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La columna verde |
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Una
de
las
“marcas”
que
distingue
a
los
productos
y
servicios
con
menor
impacto
ambiental
es
la
ecoetiqueta
europea,
un
símbolo
oficial
de
la
UE
para
impulsar
la
oferta
y
la
demanda
de
este
tipo
de
bienes.
En
España
ya
cuentan
con
esta
distinción
diecisiete
artículos,
entre
productos
textiles,
de
limpieza
y
pinturas,
entre
otros.
Y
no
es
fácil
ya
que
la
mayoría
de
ellos
han
tenido
que
ser
específicamente
diseñados
por
las
empresas
para
poder
obtener
esta
marca.
Las
exigencias
para
conseguir
la
ecoetiqueta
son
muchas,
entre
ellas,
que
el
producto
ofrezca
realmente
una
mayor
protección
al
medio
ambiente,
como
mínimo
sea
tan
bueno
como
otro
que
no
ofrece
esas
ventajas
ambientales
y
que
estas
características
no
impliquen
un
aumento
del
precio.
Todos
estos
requisitos
se
garantizan
con
evaluaciones
y
revisiones
periódicas.
A
simple
vista,
parece
comprensible
la
conveniencia
de
optar
por
los
productos
con
ecoetiqueta.
Pero
a
pesar
de
que
se
venden
en
todo
el
país
y
algunos
son
muy
conocidos,
la
mayoría
de
los
consumidores
no
serían
capaces
de
citar
alguno
de
ellos.
Ni
siquiera
podrían
explicar
cual
es
el
símbolo
que
debe
figurar
en
sus
envases,
una
flor
con
las
estrellas
de
la
UE
en
lugar
de
pétalos
y
el
símbolo
del
euro
en
su
centro.
Hay
que
confiar
en
la
voluntad
de
los
compradores.
También
en
la
de
los
empresarios,
que
contagiados
de
una
filosofía
verde
y,
más
aún,
conscientes
de
la
rentabilidad
de
fabricar
artículos
inofensivos
para
el
medio
ambiente
están
dispuestos
a
diseñarlos
para
aumentar
las
ventas.
Lo
que
parece
que
falla
es
la
divulgación
de
las
posibilidades
que
tienen
los
consumidores
para
elegir,
para
saber
que
pueden
comprar
igual
de
bien
y
contaminar
menos.
Al
mismo
tiempo,
un
mayor
conocimiento
de
la
ecoetiqueta
sería
también
el
impulso
que
se
necesita
para
que
cada
vez
haya
más
artículos
con
menor
impacto
ambiental
y
que,
en
el
futuro,
sean
predominantes. |
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Cristina Alvarez es periodista ambiental |