Renovales
Los productores de renovables consideran básica la interconexión con Francia para la implantación de estas energías

Madrid, Octubre de 2005 www.infoecologia.com

La Asociación de Productores de Energías Renovables (APPA), considera que para el correcto desarrollo y la implantación de las energías renovables en España es imprescindible incrementar las interconexiones con Francia. El aumento de la interconexión –que debería ser, como mínimo, del 10% de la capacidad de generación de cada Estado miembro de la Unión Europea– garantizará que el sistema eléctrico español admita mucha más energía eólica sin poner en peligro su seguridad y permitirá con ello el cumplimiento de los objetivos de potencia asignados, tanto estatales como regionales, a esta y a otras fuentes de energía renovable.

 

La interconexión, explican en un comunicado, media de los países miembros de la Unión Europea (UE) ronda el 15% sobre su capacidad de generación, mientras que en España apenas supera el 3%; somos, según una conocida expresión, una “isla eléctrica”. Esto, además de dificultar el crecimiento de las energías renovables no programables, tiene otro efecto pernicioso: obliga a mantener operativas más centrales eléctricas convencionales de las necesarias –y en ocasiones, por debajo de los niveles de rendimiento aconsejables– para conseguir un margen de seguridad de abastecimiento suficiente, con lo que, por añadidura, se consumen más combustibles fósiles y se contamina aún más.

 

En la Cumbre de Barcelona de 2002, se aprobó que en 2005 –o sea, este mismo año– las interconexiones entre países miembros de la UE tendrían que ser, como mínimo, del 10% de su capacidad de generación. En el caso de España, esto supone pasar de una interconexión actual de 2.200 MW a otra de 6.800 MW.

 

El Plan de la Energía de Cataluña (PEC), actualmente en fase de culminación, considera la línea Bescanò-Figueres-Baixàs “una opción posible”. Los promotores de energías renovables apuestan por su construcción, ya que la línea contribuiría significativamente al desarrollo de la energía limpia, uno de los objetivos del PEC, que en su planificación energética potencia las energías renovables y prevé cubrir con ellas el 10% del consumo de energía primaria de Cataluña. 

 

Sin la interconexión con Francia será mucho más difícil que la energía eólica alcance los objetivos de potencia instalada que tiene asignados para los próximos años, tanto estatales como de las comunidades autónomas.

 

            Los productores de energías renovables, por encima de otras discrepancias sobre la interconexión –como el posible abastecimiento de Girona o su utilidad para cubrir las necesidades del AVE– quieren que, a la hora de valorar la cuestión, se tenga en cuenta la enorme importancia –mucho mayor de lo que ha trascendido a la opinión pública hasta ahora– que ese tendido con Francia tiene para la implantación de las energías renovables.

 

            Evitar cortes de producción eólica

Es bien sabido que la electricidad no puede almacenarse. Por eso se genera ajustándola al consumo y manteniendo un margen de seguridad que evite que la demanda supere la producción y haya un apagón. Las interconexiones forman parte de ese margen de seguridad, de modo que una subida fuerte del consumo –por ejemplo, durante una ola de frío– pueda compensarse importando electricidad. A la inversa, cuando la demanda baja bruscamente y se genera más electricidad de la que se consume, la interconexión permite exportar ese excedente, con lo que no se altera el correcto funcionamiento del sistema eléctrico ni se desperdicia energía.

 

Este margen de seguridad es muy importante cuando la electricidad la generan fuentes de energía aleatorias, como la eólica o la solar, que no pueden ajustar su producción a la demanda porque, respectivamente, dependen de que el viento sople y de la cantidad de nubes que recorran nuestros cielos. Técnicamente, se las denomina “no programables”.

           

Pues bien, aunque la solar todavía tiene que recorrer un largo trecho para verse afectada por las interconexiones porque su implantación es muy escasa, a la eólica no le ocurre lo mismo: con más de 9.000 MW instalados, ha llegado a aportar el 30% del consumo eléctrico total. Y sucede que, en momentos de poca demanda –ya ha ocurrido en las madrugadas de días señalados no laborables como el 1 de mayo o Año Nuevo–, los aerogeneradores pueden producir más electricidad de la que es capaz de absorber el sistema eléctrico, con lo que, por seguridad, se desconectan parques eólicos y se desperdicia energía. Con interconexiones, por el contrario, esta electricidad se exportaría sin mayores problemas y los parques seguirían operando con normalidad.

 

De este modo, una escasa interconexión limita el desarrollo de la energía eólica –y mañana, quizá, de la solar o de otras–, porque restringe la cantidad de electricidad no programable que admite el sistema eléctrico. Y nadie va a invertir en una instalación de generación, por muy limpia y renovable que sea, cuya producción no pueda llegarle al consumidor.

 

Uno de los resultados negativos que tuvo la política de autarquía del primer franquismo –sumado al rechazo que el régimen provocaba entre los aliados que vencieron a Hitler– fue el aislamiento eléctrico de la península Ibérica respecto al resto de Europa. Lamentablemente, todavía hoy seguimos arrastrando el problema, y se trata de un asunto que afecta directamente al desarrollo y la implantación de las fuentes de energía renovable.

 

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