La ventana

Una sección de Arturo Larena Gómez
(texto y fotos)

alg1.jpg (899258 bytes)

Parajes
El Encinar

Cerezo de Abajo (Segovia), julio de 2005 (Infoecología)

En Cerezo de Abajo, pequeña localidad al sureste de0 la provincia segoviana, existe desde hace unos cientos de años un extraordinario y espléndido encinar. Lo componen varios miles de abigarrados árboles; este pequeño oasis de verdor ecológico le confiere una especial fisonomía al entorno rural, siendo el principal valedor, junto con el Parque Recreativo La Dehesa, del pueblo, cuyos habitantes se distinguen por su amor a la naturaleza que les envuelve de norte a sur y de este a oeste. 

La mayor superficie del Encinar se asienta en una pequeña loma, que va cayendo en un suave declive hacia una vaguada, para enseguida volver a ascender hasta encontrarse con la antigua carretera nacional I y el barrio de Las Arandillas. Por la parte sur limita con el Campo de Vuelos sin Motor, y dejándose ver, al fondo, con Somosierra; por el norte lo hace con el ya nombrado barrio de las Arandillas, un pequeño montecillo y las antiguas eras. Casi, casi entra en el pueblo y, aunque no lo hace, algunos hotelitos están a poco menos de cuatro metros de añosas encinas. Por el oeste se funde con los campos, otrora de labor, sin llegar a Mansilla, barrio anejo a Cerezo. Finalmente por la parte este se junta con la nueva Autovía Madrid-Irún, llegando a sobrepasarla y, dejándose arrastrar lame la ladera del cerro Pelón y le queda como telón de fondo, impresionante, el majestuoso pico de Cebollera.

¿Cuántas de estas centenarias encinas estuvieron a punto de sucumbir años atrás? Sí, sí, estuvieron seriamente amenazadas por el inevitable progreso que en aras de su interés todo lo arrolla. ¿Lo sabían ustedes? Muchos lo recordarán. Se estaba procediendo al trazado de la nueva autovía y los Ayuntamientos iban siendo informados por el desaparecido ministerio de Obras Públicas para que éstos alegasen los pros o contras que la citada obra les iba a deparar. La nueva obra viaria, naturalmente, tendría que dejar de pasar por el centro del pueblo como lo hacía la carretera nacional I. Y dieron comienzo las tareas preparatorias para acometer la empresa; se comenzó a estaquillar por la parte norte y se comprobó que el Encinar iba a quedar muy mal herido, cercenado, prácticamente roto; su superficie arbórea quedaría reducida, quizás, en un 40 por ciento; ¿cuántas especies, con cientos de años a sus endurecidas espaldas y de gran corpulencia, caerían bajo las implacables palas de las excavadoras? Digamos, sin temor a equivocarnos, unos cientos.

Alertadas las autoridades municipales de la localidad, se hicieron acompañar por algunos vecinos realizando numerosas e incansables gestiones ante las autoridades correspondientes. Estas, ante las alegaciones tan firmes y convincentes que se les exponían, no dudaron en realizar un nuevo trazado para que la Autovía pasara lo más alejada posible de tan rico y paradisíaco paraje, y que sufriera el mínimo daño. Se realizó el desvío por la parte este, de esta manera sólo resultarían afectadas poco más de una docena de árboles. Insignificante. El Encinar se había salvado, gracias al tesón de unos hombres amantes del entorno que les rodea. Y, hoy, se puede contemplar esta maravilla, este oasis lleno de vida, tal como quedará para las futuras generaciones que vendrán a ocupar nuestros lugares en el transcurrir de la vida. No puedo evitar traer a colación a Mark Twain, en su "Diario de Adán y Eva", cuando escribe: ..."y cuando te subes a una roca en el centro mismo y contemplas toda esa abigarrada explanada salpicada, cuajada de alegres colores, de un crepitante resplandor y de destellos, y tan llena de franjas que se diría que se trata de un lago. Pero sabes que no lo es".

Pero sí puede serlo, este y cualquier otro paraje singular que la naturaleza sabiamente ha puesto ahí para nuestro gozo, disfrute y aprovechamiento; sólo hay que entornar la vista unos momentos ante tanta belleza natural, dejarse llevar en brazos de fantástico transporte, y el gozo de esos irrepetibles instantes quedarán para siempre, firmemente, fijados en nuestra mente, como tesoro privado y particular que cada uno poseeremos para siempre mientras transcurra nuestro vivir y gozando lo que la mano del Creador ha puesto a nuestro alcance.

Desde muchos lugares puede admirarse este encinar cerezano. Yo recomendaría para su contemplación el final de la calle de las Arandillas; allí existe una atalaya natural, que domina el amplísimo panorama lleno de vida y colorido en unos atardeceres que difuminan su contorno. Y no es nada raro contemplar las evoluciones de águilas, escuchar el canto de los búhos, y también ver tordos, cuervos, lagartos, conejos... y un gran rebaño de ovejas, dando buena cuenta, sin dejar de caminar cansina pero progresivamente, en busca del abundante, fresco y apetitoso pasto, seguido del pastor con los perros que las guían por el encinar.

Podemos leer en un buen diccionario o enciclopedia, conocimientos para saber un poco más de estos centenarios y robustos árboles. 

ENCINA (Quercus ilex) árbol de la familia de las fagáceas, tronco grueso, ramificado en varios brazos, de donde parten las ramas, formando una copa grande y redonda; alcanza de diez a doce metros de altura, y en muchos casos puede llegar hasta los 25. Hojas elípticas, espinosas, duras, correosas, persistentes, verdinegras por la parte superior y más o menos blanquecinas por el envés, florecillas de color verde amarillento, machos y hembras, de estas últimas el árbol dará su fruto, la bellota, dulce o amarga, según variedades. Su madera es muy dura y compacta. Como arbusto es conocido como chaparro o carrasca. Especie adaptada a los bruscos y frecuentes cambios de temperatura. Ocupan el 70 por ciento de nuestro territorio. Florecen en abril-mayo. Sus frutos y semillas se recolectan en el otoño. Germinan fácilmente pudiendo sembrarse inmediatamente o esperar a la primavera. En un hoyo se pone tierra suelta y en el fondo se depositan 4 o 5 ejemplares tumbados y sin la caperuza o boina, a un profundidad no mayor de los 10 cm. Hay que regarlas periódicamente. Una vez germinadas deben espaciarse los riegos. Para su posterior transplante la mejor época es el otoño siguiente o la primavera.

La bellota es un fruto rico en taninos y se puede emplear en repostería. En Extremadura, es utilizada para elaborar licor de bellota. Y es un excelente manjar para el cerdo ibérico que después nos regalará esos inimitables jamones. Como astringente es excelente y en dermatología se aplica en cataplasmas en las llagas y eccemas así como para curar aftas y heridas en la boca.

 

ALG es periodista

Ver otras columnas de ALG

Estás en www.infoecologia.com