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De los romanos al siglo XXI, Luciano Labajos sabe
todo sobre los jardines de Madrid a los que lleva dedicados 20 años
de investigación, práctica sobre el terreno, como Jardinero
Mayor del Vivero de la Casa de Campo, y docencia desde el Taller
que imparte cada mes de abril en la Casa Encendida.
Pregunta.- ¿Cómo afrontan la primavera los jardines de Madrid?
Respuesta.- Desde una mala planificación ante la sequía que
nos espera. Es una locura que el Ayuntamiento no haya tomado
medidas de ahorro de agua, como si fuera un recurso ilimitado, y
si no se empiezan o poner en marcha medidas de control, el
verano puede ser un desastre para los jardines, como ocurrió a
principios de los 90 que fueron años muy secos.
P.-¿Qué medidas deberían adoptarse en los jardines ante esta
posible situación de sequía?
R.- Es importante que se controle el agua y que se pongan en
marcha campañas de ahorro desde ya y de limitación de
fitosanitarios. Pero, sobre todo, hay que dejar de planificar
los jardines desde un punto de vista industrial, como si fueran
campos de golf, con inmensas praderas de césped, porque es algo
que Madrid no se puede permitir por su clima y por la escasez de
agua.
P.- Sorprende en su Manual de Jardinería Ecológica que estas
praderas de las que habla sean tan recientes en los jardines
madrileños.
R.- En Madrid nunca antes se habían utilizado praderas, se daba
mucha importancia a la huerta jardín, a especies autóctonas
muy adaptadas, al oficio de la jardinería y, lo más
importante, al uso sostenible de los recursos.
P.- ¿Qué debemos aprender de la jardinería de Felipe II?
R.- Su carácter ecológico, de proximidad a la naturaleza. Eran
jardines adaptados a las condiciones de Madrid con especies
resistentes que no necesitaban riegos intensivos. Se ajardinaban
las zonas principales de una forma cercana a la huerta, donde se
colocan las fuentes y las estatuas y el resto se deja como
finca, con las encinas, los fresnos y la vegetación de ribera.
P.- Habla en su libro de la existencia 300 hectáreas de huertas
ajardinadas alrededor de Atocha.
R.- Sí, se extendían alrededor de la estación y por el Paseo
del Prado. Eran sobre todo viñas y terrenos de cultivos.
Tenemos que aprender de esas huertas y arboledas naturales que
hoy han desaparecido en la ciudad, porque fue ese entorno
natural, esos jardines, lo que hizo que Madrid fuera elegida
como Corte. La Comunidad es una de las cinco zonas de jardines
históricos más importantes de España.
P.- ¿Cuál es el estado de estos jardines históricos en
Madrid?.
R.- No existe una protección eficaz por la dispersión de
competencias. Aquí los jardines son de todos y de nadie. Los
hay que dependen del Consejo Superior de Investigaciones Científicas,
como el Botánico; de Patrimonio Nacional, como el de Campo del
Moro; otros del Ayuntamiento y de la Comunidad y los hay
privados, pero no hay un mantenimiento con rigor. No existe un
plan director de uso y gestión de parques y jardines históricos
y la ley de jardines históricos, ni siquiera se ha
desarrollado.
P.- ¿Qué deberían hacer el Ayuntamiento y la Comunidad en
este sentido?
R.- Planificar los jardines de forma sostenible y
dar un buen ejemplo. En Madrid se están quitando arbustos autóctonos
y poniendo praderas en su lugar sin que dispongamos de agua para
regarlas, con lo cual están dando un pésimo ejemplo a los
particulares, que dirán que por qué se van a privar de césped,
si el Ayuntamiento lo pone por todas partes.
P.- ¿Es peligrosa la utilización de herbicidas e insecticidas
en el cuidado de los parques y jardines?
R.- Si, los herbicidas tienen muchos efectos secundarios para
los niños y para las mascotas cuando juegan en ellos,
contaminan los acuíferos y rompen la estructura biológica del
suelo. Es absurdo utilizarlos hoy día cuando pueden ser
sustituidos por sistemas de calor. Y en cuanto a los
insecticidas, debe recurrirse a los de la agricultura ecológica,
que no dejan residuos. El uso de estos productos debe
reducirse a casos excepcionales
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