MÁS ALLÁ DEL DEBATE NUCLEAR

Por Iván de Torres. Mayo de 2007. Infoecología.

En los próximos días Bruselas presentará un documento base para afrontar el abastecimiento energético en la UE, lo que supondrá el espaldarazo definitivo para que el debate en torno a la energía nuclear salte a la palestra con argumentos renovados.

Tras la catástrofe de Chernobyl en 1986 muchos gobiernos europeos anunciaron la paralización de nuevos proyectos nucleares y el progresivo cierre de las plantas que estaban en servicio. Durante más de una década el tema se consideró tabú, pero actualmente varias son las circunstancias que han vuelto a dirigir la atención hacia la polémica fuente de energía.

  • La primera de ellas, de índole económica, es la escalada del precio del petróleo, de proporciones similares a la ocurrida en los años 70, lo que ha provocado que muchos dirigentes europeos vuelven a considerar rentable la producción de energía eléctrica de origen nuclear.

  • En segundo lugar, los recientes enfrentamientos entre Rusia y Ucrania, que han llegado a provocar una disminución del flujo de gas natural hacia varios estados miembros.

  • Y por último cabe destacar la creciente conciencia que desde la UE se tiene acerca de las nefastas consecuencias que el calentamiento global provocará sobre sus ciudadanos, por lo que la energía atómica, una fuente considerada “libre de emisiones de CO2”, es presentada como una eficaz arma de lucha contra los efectos del cambio climático.

Estos argumentos se verán firmemente consolidados cuando el año que viene Finlandia ponga en marcha el reactor nuclear más grande del mundo. Fuera de las fronteras europeas, países como China, India o Taiwán también tienen en fase de construcción varias centrales, y en USA se aprobó el año pasado una ley para subsidiar generosamente nuevos proyectos nucleares.

El debate así presentado oculta otros aspectos que son más relevantes para afrontar el problema del abastecimiento energético. La energía nuclear se ve como una vía para disminuir la enorme dependencia energética de la UE, y los consabidos riesgos en materia de seguridad y de gestión de los residuos son soslayados argumentando que “será preciso prestar una especial atención a estas cuestiones” (Libro Verde de la Energía, Comisión Europea, 8 de Marzo de 2006).

Más allá del debate nuclear, algunas de las cuestiones que se deberían considerar como prioritarias para afrontar el reto energético que se le presenta a la UE en las próximas décadas son las siguientes:

  • El consumo energético final en la UE-25 creció un 11,6 % entre 1990 y 2003, y se prevé que esta tendencia se mantenga “salvo que se apliquen medidas adicionales de ahorro energético” (La energía y el medio ambiente en la Unión Europea: seguimiento de los progresos hacia la integración, 2006). Ante este hecho es prioritario establecer firmes políticas de reducción del consumo energético, fomentando medidas de ahorro y eficiencia y articulando medidas desde el punto de vista social destinadas a erradicar el feroz consumismo que impregna el estilo de vida de la gran mayoría de los países occidentales.

  • Invertir de manera decidida en energías renovables, principalmente eólica y solar, pues su potencial todavía no ha sido explotado al máximo, y fomentar aquellas que todavía no gozan de tanta atención, como la marina, la geotérmica o la energía procedente de la biomasa.

  • Como apuesta a largo plazo es imprescindible aumentar el esfuerzo en I+D de energías de futuro como la procedente del H o la fusión nuclear (como ya se está haciendo con el ITER de Cadarache, Francia).

Además, corremos el riesgo de que el debate nuclear oculte un cuestionamiento de vital importancia para afrontar el problema energético referente al modelo de abastecimiento eléctrico. En la actualidad este modelo se basa en grandes centros de producción que mediante una extensa red distribuyen la electricidad hacia los núcleos de población. Esto provoca que, además de las pérdidas que se dan en la distribución, el negocio energético se concentre en unas cuantas compañías que, aun estando sujetas a rigurosos controles gubernamentales, llevan a cabo prácticas monopolísticas perjudicando al consumidor final y al medio ambiente.

Un modelo energético basado en el autoabastecimiento de núcleos familiares y/o de edificios a partir de fuentes de energía renovables supondría un nuevo enfoque desde el que se podrían encontrar soluciones alternativas para resolver el problema del abastecimiento energético en Europa. Para ello es necesario seguir invirtiendo en una I+D energética orientada hacia el autoabastecimiento, tanto desde el punto de vista técnico como social, descentralizando el negocio de la energía y fomentando un estilo de vida más sostenible que no hipoteque la vida de nuestros descendientes hasta por lo menos dentro de 100.000 años, que es el tiempo durante el cual un residuo nuclear esta emitiendo radiación.

 

Iván de Torres

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