MODIFICAR LA CONDUCTA AMBIENTAL DE LOS INDIVIDUOS

 Por Teresa Pérez Martín para Infoecología (enero 2007).

Como respuesta a los crecientes problemas de contaminación, los Estados miembros de la UE han desarrollado una política ambiental y han legislado profusamente en la materia. Sin embargo, pocas de estas leyes tienen un impacto directo sobre la conducta ambiental de los individuos en sus actividades diarias, como por ejemplo, sobre los modos de consumo, el uso del coche o el ahorro de energía doméstica (uso ecológico de electrodomésticos, del agua, de materiales de construcción, etc.). Hasta ahora el ejercicio legislativo ha cubierto suficientemente el vacío jurídico en la materia, pero la conducta humana apenas ha evolucionado.

 

Campañas de sensibilización

Consciente de la necesidad de tomar otras medidas más directas para promover una conducta individual más ambiental, el gobierno escocés ha puesto en marcha una campaña de sensibilización, haciendo uso del medio que tiene mayor alcance: la televisión. Se trata de una serie de anuncios que muestran cómo haciendo poco se puede cambiar mucho, “do a little, change a lot”. La intención de esta campaña televisiva no es otra que la de educar, mejorando el conocimiento y comprensión de los ciudadanos y extendiendo el sentimiento de que cada uno de nosotros podemos hacer mucho. Estos anuncios son reproducidos además en la radio y prensa e inspiran buena parte del discurso de muchos políticos locales. Esta campaña forma parte de las actividades realizadas dentro del Programa Interministerial sobre Desarrollo Sostenible en el que participan además representantes del sector público y privado, de ONG y de asociaciones. El objetivo es instaurar un foro de diálogo continuo entre todos los interesados para desarrollar ideas y actividades que fomenten la toma de conciencia sobre la importancia de la buena conducta ambiental de cada individuo en la vida cotidiana. Algunas de estas actividades están destinadas a sondear cuál es el sentimiento general de la sociedad. El resultado de varias encuestas realizadas pone de manifiesto que el 84% de la población considera la contaminación producida por el tráfico como el principal problema ambiental y más de la mitad de los encuestados ignoraba cómo el cambio en sus hábitos podría contribuir a la protección del medio ambiente.

En Europa, ya conocemos el 22 de septiembre como el “Día sin coche”, iniciativa comunitaria en la que participan cada año más ciudades y que se convertirá con el tiempo en un catalizador para otras actividades de este tipo. Pero no hay que olvidar que todo intento de cambiar la conducta del ciudadano es vano si no se integra dentro de un conjunto de medidas coherentes que demuestren los resultados positivos de su acción. De nada sirve pedir al individuo que separe sus desechos (vidrio, cartón, residuos orgánicos) y que los deposite en distintos contenedores si no se dispone de las plantas adecuadas de reciclaje o si no existe un circuito bien establecido en el que se pueda introducir nuevamente el producto reciclado. El ciudadano necesita saber cuál es el beneficio del cambio de su conducta,  para que ésta se convierta en un hábito y no quede en el olvido.

Una forma de educar es a través del ejemplo. Y el progreso en el diseño de productos más ecológicos realizado por la industria de ciertos países europeos es buena muestra de ello. En efecto, en países del norte de Europa, la industria participa activamente en el proceso de la Política de Productos Integrada, mejorando sus instalaciones e introduciendo nuevos procedimientos destinados a mejorar toda una serie de productos y servicios a lo largo de todo su ciclo de vida, desde la extracción de las materias primas hasta la gestión de los residuos, pasando por la producción, distribución y utilización. Por su parte, la administración pública también puede jugar un papel importante en la educación ambiental de la sociedad, adoptando buenas prácticas en su funcionamiento e integrando los aspectos ambientales en los procesos de contratación pública.

Una información de calidad es un elemento clave en la formación del comportamiento respetuoso con el medio ambiente en el seno de la sociedad. Y para que surta efecto es necesario que sea clara y comprensible, que vaya dirigida a un público extenso y que los destinatarios sean conscientes del contenido de la información que se quiere transmitir. Este último punto es importante, sobre todo con respecto al uso de la etiqueta ecológica como vehículo de información. Con frecuencia el consumidor no comprende exactamente el significado de la etiqueta (por ejemplo, el logo de las dos flechas invertidas a veces confunde, no indica claramente si se trata de un producto reciclado o fácilmente reciclable). Para que la etiqueta ecológica funcione debidamente como vehículo de información es necesario que abarque un ámbito geográfico amplio (mejor europeo que nacional o regional), que tenga en cuenta todas las etapas del ciclo de producción, y que no se limite a informar al consumidor sino también a cada eslabón de la cadena de fabricación.

Además de divulgar la información es esencial crear incentivos para fomentar una conducta más ambiental, sobre todo la de los adultos. Promover el uso de los transportes públicos (reduciendo el precio, extendiendo los servicios, etc.) es uno de los incentivos utilizados en algunos países. También se conceden ventajas fiscales a las empresas que favorecen el carpooling, es decir el uso del mismo vehículo por varios empleados para ir al trabajo.

 

Educación para el desarrollo sostenible

Otro elemento clave es la educación infantil y juvenil, a nivel local, nacional, europeo e internacional. La labor de educación es fundamentalmente responsabilidad de cada Estado miembro, y desde Bruselas se les anima a incluir en los programas de estudios materias de enseñanza medioambientales.

Como conclusión, hay que admitir que la modificación de comportamientos es un proceso largo en el  tiempo, prueba de ello es el cambio de hábitos con respecto a otros problemas de salud como, por ejemplo, el tabaco. Por eso Naciones Unidas se ha dado 10 años de plazo (2005-2014) para promover la integración de los valores inherentes al desarrollo sostenible en todos los aspectos de la enseñaza para fomentar cambios en el comportamiento que faciliten la consecución de una sociedad más sostenible y justa para todos. Este es el objetivo principal del Decenio de las Naciones Unidas de la Educación para el desarrollo sostenible gestionado por la UNESCO. El programa busca la creación de redes, vínculos e intercambios entre agentes interesados en este tipo de iniciativas, el fomento de oportunidades para incorporar el desarrollo sostenible en sus reformas educativas.

En definitiva, todos estamos invitados a mejorar nuestro comportamiento ambiental, pues haciendo poco se puede cambiar mucho.

Teresa Pérez Martín es periodista freelance.

teresa.freelance@gmail.com 

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