China/Desarrollo
La agonía del río Yangtsé

Por Carmen González (Pekín/China) para Infoecología (junio de 2007)

DSCF0223.jpg (1285742 bytes)Con 6.300 kilómetros, el Yangtsé es el río más largo de Asia y el tercero del mundo.  A sus orillas viven 400 millones de personas que, cada día, amanecen con alguna noticia desagradable. La extinción de especies como el prehistórico delfín de aleta blanca o “baiji”. La amenaza de  devastadoras inundaciones por el deshielo de los glaciares tibetanos. Sequías. Millones de desplazados por la construcción de magnos proyectos hidroeléctricos.

Contaminación y calentamiento global se combinan para explicar la situación agónica del río Yangtsé. Y a modo de bisagra, la construcción de decenas de presas, entre las que destaca la controvertida de las Tres Gargantas, el mayor proyecto hidroeléctrico del mundo. Sus obras empezaron en 1993 y estarán terminadas, según las previsiones, en 2008, año en que Pekín acogerá los Juegos Olímpicos

 

El impacto medioambiental del veloz crecimiento económico chino de los últimos años se puede ver reflejado en el espejo del Yangtsé, cuyas orillas están salpicadas de manera intermitente por fábricas y presas. Cada año se vierten a sus aguas 14.200 toneladas de contaminantes, entre ellos, dióxido de azufre (procedente normalmente de las papeleras), pesticidas, fertilizantes y escapes de los barcos que surcan sus aguas.  El perjuicio en algunos tramos del río es ya irreversible y 600 kilómetros están en estado crítico, según estudios oficiales. Además, el 30 por ciento de sus afluentes están gravemente contaminados. El delta del río, cuna del desarrollo industrial de la zona, fue declarado  hace poco “zona muerta” por la ONU, es decir, condenada a quedarse sin vida animal ni vegetal debido a los bajos niveles de oxígeno.

 

DSCF0241.jpg (1302364 bytes)Pero este tenebrista cuadro adquiere matices más sombríos debido a los efectos del calentamiento global, que ya se notan en China y, dentro de su vasto territorio, en un lugar considerado por los científicos como un termómetro del cambio climático: la meseta de Qinghai-Tíbet, la más alta del mundo. Sus glaciares nutren no sólo al Yangtsé sino a otros grandes ríos de Asia, entre ellos el Mekong  y el Ganges. Sin embargo, el acelerado deshielo que están viviendo debido al aumento de las temperaturas amenaza con causar cambios en el volumen de agua de los ríos y dar lugar a nuevos desastres naturales,  entre ellos, y pese a que suene paradójico, sequía e inundaciones.

 

A orillas del Yangtsé sus habitantes notan ya los efectos. Las inundaciones que cada verano llegan a China con la temporada de lluvias se han adelantado este año y en las dos primeras semanas de junio dejaron ya más de un centenar de muertos. Los expertos han advertido de que esta temporada las inundaciones en el Yangtsé serán más graves de lo habitual debido al cambio climático, y los habitantes de la cuenca fluvial temen que se puedan reproducir las de 1998, que dejaron más de 4.000 muertos .

 

Evitar las inundaciones fue precisamente uno de los objetivos que se encomendaron a la tan descomunal como polémica presa de las Tres Gargantas, el mayor proyecto hidroeléctrico del mundo detrás del de Itaipú, que comparten Brasil y Paraguay. Soñada ya por el doctor Sun Yat-sen, instaurador de la República en China en 1911, la presa ha estado en la mente de todos los líderes comunistas, grandes aficionados a los proyectos faraónicos.

Marea de cifras

DSCF0408.jpg (1296232 bytes)Sus cifras, simplemente, marean. El río se elevará hasta los 175 metros sobre el nivel del mar y la reserva podrá almacenar 39.900 millones de metros cúbicos de agua. Veintiséis generadores producirán 84.700 millones de kilovatios-hora de electricidad al año, el 10 por ciento de la electricidad generada en todo el país. Una esclusa de cinco pisos de doble sentido permitirá la circulación, corriente arriba, de buques de 10.000 toneladas, de forma que la capacidad de navegación subirá de los 10 millones de toneladas anuales de ahora hasta los 50 millones de toneladas.

 

Sin embargo, el proyecto, que muchos expertos y ecologistas cuestionan,  inundará 2.308 kilómetros cuadrados, pueblos, fábricas químicas y patrimonio histórico incluidos, y obligará a reubicar a más de 1,3 millones de personas. Los problemas sociales y medioambientales de la obra son innegables. La cara más sucia quedó al descubierto cuando Fu Xiancai, un activista erigido en líder de las protestas contra la presa, fue apaleado por unos matones después de ofrecer una entrevista a la televisión alemana. La protesta formal de Berlín, que pagó la operación del Fu, no sirvió para esclarecer el suceso. El activista está ahora paralítico y vive vigilado en su casa, mientras la inmunidad de los culpables ha contribuido a enmudecer a otros muchos que critican la obra.

 

Pese a todo, la obra es defendida a capa y espada por el Gobierno chino, que la ha erigido en uno de sus emblemas. Prácticamente a diario, los medios de comunicación oficiales, es decir, todos salvo los de Hong Kong,  publican alguna historia en la que inciden en las excelencias de la presa y desmienten los efectos negativos. Visitar la presa supone también comerse una ración, doble si se es extranjero, de alabanzas oficiales al proyecto.

 

Y entre tanto el Yangtsé agoniza.

A mediados de la década de los ochenta acogía a unas 126 especies animales propias, de las que en el 2002 sólo quedaban 52. Sin duda, la extinción más simbólica ha sido la del delfín de aleta blanca o “baiji”, tras 25 millones de existencia surcando las aguas del río. Las causas: la contaminación, el exceso de navegación y la pesca ilegal. El pasado diciembre, una expedición internacional formada por los mejores especialistas no consiguió avistar ni un solo ejemplar de la especie durante su travesía por 3.400 kilómetros de la corriente. Aunque todavía tienen que pasar unos años para que se pueda declarar oficialmente de extinción, no dudan de que el casi ciego “baiji” será el primer cetáceo que desaparece del planeta a causa de las actividades humanas.  El mismo peligro corren ahora otras dos especies prehistóricas: la marsopa sin aleta o “jiangzhu” (cerdo de río) y el esturión del Yangtsé.

 

 Cuál será la suerte del Yangtsé y de los millones de chinos que viven a su vera es algo que nadie sabe. Pekín parece haber oído la alarma y ha puesto en marcha varias programas, en colaboración muchas veces con organizaciones internacionales, para tratar de recuperar el esplendor que un día tuvo el río, cuna de una de las primeras civilizaciones del país.  Habrá que esperar que el tiempo confirme si los esfuerzos llegan o no demasiado tarde.

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