En Cerezo de Abajo, pequeña localidad al sureste
de0 la
provincia segoviana, existe desde hace unos cientos de años un
extraordinario y espléndido encinar. Lo componen varios
miles de abigarrados árboles; este pequeño oasis de verdor
ecológico le confiere una especial fisonomía al entorno rural,
siendo el principal valedor, junto con el Parque Recreativo La
Dehesa, del pueblo, cuyos habitantes se distinguen por su amor a
la naturaleza que les envuelve de norte a sur y de este a oeste.
La mayor superficie del Encinar se asienta en una pequeña loma,
que va cayendo en un suave declive hacia una vaguada, para
enseguida volver a ascender hasta encontrarse con la antigua
carretera nacional I y el barrio de Las Arandillas. Por la parte
sur limita con el Campo de Vuelos sin Motor, y dejándose ver, al
fondo, con Somosierra; por el norte lo hace con el ya nombrado
barrio de las Arandillas, un pequeño montecillo y las antiguas
eras. Casi, casi entra en el pueblo y, aunque no lo hace, algunos
hotelitos están a poco menos de cuatro metros de añosas encinas.
Por el oeste se funde con los campos, otrora de labor, sin llegar
a Mansilla, barrio anejo a Cerezo. Finalmente por la parte este se
junta con la nueva Autovía Madrid-Irún, llegando a sobrepasarla
y, dejándose arrastrar lame la ladera del cerro Pelón y le queda
como telón de fondo, impresionante, el majestuoso pico de
Cebollera.
¿Cuántas de estas centenarias encinas estuvieron a punto de
sucumbir años atrás? Sí, sí, estuvieron seriamente amenazadas
por el inevitable progreso que en aras de su interés todo lo
arrolla. ¿Lo sabían ustedes? Muchos lo recordarán. Se estaba
procediendo al trazado de la nueva autovía y los Ayuntamientos
iban siendo informados por el desaparecido ministerio de Obras
Públicas para que éstos alegasen los pros o contras que la
citada obra les iba a deparar. La nueva obra viaria, naturalmente,
tendría que dejar de pasar por el centro del pueblo como lo
hacía la carretera nacional I. Y dieron comienzo las tareas
preparatorias para acometer la empresa; se comenzó a estaquillar
por la parte norte y se comprobó que el Encinar iba a quedar muy
mal herido, cercenado, prácticamente roto; su superficie arbórea
quedaría reducida, quizás, en un 40 por ciento; ¿cuántas
especies, con cientos de años a sus endurecidas espaldas y de
gran corpulencia, caerían bajo las implacables palas de las
excavadoras? Digamos, sin temor a equivocarnos, unos cientos.
Alertadas las autoridades municipales de la localidad, se
hicieron acompañar por algunos vecinos realizando numerosas e
incansables gestiones ante las autoridades correspondientes.
Estas, ante las alegaciones tan firmes y convincentes que se les
exponían, no dudaron en realizar un nuevo trazado para que la
Autovía pasara lo más alejada posible de tan rico y paradisíaco
paraje, y que sufriera el mínimo daño. Se realizó el desvío
por la parte este, de esta manera sólo resultarían afectadas
poco más de una docena de árboles. Insignificante. El Encinar se
había salvado, gracias al tesón de unos hombres amantes del
entorno que les rodea. Y, hoy, se puede contemplar esta maravilla,
este oasis lleno de vida, tal como quedará para las futuras
generaciones que vendrán a ocupar nuestros lugares en el
transcurrir de la vida. No puedo evitar traer a colación a Mark
Twain, en su "Diario de Adán y Eva", cuando escribe:
..."y cuando te subes a una roca en el centro mismo y
contemplas toda esa abigarrada explanada salpicada, cuajada de
alegres colores, de un crepitante resplandor y de destellos, y tan
llena de franjas que se diría que se trata de un lago. Pero sabes
que no lo es".
Pero sí puede serlo, este y cualquier otro paraje singular que
la naturaleza sabiamente ha puesto ahí para nuestro gozo,
disfrute y aprovechamiento; sólo hay que entornar la vista unos
momentos ante tanta belleza natural, dejarse llevar en brazos de
fantástico transporte, y el gozo de esos irrepetibles instantes
quedarán para siempre, firmemente, fijados en nuestra mente, como
tesoro privado y particular que cada uno poseeremos para siempre
mientras transcurra nuestro vivir y gozando lo que la mano del
Creador ha puesto a nuestro alcance.
Desde muchos lugares puede admirarse este encinar cerezano. Yo
recomendaría para su contemplación el final de la calle de las
Arandillas; allí existe una atalaya natural, que domina el
amplísimo panorama lleno de vida y colorido en unos atardeceres
que difuminan su contorno. Y no es nada raro contemplar las
evoluciones de águilas, escuchar el canto de los búhos, y
también ver tordos, cuervos, lagartos, conejos... y un gran
rebaño de ovejas, dando buena cuenta, sin dejar de caminar
cansina pero progresivamente, en busca del abundante, fresco y
apetitoso pasto, seguido del pastor con los perros que las guían
por el encinar.
Podemos leer en un buen diccionario o enciclopedia,
conocimientos para saber un poco más de estos centenarios y
robustos árboles.
ENCINA (Quercus ilex) árbol de
la familia de las fagáceas, tronco grueso, ramificado en varios
brazos, de donde parten las ramas, formando una copa grande y
redonda; alcanza de diez a doce metros de altura, y en muchos
casos puede llegar hasta los 25. Hojas elípticas, espinosas,
duras, correosas, persistentes, verdinegras por la parte superior
y más o menos blanquecinas por el envés, florecillas de color
verde amarillento, machos y hembras, de estas últimas el árbol
dará su fruto, la bellota, dulce o amarga, según variedades. Su
madera es muy dura y compacta. Como arbusto es conocido como
chaparro o carrasca. Especie adaptada a los bruscos y frecuentes
cambios de temperatura. Ocupan el 70 por ciento de nuestro
territorio. Florecen en abril-mayo. Sus frutos y semillas se
recolectan en el otoño. Germinan fácilmente pudiendo sembrarse
inmediatamente o esperar a la primavera. En un hoyo se pone tierra
suelta y en el fondo se depositan 4 o 5 ejemplares tumbados y sin
la caperuza o boina, a un profundidad no mayor de los 10 cm. Hay
que regarlas periódicamente. Una vez germinadas deben espaciarse
los riegos. Para su posterior transplante la mejor época es el
otoño siguiente o la primavera.
La bellota es un fruto rico en taninos y se puede emplear en
repostería. En Extremadura, es utilizada para elaborar licor de
bellota. Y es un excelente manjar para el cerdo ibérico que
después nos regalará esos inimitables jamones. Como
astringente es excelente y en dermatología se aplica en
cataplasmas en las llagas y eccemas así como para curar aftas y
heridas en la boca.
