La columna verde

El crudo

Por ALG, (2004). Llevo un tiempo, ya va siendo largo, intranquilo, y un tanto preocupado.

Lo que me tiene así es observar la necesidad cada vez más urgente que el mundo tiene de petróleo para seguir medianamente funcionando. Actualmente no es que se busque  debajo de las piedras, es un decir, sino debajo de las aguas, en profundidades marinas cada vez mayores. Y esto, me pregunto, ¿no puede llegar a ser peligroso para el medio ambiente? ¿No puede llegar a producirse un error, un escape en esas perforaciones marinas, que fluya  líquido de manera incontrolada y se vayan contaminando los mares de un modo imparable?. O tenemos tanto dominio de la técnica que es imposible un desastre de esta naturaleza. El medio ambiente esta siendo agredido de mil maneras distintas. Los adelantos tecnológicos no consiguen solucionar tanto problema como se crea a la naturaleza.  Los ríos cada vez están más contaminados; igualmente la atmósfera, por poner dos casos más a mano. De ahí  mis preguntas a  mi  mismo. Pero no obtengo respuesta alguna. Mi  preocupación no desaparece; una equivocación, un fallo humano, y ¡zas!, la tenemos liada. El fallo técnico produciría la catástrofe, una vez producida ésta ¿cómo volveríamos  al punto inicial de partida para dejar todo como estaba? ¿Quién pagaría los platos rotos?

Volviendo a la extracción de crudo en aguas profundas: sabemos que los mares y océanos cubren más del 70 por ciento de la superficie del planeta. Hace poco menos de 50 años, los fondos marinos eran poco menos que un misterio insondable. En ese mismo periodo de años ¿qué sabíamos de la Luna? Lo mismo que de los fondos marinos. Nada, o prácticamente nada. Hoy en los albores del siglo XXI la exploración y extracción de hidrocarburos en aguas abisales de los mares del planeta, es una realidad, como realidad fue el poner un hombre en la Luna. Y pese a los altísimos costes del  crudo submarino, los países y empresas se dedican cada vez  más intensamente y a más profundidad  a su extracción.

La primera vez que se dispararon los precios del crudo, lo motivó el embargo que decretaron los países árabes allá por los años 1973-74. Este fue el pistoletazo de salida y desde entonces la carrera de precios al alza no ha parado y por el momento nadie encuentra el modo de reconducirla a la baja. ¿Se acuerdan ustedes de las colas que formábamos cuando anunciaban una peseta de subida el litro de gasolina? Sin embargo, hoy día ni nos ocupamos de semejante bobería. Y el caso es que hay más petróleo en el mercado pero los precios en lugar de bajar suben. Esto tendrá alguna explicación que por el momento, desconozco.

Desde que los americanos se metieron en Irak, todos nos figurábamos que los precios del crudo subirían y subirían. ¿Hasta donde y hasta cuanto?  Esta vez ha sido la guerra en Irak. Mañana será cualquier otra cosa. Hoy por hoy,  recién comenzado el otoño de este año 2004 el precio del barril de crudo ha superando ya los 50 dólares. Y esto con ser muy preocupante para la economía mundial y las previsiones de crecimiento de todos los países del mundo, es mucho más preocupante porque han de multiplicarse las extracciones petrolíferas mundiales, tanto en tierra firme como en profundidades marinas. El hombre moderno necesita de esta energía como el comer. Hemos sustituido nuestras viejas cocinas de leña por gas o electricidad. Las calefacciones también se mueven por fuel, en fin todo se basa en el petróleo, hasta una simple bolsa de plástico que nos dan en el supermercado para llevar los alimentos que acabamos de adquirir.

Saquemos más crudo de este viejo planeta, pero saquémoslo con medida, con tiento, con cuidado para no dañar el medio ambiente. Evitemos los hábitos claramente agresivos y perjudiciales para nuestro entorno y así será menos difícil cumplir con el Protocolo de Kioto que obliga a reducir la emisión de gases de efecto invernadero. El dióxido de carbono (CO2) está muy presente en muchas de las actividades cotidianas. Y la extracción de crudo en el mar es ya una actividad cotidiana y frecuente en el mundo y al parecer, muy pronto tal actividad estará funcionando a dos pasos de nuestras costas.

ALG es periodista

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