La columna verde

El Parque de la Fuente del Berro

Por Arturo Larena Gómez, (Diciembre de 2004). La quinta del Berro, siglo XVII, que se encuentra en la calle Enrique D´Almonte al final de la de Jorge Juan, es hoy conocida por Parque de la Fuente del Berro, que durante mi infancia transcurrida por aquel barrio, siempre contemplé cerrado y como si estuviera rodeado de un halo de misterio.

Este parque tiene su historia: tras pasar por pertenecer a diferentes propietarios, fue adquirido por el Ayuntamiento de Madrid en la década de los años 40. El Ayuntamiento se hizo cargo de su conveniente restauración, convirtiendo aquel recinto cercado de alta valla, así lo recuerdo, en un hermoso parque verde abierto al público años más tarde. Lo que entonces para mí había sido un recinto misterioso al que no se tenía acceso, era un romántico y recoleto jardín, de 13 hectáreas, que sus propietarios habían ido convirtiendo en un pequeño jardín botánico, en el que iban plantando especies que traían de lejanos países. Cuando la finca fue convertida en parque y abierto para disfrute del público, éste podía disfrutar de su tranquilidad y silencio, escuchando únicamente el runrún de las hojas de los árboles, y los pausados andares de los majestuosos pavos reales que recortaban sus gráciles siluetas por los paseos y el césped de sus jardines. Para los vecinos de la zona fue una verdadera bendición ya que carecían de una zona verde tan a mano de sus casas.

 

El Parque de la Fuente del Berro que se encuentra, como ya decimos, al final de la calle de Jorge Juan, está rodeado por su parte noroeste de los hotelitos de la Colonia Iturbe; por la este el Arroyo Abroñigal, hoy convertido en flamante M-30; por el sur bajaba un camino que arrancaba del Paseo del Doctor Esquerdo hasta el puente de La Elipa, que cruzaba el mencionado Arroyo y donde se ubicaban los antiguos traperos que iban casa por casa en Madrid, recogiendo las basuras sin más compensación económica que lo poco que sacaban para los animales que mantenían, la carbonilla que vendían cuando la escasez de carbón y poco más. Hoy es el famoso "Pirulí" y los estudios de Televisión Española los que están a su vera.

 

Si usted lo visita no deje de acercarse a la fuente que le da nombre. Se desconoce cuándo fue construida y quién fue su autor. Pero sí se sabe que María Luisa de Orleáns no dejaba que faltara en su mesa el agua de la misma; era creencia popular que ésta poseía propiedades curativas e incluso que era afrodisíaca. Se decía también que cuando el rey Carlos II daba fiestas, sus ilustres invitados preferían beber agua de la tal fuente, a tanto llegaba su extendida fama, en detrimento de los vinos que se servían en su mesa. Hoy día su caudal es pobre, su calidad muy dudosa y por tanto poco o nada recomendable.

 

Su flora es variada y sus aromas son de tomillo y verbena. En el mismo existe un palacete dedicado al poeta ruso Alexander Pushkin, edificio que hoy día está destinado a Centro Cultural. Desde este palacete se contempla todo el jardín organizado en terrazas escalonadas, pues al estar en pendiente así se equilibra el desnivel existente. El edificio conserva los restos de un jardín sevillano y fue construido en el primer tercio del siglo XX. Hay una estatua, del poeta ruso Pushkin, pensativo y como contemplando el palacete; otra estatua, ésta del también poeta español Bécquer. Para unir los jardines que rodean el edificio y la entrada al parque por la Fuente del Berro, existe una larga escalera que termina en pequeña plazoleta. Allí se conjugan grandes coníferas con los claros de los jardines, y en su zona más baja existe un lugar para juegos infantiles. Además de los pavos reales la fauna la componen ardillas y patos que campan a sus anchas junto a pequeños lagos. Idílico ¿verdad? Pues no. Nada de eso.

Los grafiteros han irrumpido con fuerza en este bello rincón. La fotografía es

una muestra bastante elocuente de lo que decimos, el pictórico vandalismo de las pintadas llega a todos los sitios, aquí nos ha dejado huella visible de su paso. Hay que cuidar lo que se tiene, hay que recuperar lo que era bello rincón, hay que vigilarlo. Los vecinos se quejan y lamentan pero poco más pueden hacer.

ALG es periodista

Ver otras columnas de ALG

Estás en www.infoecologia.com