbono. Dichas áreas buscan adicionalmente mantener los diversos valores culturales de las poblaciones humanas, que se vean comprometidas en estas zonas, permitiendo que las mismas se sigan beneficiando con los recursos naturales de los espacios naturales que forman parte de su territorio.

Muchas de estas ANP generan a su vez beneficios que son canalizados a través del turismo, como es el caso principalmente de la Reserva Nacional de Paracas en la costa marina, el Parque Nacional Huascarán, en la sierra de Ancash, y el Santuario Histórico de Macchu Picchu, en el Cusco.

 

La estructura del SINANPE

El SINANPE abarca las áreas de uso indirecto y directo, las zonas reservadas y las zonas de amortiguamiento. Adicionalmente existen algunas áreas complementarias de conservación regional, municipal y privada.  Las ANP se originan en base a las zonas prioritarias para la conservación, que proporcionan el espacio físico que debe conservarse por su relevancia biológica. Además, se le agrega el factor social y un marco legal que ampara a la zona protegida.

La categorización que establece el grado de intervención en las ANP, determina a aquellas zonas protegidas de uso indirecto y de uso directo. En el primer caso, la intervención es nula o mínima. En el segundo caso, la intervención es mayor y se da para un manejo y aprovechamiento racional de los recursos naturales. 

Los parques nacionales, los santuarios nacionales e históricos están categorizados como de uso indirecto. Por otro lado, las zonas protegidas categorizadas como de uso directo son las reservas paisajísticas, los bosques de protección, las reservas nacionales y comunales, así como los cotos de caza en donde está permitida una mayor intervención, siempre y cuando se respeten las normas vigentes.

El sistema de categorización es importante pues permite aplicar diferentes estrategias de conservación en todos los niveles, como puede ser la protección de ecosistemas frágiles, así como el aprovechamiento directo de los recursos naturales. Asimismo, la categorización permite la resolución de conflictos de una mejor manera, pues establece los parámetros de manejo que pueden conllevar a mejores acuerdos. Una estrategia importante de conservación y desarrollo que permite también la categorización, es la zonificación de las ANP.

La zonificación permite establecer dentro de cada ANP las zonas restringidas e intangibles, las zonas de amortiguamiento, las zonas permitidas para el turismo y la recreación, así como las zonas para la investigación y otros fines. Para tal propósito, se debe contar con una delimitación de las ANP y con un marco legal claro y definido. Así también, la categorización permite realizar para cada zona protegida su respectivo plan de manejo, el mismo que permite definir los principales lineamientos, así como las estrategias de conservación para asegurar -según la categorización- el nivel de intervención y el manejo sostenible de los recursos naturales.

 

Las poblaciones locales: elemento indispensable

Dentro de los planes de manejo de las ANP se debe involucrar al poblador local como uno de los elementos fundamentales dentro del engranaje de todo proyecto de conservación y de desarrollo ambiental. Es primordial identificar las principales necesidades de los mismos para tener una visión global de los ecosistemas como sistemas que, sin duda, abarcan al ser humano.

Es imprescindible en algunos casos, fomentar la creación de áreas de conservación (privadas o estatales), buscando garantizar que la población local perciba, en estas políticas ambientales, que es tomada en cuenta, y que la conservación de “su” medio ambiente y de las especies que allí habitan, puede brindarles algún beneficio y mejorar la calidad de vida, en especial, la de las generaciones futuras.

Muchas de las políticas ambientales no involucran al factor humano y sólo buscan conservar especies determinadas, sin asegurar que existan beneficios para el poblador local que justifiquen la implementación de zonas protegidas. La participación de los habitantes de la zona puede incluso apoyar a la labor que se realiza en las ANP y hacer su manejo más viable, efectivo y sostenible en el tiempo.

Es necesario plantear una “visión más equilibrada de las relaciones entre la sociedad y las condiciones materiales o naturales que subyacen en ella” [1]. El medio ambiente alberga tanto a la flora y la fauna, como al hombre. Es inevitable incluir la participación local incluso en aquellas zonas que no tengan presencia humana, ya que de alguna manera las poblaciones limítrofes o aledañas sienten la repercusión de las medidas de protección o de intervención que se pueden dar, ya sea directa (restricciones de territorios de caza, vedas u otros) o indirectamente (incursión de visitantes, introducción de elementos foráneos y otras amenazas).

Asimismo, como parte del plan de manejo, es muy importante fomentar que las poblaciones aledañas a las ANP participen de manera activa en la conservación a través de comités de gestión, que ayuden a minimizar algunas amenazas que pueda tener alguna zona protegida como la caza no permitida, deforestación, contaminación y otros. El SINANPE incluye aproximadamente 1,8 millones de habitantes que viven vinculados a ellas, razón suficiente para tomar en cuenta a las poblaciones locales.

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[1] Woodgate G., Redclift M.: De una sociología de la naturaleza a una sociología ambiental. Más allá de la construcción social. Pág. 20. Revista Internacional de Sociología. Tercera Época Nº 19 y 20 Enero – Agosto, 1998, pp. 15-40.

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