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La columna verde |
Lo que vi y fotografié para Infoecología |
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Por
ALG (2005).
Primeros
días
de
este
mes
de
junio
en
que
estamos.
Me
encontraba
en
la
parte
trasera
de
mi
casa
enredando
en
unas
incipientes
acelgas
recién
replantadas.
En
la pared
que
separa
la
vivienda
del
campo,
una
tapia
en
la
que
tengo
colocadas
varias
piedras
para
sujetar
del
viento
la
alambrada
y
la
pared
de
los
duros
hielos
del
invierno.
De
pronto,
observo cómo
de
una
manera
lenta
y parsimoniosa
hace
su
aparición
un
hermoso
ejemplar
de
lagarto
ocelado.
Me
quedo
absorto
observando
el
bellísimo
colorido
de
su
piel y
el
garboso
aire
de
su
porte.
Intento
contener
la
respiración
y
no
mover
ni
un
músculo
de
mi
cuerpo
para
evitar
una
rápida
huída
de
tan
magnifico
ejemplar.
Este
se
queda
quieto
disfrutando
de
la
soleada
y
caliente
piedra.
Pasa
un
buen
rato
y
por
fin,
me
decido
a
entrar
en
la
vivienda
a
coger
una
pequeña
cámara
de bolsillo
(gracias,
Cristina
Benito),
más
diminuta
que
un
paquete
de
tabaco
y
más
delgada
que
un
librillo
antiguo
de
papel
de
fumar.
Disparo
por
vez
primera
y
enseguida
veo
que
la
imagen
captada
no
sirve.
Esta
demasiado
lejana.
Hay
que
acercarse
muchísimo
más.
¡Si
tuviera
un
teleobjetivo
a
mano!
Ajusto
la
cámara
a
macro,
si
el
lagarto
se
mosquea
y
se
va,
mala
suerte,
pero
no
tengo
otra
opción.
Me
arriesgo.
Me
arrimo
y
hago
la
foto.
¡Albricias!
Vale.
FOTO1:
Los
lagartos
siguen
sin
asustarse
ante
mi
presencia
moviéndome
lo
más
lentamente
que
puedo.
Sigo
embobado
contemplando
su
actuación,
la
verdad
con
un
poco
de
miedo
al
tener
que
aproximarme
tanto,
unos
20
o
30
centímetros.
Y
es
que
de
lagartos
lo
único
que
sabía
es
que
tienen
unos
afiladísimos
y
puntiagudos
dientes.
El
acto
de
amor
termina.
Los
animales
se
separan
y
se
quedan
juntos
un
poco
mas
en
la
soleada
piedra.
Hago
la
FOTO
4:
Poco después, macho y hembra se van juntos por entre las piedras del murete y tras unos dos metros de andadura, de pararse y de volver a caminar, se dejan deslizar pared abajo para perderse de mi vista entre la alta, abundante y tupida vegetación que abundantes lluvias han hecho crecer con profusión. Todo ha terminado. ¿Cuánto tiempo ha transcurrido? No lo sé, ni me importa. He conseguido mi objetivo de registrar gráficamente para la revista INFOECOLOGÍA esta corta pero emocionante sesión de unos animales, el lagarto ocelado, que afortunadamente aún quedan en nuestra península. Mi estimación y respeto para ellos. Ojalá que su divulgación contribuya a que muchas personas los estimen, los respeten y los dejen vivir en la fauna ibérica. He tenido que leer un poco del LAGARTO OCELADO (Lacerta Lepida) para saber algo de estos seres. Antes no los conocía. Se lo cuento aquí: Se caracteriza por poseer una cabeza grande y aplanada con fuertes mandíbulas, cuerpo robusto y extremidades y cola notablemente desarrollada (el de nuestra fotografía número 1 mediría de boca a cola unos 30 centímetros). Su coloración es de un bello verde esmeralda, amarillo y con manchas redondeadas de un color azul intenso y rodeadas de un anillo negro. Es de carácter tímido, muy ágil, rápido y trepa con gran facilidad por paredes y árboles en cuyas oquedades busca refugio cuando se ve en peligro, no dudando en desprenderse de su cola, que se regenera en poco tiempo. Se defiende con fiereza o huye con éxito de sus enemigos. Su hábitat está preferentemente en lugares secos, áridos, soleados, en zonas de matorral, taludes y bordes de carreteras y también, con un poco de suerte, en la pared de tu casa en el campo. Durante el invierno permanece inactivo oculto en oquedades profundas de roedores u en otros refugios. Se alimenta principalmente de insectos y pequeños mamíferos, si bien acepta todo tipo de alimentos, incluso frutas. Tiene como principales enemigos a la culebra bastarda, al águila culebrera, la calzada y, cómo no, a la especie humana. El hombre lo ha capturado para aprovechar su carne que dicen es delicada y sabrosa. Su piel ha sido utilizada para la fabricación de correas de reloj y pequeños complementos. También ha sido utilizado como material educativo e investigación en terrarofilia. Esta especie es propia del sureste de Europa, estando estrechamente asociada al ecosistema mediterráneo. Su distribución incluye, además de la mayor parte de la península ibérica, el sur de Francia y el noroeste italiano. En España ha sido detectado en todas las comunidades autónomas continentales, aunque falta en la parte alta de la cornisa Cantábrica y está ausente de Vizcaya y Guipúzcoa. Se encela entre los meses de abril y mayo (nosotros conseguimos estas fotos en los primeros días del actual junio). La incubación durará unos tres meses, naciendo los pequeños lagartos de unos huevecillos depositados en una oquedad excavada por la hembra bajo piedras o troncos de árboles. El lagarto ocelado está actualmente protegido por las leyes europeas y sólo se permite su captura en razón de investigación. |
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ALG es periodista |
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