La columna verde

Un nido en mi rosal

Por ALG, Texto y fotos. Una pareja de aves ha construido su nido en un rosal trepador que crece y se desarrolla en una pérgola de mi pequeño jardín. No he observado cuando lo construían hasta que no han venido asiduamente a alimentar a la pollada, tres en total, que acurrucadas, comparten habitáculo mullido y confortable para sus escasas defensas, en este nacer a la vida.

Se trata de verderones, unos pajaritos pequeños a los que les ha gustado mi tranquilo jardín. He visto los polluelos en cañones;  posteriormente y poco a poco, he visto como les ha ido saliendo el incipiente plumaje y como han ido adquiriendo tamaño y cobrando fuerza, gracias al desvelo y cuido de la madre que puntualmente ha venido a alimentarlos con regularidad, tomando toda clase de precauciones ante posibles enemigos. Alguno de los tres hermanos va más adelantado en su crecimiento, normal. Ha sido más ambicioso a la hora de abrir su pico descomunalmente para ingerir el primero el yantar que venia del pico de su madre.

     

          

 Muy pronto, quizás en tres o cuatro días más abandonaran el tranquilo nido donde han venido a este mundo. Ya he visto a dos de ellos salir del mismo y ponerse en una ramita a otear el panorama. Sus pequeñas alas también han empezado a agitarse. De éste modo irán cogiendo la fuerza necesaria que los hará echarse a volar para buscarse la vida sin la ayuda de sus progenitores. Así, si todo discurre como hasta ahora, el mundo tendrá tres nuevos habitantes.

 

Estas aves, los verderones, son  muy comunes  en España. Pertenecen  a la familia de los Fringillidae: cardelinos pinzones, canarios, verdecillos, verderones, jilgueros, pardillos, camachuelos, piquituertos y picogordos. Su librea es discreta y está adornada únicamente de amarillo en la frente, pecho y el obispillo. Vive frecuentemente en parques y jardines, pero también lo hace en otros terrenos en busca de comida, semillas, orugas y brotes tiernos. Al comienzo de la primavera construye su nido en las proximidades donde abundan las coniferas. También nidifica en  árboles frutales, arbustos y rosales de jardines.

 

El nido lo construye la hembra en una delgada rama , es mullido y lo hace a base de hierbas, líquenes e incluso emplea telas de araña. Mientras realiza éstas labores, el macho, en lo alto de la copa del árbol más cercano, lanza sus interminables cantos, tratando de animar a su trabajadora compañera y, durante su serenata,  inicia unos sinuosos vuelos con sus alas desplegadas y la cola abierta, lo que le hacen parecer una mariposa.  Esta parafernalia tiene su significado característico, está marcando su territorio. Ningún otro macho será admitido en sus proximidades.

 

Un año más, las aves han venido a visitarme, otrora fueron los vistosos jilgueros, los que nidificaron en este mismo rosal. Por cierto, observo de un tiempo acá una disminución en estas aves. No han vuelto a nidar en este mismo rosal, ni veo las pequeñas bandadas que se posaban en  los cardos en flor, para extraer las deliciosas semillas que tanto les gustan. En fin, el verano está con toda su fuerza arreando de lo lindo; cuando los aspersores de riego están rociando el verde en la atardecida, las golondrinas rasan su vuelo y se dejan mojar por las finas gotas de agua. Esto es una satisfacción y estas pequeñas cosas alegran la existencia y el vivir diario. Un ruego pequeños visitantes: no dejéis de venir todos los años a esta vuestra casa y así cumpliendo un ciclo de la vida alegrar con vuestros trinos y vuelos, nuestros corazones.

 

           

 

ALG es periodista

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