La columna verde

El Gatero

Por ALG (2004). Le veo desde la terraza de mi casa. Todos los días, casi a la misma hora, caída la tarde. Sin faltar ni uno solo. Su andar es pausado, tranquilo. En una mano, la izquierda, una bolsa de plástico, no muy abultada. En la otra, enguantada con uno de látex.

En cuanto hace su aparición por el lugar donde campan sus "amigos", le escucho llamarlos, a pesar de la distancia y la altura que nos separa y como éstos empiezan, poco a poco, primero tímidamente, después más confiados, a ir apareciendo y acercándose a él. Saben ya a lo que viene y le siguen dóciles y mansos hasta el lugar donde va a dejarles su ración de alimento. "El Gatero", así le llamo, no crean ustedes que deja en cualquier lugar la ración alimenticia para sus mininos. ¡No, no! Tiene bien escogidos los lugares donde va depositando el yantar gatuno. Son tres o cuatro los lugares donde lo hace. Nunca a la vista de los humanos o de otros animales. Y les aseguro, si ustedes se dan una vuelta por el lugar, no verán restos o suciedad de comida. Todo está limpio y a punto de revista.

 

Los animalitos se lo agradecen acercándosele confiados; recibiendo una leve caricia o dando pequeñas carreras y alguno, mas interesado o más astuto, dirigiéndose directamente al lugar donde les dejará su ración de alimento. Esta retahíla de mininos; unos grandes, otros pequeños, gata otra y con la barriga abultada, se crían a su aire desde hace ya muchos años en los jardincillos de un gran centro hospitalario. Nadie les acosa y cuando luce el sol se les puede ver tumbados recibiendo la caricia gratificante del calor.

 

Este invierno, la "gatada" es pequeña, está disminuida. La última primavera-verano llegué a contar 10-12 mininos que hacían su aparición cuando aparecía su benefactor. Algunas personas a quienes gustan estos animalitos, cuando los ven pequeñines, se los llevan para tenerlos como mascotas. Pienso que ésta y no otra es la causa de su disminución.

 

Valga esta pequeña reflexión o comentario, como un pequeño homenaje a este desconocido amigo de sus queridos animales, y al mismo tiempo, ejemplo de urbanidad y limpieza con el medio ambiente. Ojalá le pudieran ver, y lo que sería aún mejor, tomar ejemplo, las personas que no recogen la suciedad de sus no culpables e inocentes mascotas.

ALG es Periodista

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