II Taller de
Periodismo Ambiental FNPI
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Por Leonardo Ferrera, Mexico (Cartagena de Indias, Colombia) |
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Esta
y otras barbaridades me cuestioné mientras corría por el malecón
de Bocagrande, en Cartagena de Indias, el principal centro turístico del
caribe colombiano y Patrimonio de la Humanidad, donde un grupo de
reporteros latinoamericanos asistimos a un taller de prácticas
ambientales en la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, que preside
el Premio Nóbel Gabriel García Márquez. Eran
las 6 de la tarde, hora en la que termina la diversión de cientos de
turistas los cuales dejan a su partida todo tipo de desperdicios: Vasos,
cucharas, tenedores, platos con restos de comida, colillas de cigarro y
envases de vidrio con sobrantes de cerveza y refresco. Sería
bueno escribir una nota sobre la basura que tiran los turistas en la playa
–me dije mientras terminaba de correr el primer trayecto de kilómetro y
medio el cuál repetí varias veces hasta completar una distancia de 5 kilómetros-
En eso casi tropiezo con otro animal parecido al anterior que corría mas
rápido que yo. Alcance a ver que tenía una enorme cola e incluso emitía
un sonido agudo. Me acerqué hasta donde brincó, justo donde había un
racimo de cocos sobre el suelo. Se
me puso la carne de gallina –como decimos en México- si tiene bigotes,
si tiene cola y hace como rata, entonces no hay duda: ¡Es una vil y
horrible rata! Tan asquerosa como las que hay en mi país pero mucho mejor
alimentadas las del Caribe Colombiano. No vuelvo a correr de noche
–resolví- lo haré cuando salga el sol. Un
día después a las 6 de la mañana regrese al mismo lugar, justo frente
al Hotel Caribe, considerado un monumento nacional en Colombia y donde hay
decenas de restaurantes y otros hoteles compitiendo por atraer al mayor número
de turistas nacionales y extranjeros en Cartagena de Indias. Durante
el recorrido no volví a encontrar otro indeseable ser de 4 patas, pero la
arena dibujaba sus huellas justo donde se apilaban las bolsas con
desperdicios que un joven barrendero, de chaleco naranja, levantaba. Me
sentí tranquilo, que importante y valeroso trabajo hacen estos hombres y
rara vez se reconoce su esfuerzo por mantener limpias las calles de una
ciudad. Cerca
de ahí otro hombre vestido con una playera rota con la figura de Mickey
Mouse levantó el racimo de cocos –donde la rata brincó la noche
anterior- y lo colocó dentro de una carretilla de metal, de esas que se
usan para cargar materiales de construcción ¿Será otro barrendero?
–me pregunté- Lo perdí la vista y continué mi trayecto.
Sobre el malecón, del otro lado del mar, observé enormes edificios, de más
de 30 pisos de altura, los cuales se alzan como faros guardianes del mar
caribe, alertando sobre la llegada de modernos piratas que con cada basura
que tiran al suelo se llevan un pedazo de vida. ¡Cocos,
cocos, sabrosos cocos! –anunció un vendedor de edad madura con voz
sonora quien de tajo cortó la inspiración de mis pensamientos, como
cuando se apaga una vela- Mayúscula fue mi impresión al percatarme que
se trataba del mismo carretillero de playera rota con la cara de Mickey
Mouse que momentos antes había cargado el racimo de cocos, los mismos
donde la rata nocturna había hecho su morada. Me
quedé en posición de estatua viviente… -¿Quiere que llame al de los
cocos?- Me dijo el joven barrendero ¡No por favor! –le respondí en
tono de súplica- Es que lo vi tan atento que imaginé que quería uno y
para los que hacen ejercicio el agua de coco les asienta bien -¡No y
menos de rata! –Contesté molesto al ingenuo barrendero a quien le
confesé lo que mis ojos habían visto. ¡Uyyy
no mi brother mexicano –por el acento atinó mi procedencia- aquí las
ratas son como las palmeras, siempre están, brotan por aquí y brotan por
allá -¿Y no han hecho nada las autoridades para exterminarlas?- Sí, el
año pasado vinieron unas personas a echar químicos, pero más tardaron
en ponerlos que las ratas en salir de sus madrigueras, comer lo que
encontraban a su alrededor y regresar al otro día como si nada. El
problema es la gente, mientras siga tirando basura pulularán las ratas
–continuó con su relato el joven barrendero de nombre Nafter -Nuestro
trabajo es un volver a empezar todos los días -¿Y cuanta basura levantan
al dìa Nafter?- somos 5 personas las que limpiamos de 6 de la mañana a 2
de la tarde esta playa, desde la calle 1 hasta la 10. Cada uno levanta
alrededor de 50 kilos de basura al día, pero los domingos y lunes es el
triple, como 150 kilos. Si
no es indiscreción Nafter ¿cuánto les paga el ayuntamiento por levantar
la basura? –No es el ayuntamiento, es una empresa privada que contrata
el gobierno, dicen que pertenece a un mexicano y nos pagan 430 mil pesos
al mes, algo así como 200 dólares. Es poco dinero y mucho trabajo. Deje
a Nafter, pero por la tarde regresé al mismo malecón donde realicé un
recorrido a pie. Mi objetivo era saber los principales focos que ocasionan
la proliferación de ratas en la playa turística de Bocagrande. Encontré
62 botes de basura, de los cuales 9 son macetas. Un número insuficiente
tomando en cuenta la cantidad de turistas que visitan a diario esta playa,
cientos entre semana y miles los fines de semana. Otro
foco de infección son los 10 kioscos de madera que venden comida,
refrescos y cervezas a lo largo de la misma zona. La mayoría están
llenas de hoyos donde perfectamente caben los roedores. Avisados de esto
algunos dueños han colocado maderas para evitar la intromisión nocturna
de las ratas (sin embargo son tan hábiles los roedores que pueden cavar
un túnel bajo la arena y llegar al lugar que quieran) A
esta numerología podría añadirse todos los hoteles, comercios, terrenos
baldíos y demás construcciones que sirven de refugio y generación de
basura para la presencia de estos animales, transmisores de enfermedades. En
un informe publicado en el 2006 por la Alcaldía de Cartagena, el
subdirector de Servicios Públicos, Ricardo Granados Jiménez, señaló
que los roedores pueden actuar de manera directa o indirecta en la
transmisión de 26 enfermedades, entre estas la Leptospirosis, que ha
cobrado la vida de 16 personas en Cartagena en los últimos 2 años
–recordé al hombre de la carretilla ofreciendo sus cocos a los
turistas- El
mismo informe alerta que para la supervivencia y proliferación de
roedores deben existir 3 condiciones: Espacio Físico, Basura y Agua. ¿Me
pregunto si acaso la zona de Bocagrande cumple con estos requisitos? de
ser asì, de acuerdo con el estudio de Servicios Públicos de la Alcaldía
de Cartagena, la capacidad reproductiva de cada cría por camada oscila
entre 8 y 12. El
siguiente dato también me dejo perplejo. La hembra puede quedar otra vez
embarazada 48 horas después de haber parido y dar a luz nuevamente en
menos de 2 meses. Sobre
este asunto el doctor Álvaro Monterrosa, de la Dirección de
Establecimiento Público Ambiental de Cartagena, responsabilizó de la
presencia de ratas en la ciudad a la sobrepoblación. Explicó que de 400
mil habitantes en la década de los 80´s se duplico a 1 millón en la
actualidad. Lo que demanda una mayor cantidad de alimentos, servicios turísticos
y basura. ¿En
verdad el principal problema será la sobrepoblación?... ¿O
acaso la ausencia de una cultura urbana en desechos sólidos será la
principal causa?... Lo que sea, el problema continúa. Como
advertencia no olvide que entre la 1 y la 10, a las 6 brinca la rata. ¡Tome
sus precauciones! |
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