Se
conmemora el 19 aniversario de la catástrofe nuclear, que ha
dejado más de 25.000 muertos, entre militares y civiles, desde
1986. La cifra de afectados por cáncer a consecuencia de este
desastre alcanzará su punto álgido entre 2006 y 2020. Miles de
personas padecen cáncer de tiroides en distintas áreas de
Bielorrusia, Ucrania y Rusia
La noche del
25 al 26 de abril de 1986, a la 1 y 23 de la madrugada del sábado,
en el reactor número 4 de Chernóbil, tuvo lugar el mayor
accidente de la historia nuclear. Los efectos de la radiactividad
han superado todas las previsiones, y la verdadera magnitud de los
daños se va conociendo años después. Ya han muerto más de
25.000 personas, y al menos 7 millones han sido contaminadas por
la radiactividad. Según la OMS morirán 500.000 personas a causa
del accidente de Chernóbil.
La catástrofe
de Chernóbil afectó gravemente a Bielorrusia, Ucrania y Rusia,
causando pérdidas incalculables, y daños terribles a las
personas, a la flora y a la fauna. Más de 160.000 km2 están
contaminados. El accidente de Chernóbil fue una de las mayores
catástrofes ambientales, y sus costes superan los 250.000
millones de dólares, según un estudio oficial del gobierno ruso,
revelado por el Wall Street Journal.
Los cuatro
reactores existentes en Chernóbil eran del modelo RBMK-1.000, un
peligroso modelo de agua en ebullición, moderado por grafito.
Todavía hay en funcionamiento varios reactores nucleares del tipo
RBMK, y su cierre ha sido pospuesto por razones económicas, a
pesar de sus riesgos, puestos de manifiesto en la catástrofe de
Chernóbil. En Chernóbil funcionaban 4 reactores, y se estaban
construyendo dos más.
Curiosamente
el accidente se produjo al realizar un experimento relacionado con
la seguridad, en el que se pretendía demostrar que la
electricidad producida por el alternador a partir de la inercia de
la turbina sin vapor podría usarse para alimentar ciertos
componentes del sistema de refrigeración de emergencia, durante
periodos cortos, hasta que pudiera disponerse de los generadores
de emergencia. Inicialmente se preveía experimentar con una
reducción de la potencia, desde 3.000 megavatios térmicos a
1.000 MWt, pero sin embargo el reactor no pudo estabilizarse con
suficiente rapidez, y la potencia se redujo a sólo 30 MWt. Al
acumularse una energía en el combustible del orden de 300 cal/g,
se produjo una disgregación del combustible seguida por una
explosión. Dos o tres segundos después ocurrió una segunda
explosión, causada probablemente por la liberación de hidrógeno
cuando el vapor oxidó al zirconio de las varillas del
combustible.
La violencia
de la energía desprendida provocó la elevación de la losa
soporte del reactor, de dos toneladas, haciendo inoperativo el
sistema de contención. La entrada de aire facilitó la combustión
del grafito. Fueron necesarios nueve días de heroico esfuerzo
para poder controlar el incendio posterior a la explosión del
reactor. Para controlar el fuego y contener la radiactividad, los
helicópteros lanzaron sobre el núcleo del reactor más de 5.000
toneladas de plomo, boro y otros materiales. Posteriormente se
construyó un gigantesco sarcófago, hecho con 410.000 metros cúbicos
de hormigón y 7.000 toneladas de acero; el sarcófago fue
terminado en noviembre de 1986 y hoy debería ser sustituido por
otra estructura. El reactor dañado permanecerá radiactivo como mínimo
los próximos 100.000 años.
El accidente
fue detectado el lunes 28 de abril de 1986, a las 9 de la mañana,
en la central nuclear sueca de Forsmark, unos 100 kilómetros al
norte de Estocolmo, donde los contadores Geiger registraban
niveles de radiactividad 14 veces superiores a lo normal. Primero
se pensó en un escape en la propia central (las primeras noticias
de las agencias de prensa hablaban de un accidente en una central
sueca), pero un exhaustivo control mostró que la central
funcionaba perfectamente y que la radiactividad venía de lejos.
Cuando los suecos reclamaron una explicación, las autoridades
soviéticas respondieron con evasivas. Doce horas después de la
primera alerta de Forsmark, un comunicado del consejo de ministros
de la URSS leído en la televisión reconoció que se había
producido un accidente en Chernóbil. La población de la zona no
fue informada en los primeros días de la gravedad de la situación,
lo que agravó los efectos.
En el
accidente de Three Mile Island, en Pensilvania (Estados Unidos),
en 1979, se liberaron 17 curios. En Chernóbil, según las
autoridades soviéticas, fueron 50 megacurios (50 millones de
curios) de los más peligrosos radionucleidos, a los que hay que añadir
otros 50 megacurios en gases radiactivos inertes. Las cifras
reales fueron mayores que las declaradas por el gobierno soviético.
Para la OCDE las emisiones ascendieron a 140 megacurios. Según la
Organización Mundial de la Salud (OMS) en el accidente de Chernóbil
se emitió 200 veces más radiactividad que la liberada por la
suma de las bombas nucleares lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki
en 1945, aunque el gobierno de Ucrania afirma que fue 500 veces más.
Consecuencias
Toda la
población en un radio de 30 kilómetros fue evacuada. Aún hoy
cerca de 375.000 personas aún no han podido regresar a sus
hogares, según la OMS. La ciudad de Pripiat, que contaba con
50.000 habitantes antes del accidente, hoy está abandonada, y en
la llamada zona de exclusión de 30 kilómetros alrededor de Chernóbil
sólo habitan 556 ancianos que no tienen otro lugar a donde ir o
no se han adaptado a vivir fuera de sus pueblos de origen. Un
total de 105.000 km2 presentan una contaminación superior a un
curio por km2, y según la AIEA hay 825.000 personas viviendo en
áreas con más de 5 curios/km2. Según las Naciones Unidas un área
del tamaño de Holanda ha quedado inutilizable permanentemente
para usos agrícolas. La mayoría de las 31 personas muertas
inmediatamente, trabajadores de la central y bomberos que
acudieron a apagar el incendio, están enterradas en el cementerio
de Mitinskoe. Pero la radiactividad, a no ser que se reciban dosis
extremadamente altas, mata lentamente y no hay dosis admisibles
por debajo de las cuales ésta deja de ser peligrosa.
Cerca de
800.000 personas, los liquidadores, participaron en la construcción
del sarcófago que envuelve el reactor o en las tareas de
descontaminación y limpieza, recibiendo altas dosis de
radiactividad, superiores en un 7% de los liquidadores a más de
250 mSv (milisievert), aunque muchos superaron los 500 mSv; la
dosis máxima admisible reconocida internacionalmente para la
población normal es de 5 mSv/año. Según el gobierno de Ucrania,
más de 8.000 liquidadores han muerto, y otros 12.000 están
seriamente afectados por las radiaciones. En Rusia el 38% de los
300.000 liquidadores padecen enfermedades a causa de las
radiaciones recibidas, según el propio gobierno ruso.
Una de las
consecuencias de la catástrofe de Chernóbil fue la absorción
por el organismo de miles de personas de grandes cantidades de
yodo-131 y cesio-137. El yodo-131, aunque tiene una vida corta, se
acumula en la glándula tiroides, causando hipertiroidismo y cáncer,
sobre todo en los niños. El cesio-137 tiene una vida media de 30
años, por lo que sus efectos aún se harán notar.
El ADN de
las células germinales que transmiten la información genética
fue dañado por la radiactividad, algo que no ocurrió ni en
Hiroshima ni en Nagasaki, según un estudio dirigido por Yuri
Dubrova, del Instituto Vavilov de Genética General con sede en
Moscú, publicado en la revista Nature coincidiendo con el décimo
aniversario de la catástrofe. Las secuelas de Chernóbil perdurarán
durante varias generaciones. Según la OMS (Organización Mundial
de la Salud) en 1995 el cáncer de tiroides en Bielorrusia era 285
veces más frecuente que antes de la catástrofe, y las
enfermedades de todo tipo en Ucrania eran un 30% superiores a lo
normal, debido al debilitamiento del sistema inmunológico causado
por las radiaciones. En la región de Gomel, en Bielorrusia, los cánceres
de tiroides entre la población infantil se han multiplicado por
cien, y el número de casos no para de aumentar. Las leucemias,
cuyo periodo de latencia es más largo, empiezan a aparecer, sobre
todo entre los liquidadores; la tuberculosis es una de las
enfermedades que más ha crecido entre las personas afectadas.
Las
aberraciones cromosomáticas, precursoras de leucemias y cánceres,
han sido igualmente detectadas, al igual que enfermedades del
sistema endocrino, nervioso, digestivo y cardiovascular, así como
las cataratas. Según el profesor Alexander Ivanovich Avramenko,
jefe del Departamento de Protección de la Salud de Kiev, "la
morbilidad general ha aumentado un 30%, la hipertensión se ha
triplicado, la isquemia cardíaca se ha incrementado un 103%, las
úlceras un 65,6%, la diabetes un 61%, y los ataques cardíacos un
75%. Los patrones clínicos están cambiando para muchas
enfermedades debido a la depresión del sistema inmunitario".
Los niños
están entre los más afectados, y son muchos los que padecen cánceres
de tiroides, hígado y recto. Las malformaciones entre los recién
nacidos se han duplicado en los últimos años. Según Dillwyn
Williams, profesor de histopatología en la Universidad de
Cambrigde y uno de los mayores expertos mundiales en cáncer de
tiroides, el 40% de los niños expuestos a altos niveles de
radiación cuando tenían menos de un año desarrollarán cáncer
de tiroides. Miles de personas contraerán cánceres a
consecuencia del accidente de Chernóbil en los próximos 30 años.
Williams es presidente de la European Thyroid Association. En una
conferencia de la OMS sobre las consecuencias sanitarias de Chernóbil
en Ginebra, Williams señaló acerca de la incidencia del cáncer
de tiroides en Bielorrusia y Ucrania que "he hecho algunas
sumas y la respuesta me aterroriza".
La mayor
incidencia de los casos de tiroides en Gomel están concentrados
en una zona situada a más de 200 kilómetros de Chernóbil, lo
que significa que los planes de emergencia en caso de accidente
nuclear deben ser rediseñados. En la conferencia de la OMS, en
que participaron unos 500 científicos procedentes de 40 países,
se criticaron duramente las recomendaciones de la Agencia
Internacional de la Energía Atómica (AIEA), cuyo único interés
es promocionar a cualquier precio la energía nuclear. Chernóbil,
y sus consecuencias, son la mejor demostración de las falacias de
la AIEA, cuya inutilidad fue puesta de manifiesto por el programa
nuclear de Irak, en teoría bajo su control.
Los efectos
de Chernóbil causarán a largo plazo decenas de miles de muertes,
y algunos autores calculan que pueden producirse más de un millón
de casos de cáncer, sobre todo en Bielorrusia, Ucrania y Rusia.
Aguas
radiactivas
El río
Pripiat llevó la radiactividad a su afluente, el río Dnieper (el
tercer río europeo por su caudal) y que tras recorrer 800 kilómetros
y seis grandes embalses, desemboca en el Mar Negro. El agua
contaminada por los residuos radiactivos puede llegar a afectar a
unos 30 millones de personas, según un informe elaborado por 59
científicos de 8 países, bajo la dirección del italiano Umberto
Sansone: más de 9 millones beben agua contaminada, y otros 23
millones de personas comen alimentos regados con aguas radiactivas
o peces con niveles inaceptables de radiactividad. Las balsas y
pequeños embalses construidos para retener las aguas contaminadas
a la larga agravaron el problema, pues fueron rebasadas al caer
las primeras lluvias intensas.
Los peces
del lago Kojanovskoe, en Rusia, presentan niveles de radiactividad
60 veces superiores a los límites de seguridad de la Unión
Europea, llegando a alcanzar los 40.000 bequerelios de cesio-137
por kilogramo (el límite de la UE es de 600 bequerelios por
kilogramo). La única alternativa es la completa prohibición del
consumo de pescado en la región.
El agua
contaminada es posiblemente la mayor amenaza diez años después
del accidente. El accidente depositó 380 terabequerelios (380 x
1012 bequerelios) de estroncio y plutonio en la zona alrededor del
reactor. "No se puede parar el flujo del agua", afirma
Sansone. Pero los problemas de Chernóbil están lejos de haber
acabado. El 11 de octubre de 1991 se produjo un incendio en el
reactor nº2, y los reactores 1 y 3 siguieron funcionando, debido
a la crisis económica que sufre Ucrania desde la desmembración
de la URSS. Aún hoy 400 kilogramos de plutonio, más de 100
toneladas de combustible nuclear y otras 35 toneladas de polvo
radiactivo, permanecen dentro del maltrecho sarcófago de plomo,
boro y cemento que envuelve la central y que necesita ser reparado
o sustituido con urgencia. El sarcófago, diseñado en teoría
para aguantar 30 años, necesita ser reparado o sustituido con
urgencia, al tener 200 m2 de grietas y graves problemas de
estructura. Cerca de 12.000 personas trabajan en la zona
contaminada, y siguen recibiendo dosis inadmisibles de
radiactividad.
Desastre
económico
Chernóbil
no sólo fue un desastre para la vida y la salud de millones de
personas. Fue, también, un gran desastre económico, y muchos
creen que fue una de las causas determinantes de la caída del régimen
soviético en la antigua URSS. Sólo las tareas de limpieza en los
tres primeros años alcanzaron los 19.000 millones de dólares, y
ya han superado los 120.000 millones de dólares.
El gobierno
de Bielorrusia estima que sólo en su país en el horizonte del año
2015 el accidente habrá costado más de 230.000 millones de dólares.
El coste total, según el Research and Development Institute of
Power Engineering, alcanzará los 358.000 millones de dólares (el
coste de unas cien centrales nucleares), cifra resultante de sumar
los costes del tratamiento médico, descontaminación, traslados y
realojamiento de la población afectada, electricidad que se ha
dejado de producir y limpieza de las zonas afectadas. Con lo que
costará el accidente de Chernóbil se podrían haber sustituido
todas las centrales nucleares del mundo por centrales de ciclo
combinado de gas natural (el 80% de la potencia) y aerogeneradores
eólicos (el 20% restante), y aún sobrarían 200.000 millones de
dólares.
La energía
nuclear, como reconocen ya hasta los sectores más conservadores,
es una ruina total. Ningún argumento a favor de la energía
nuclear resiste un examen profundo, y los países ricos, que
gastan cada año miles de millones en investigación nuclear, harían
mejor uso si los consagraran a las energías renovables.
Ya hoy
Bielorrusia gasta el 25% de su PIB en superar los problemas
causados por Chernóbil, Ucrania destina el 6% de los gastos
estatales y Rusia el 1%, cifras ambas muy inferiores a las que serían
necesarias. La crisis económica forzó a Ucrania a mantener en
funcionamiento uno de los cuatro reactores existentes en Chernóbil,
y el gobierno sólo las ha cerrado tras recibir 4.400 millones de
dólares por parte de EE UU y la Unión Europea. En el año 2000
la Comisión Europea aprobó la concesión de un préstamo Euratom
de 585 millones de dólares para acabar de construir dos reactores
atómicos que suplirán a la vieja central nuclear. Este préstamo
a 20 años viene a sumarse al concedido por el Banco Europeo de
Reconstrucción y Desarrollo (BERD) de otros 215 millones de dólares
para acabar, modernizar y poner en servicio la unidad 2 de la
central nuclear de Khmelnitsky (K2) y la unidad 4 de la central
nuclear de Rivne (R2).
La crisis
de la energía nuclear
Hoy la
industria nuclear está sumida en una profunda crisis. Hay en el
mundo 441 reactores nucleares comerciales en operación, con una
potencia instalada de 362 Gigavatios (1 GW=1.000 MW). La energía
nuclear, presentada hace 30 años como la alternativa al petróleo
y al carbón, hoy sólo representa el 6% del consumo mundial de
energía primaria.
Hoy sólo se
están construyendo 30 centrales, con una potencia de 24,8 GW, el
menor número desde hace 30 años, respondiendo a pedidos de años
anteriores. La cifra de pedidos es insuficiente para mantener una
industria nuclear, que sólo se mantiene gracias al despilfarro de
recursos públicos.
La potencia
instalada en 2004 (362 GW) es sólo un 9% superior a la de 1990
(329 GW), cifra doce veces inferior a los 4.450 GW previstos por
la AIEA en 1974 para el año 2000. La energía nuclear, agobiada
por problemas de seguridad, almacenamiento definitivo de los
residuos radiactivos, costes disparatados, alternativas mejores
como las turbinas de gas, el aumento de la eficiencia y las energías
renovables (sobre todo la eólica), y la oposición de una opinión
pública bien informada, no tiene ningún futuro, a pesar de los
esfuerzos realizados para diseñar nuevos reactores más seguros,
utilizando para ello enormes recursos públicos. Mientras, un
total de 101 reactores con una potencia instalada de 32.680 MW han
cerrado definitivamente. La vida media de operación es inferior a
los 18 años, muy alejada de los 40 años prevista por las
empresas constructoras. La central nuclear de Vandellós en la
provincia de Tarragona, donde el 19 de octubre de 1989 se produjo
un accidente en un reactor de tipo grafito-gas, es la única
central nuclear que hasta ahora se ha cerrado en España, pero es
probable que pronto se cierren Zorita y Garoña, dos centrales
llenas de achaques y con deficientes medidas de seguridad. El
nuevo gobierno del PSOE prevé abandonar la energía nuclear en
los próximos 20 años.
Muchos de
los programas nucleares sólo enmascaran la decidida voluntad de
hacerse con armamento nuclear. Los casos más conocidos son
Israel, Suráfrica, Irak, Irán, Corea del Norte, Pakistán y la
India, pero lo cierto es la que los llamados usos pacíficos de la
energía nuclear siempre han estado ligados desde su origen a los
usos militares.
Situación
actual
Estados
Unidos: no ha habido encargos de nuevos reactores desde octubre de
1973 que no hayan sido cancelados. En los últimos 40 años las
compañías eléctricas han cancelado 120 reactores, con una
potencia de 132 GW. Las 103 centrales nucleares existentes en
2004, con una potencia inferior a la cancelada, producen el 20% de
la electricidad. Se han cerrado 23 centrales nucleares, y no hay
ninguna en construcción.
Francia:
cuenta con 59 centrales nucleares, otras 11 cerradas y ninguna en
construcción. La deuda de la empresa pública Electricité de
France asciende a cerca de 25.000 millones de euros. La
sobrecapacidad instalada, los problemas de seguridad y de residuos
y los costes de la deuda, hipotecan el futuro de un sector nuclear
mantenido con las subvenciones públicas directas e indirectas.
Japón:
cuenta con 53 centrales y una capacidad de 43,7 GW. En 1999 se
produjo uno de los mayores accidentes nucleares en una fábrica de
combustible nuclear. En diciembre de 1995 el reactor rápido de
Monju sufrió un grave accidente. La creciente oposición, los
costes crecientes, varios accidentes graves y la falta de lugares,
en un país que sufre frecuentes terremotos, hipoteca el futuro
nuclear.
Antigua URSS:
el accidente de Chernóbil y la crisis económica casi han acabado
con la industria nuclear en Rusia, país que firmó un contrato
con la Siemens para el desarrollo de un nuevo tipo de reactor, el
VVER 640. Unas 50 centrales nucleares en construcción o en
avanzado proyecto fueron paralizadas después de Chernóbil. Los
reactores en funcionamiento en Rusia, Ucrania, Lituania y Armenia
plantean graves problemas de seguridad, al igual que los de la
misma tecnología existentes en Bulgaria y Eslovaquia.
Alemania:
los 6 reactores existentes en la Alemania oriental, después de la
unificación, fueron cerrados, y los 5 en construcción
abandonados. Desde hace 30 años no se encarga ninguna nueva
central. El movimiento antinuclear siempre ha sido potente. El
gobierno de socialdemócratas y verdes prevé cerrar las 19
centrales nucleares existentes en los próximos años.
Canadá: la
construcción de nuevos reactores está paralizada, tras
cancelarse varios proyectos en la provincia de Ontario.
Reino Unido:
una prueba de lo ruinosos que son los programas nucleares fue la
imposibilidad de privatizar las centrales nucleares inglesas. No
hay planes para construir ninguna nueva central nuclear en el
futuro.
Suecia: tras
el referéndum de 1980 los planes son cerrar las 12 nucleares
suecas antes del año 2010. Ya se ha cerrado una.
Corea del
Sur: en 2004 había 19 centrales nucleares y actualmente construye
un nuevo reactor. En 1988 tuvo lugar la primera manifestación
antinuclear en la historia del país. En enero de 1996 el
municipio de Yonggwang retiró la autorización para construir dos
centrales nucleares.
España: la
moratoria definitiva desde enero de 1995 de 5 centrales nucleares
que nunca funcionarán (Trillo II, Valdecaballeros I y II y los
dos grupos de Lemóniz) ha costado a los consumidores más de
10.000 millones de euros. El negocio siempre fue la construcción,
aunque nunca funcionasen las centrales nucleares. Ya se encargó
el estado de hacer pagar a los consumidores. Los planes del PSOE
de Zapatero son cerrar paulatinamente las 9 centrales existentes.
Bélgica:
los 7 reactores producen el 57% de la electricidad del país. No
hay planes para aumentar el parque nuclear.
Taiwán: las
6 nucleares producen el 32% de la electricidad. Los planes para
construir dos reactores en Yenliao se han retrasado. En septiembre
de 1994 un policía murió en una manifestación antinuclear.
China: tiene
15 centrales nucleares en funcionamiento y 4 en construcción.
Tiene un reactor de 288 MW de tecnología propia en Qinshan y
otros 2 de 906 MW cada uno de tecnología francesa en Daya Bay,
cerca de Hong Kong, donde más de un millón de personas (el 20%
de la población) han firmado una petición pidiendo el cierre de
los dos reactores por razones de seguridad. En 1994 comenzó la
construcción de 2 nucleares en Qinshan de 600 MW cada una, y
tiene planes ambiciosos para alcanzar los 20 GW en el año 2010, y
a tal fin mantiene relaciones con empresas francesas, rusas y
canadienses.
India:
cuenta con 14 pequeñas centrales nucleares (suman 2.503 MW) con
un impresionante historial de accidentes y mal funcionamiento, y
actualmente construye otras 9. Posee un importante programa
nuclear de uso militar dirigido contra Pakistán y sobre todo
China.
México:
cuenta con dos reactores de 654 MW cada uno en Laguna Verde, a
pesar de los recursos energéticos del país.
Argentina:
la central Atucha 1 se inauguró en 1974 y Embalse (600 MW) en
1983. Los refugiados nazis Ronald Richter y Walter Schnurr jugaron
un papel clave en el programa nuclear argentino y en el contrato
con la firma alemana KWU, del grupo Siemens.
Brasil: los
nazis Alfred Boettcher y Wilhelm Groth están en el origen del
programa nuclear brasileño, y sobre todo en el absurdo y leonino
contrato que Brasil firmó con la Kraftwerk Union (Siemens) para
adquirir 8 centrales nucleares. El programa se paralizó, pero el
país siguió pagando a la Siemens. Hoy sólo funcionan la nuclear
de Angra 1 y Angra 2.
Cuba: en
1992 se paralizó por falta de fondos la construcción de la
central nuclear de Juraguá 2 reactores de la obsoleta y peligrosa
tecnología soviética. Desde entonces cada cierto tiempo se
vuelve a hablar de ellos, la última vez a raíz de la visita de
Putin a Cuba en diciembre de 2000.
Pakistán:
Kanupp, el reactor de 125 MW de tecnología canadiense inaugurado
en 1972, está ligado al programa que permitió hacerse con la
bomba atómica. El conflicto con la India convierten a la zona en
la "más peligrosa del mundo", y no es descartable una
guerra nuclear entre India y Pakistán.
Italia: en
el referéndum de noviembre de 1987 se decidió abandonar la energía
nuclear, cerrando las centrales en funcionamiento o en construcción,
como Garigliano (150 MW), Latina (153 MW), Trino (260) y Caorso
(860 MW).
Austria: en
1986 se decidió clausurar definitivamente la central nuclear de
Zwentendorf.
Notas
y bibliografía
(1) José
Santamarta es director de World Watch.
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-Signos
Vitales. Informes anuales del Worldwatch Institute. (Gaia Proyecto
2050, Madrid)
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