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Por
Javier
Dotú.
EL
AGUA:
Sin
agua
no
se
puede
vivir;
sin
agua
no
se
puede
subsistir;
sin
agua
ni
siquiera
se
puede
ser.
Prueba
de
ello
es
que
el
hombre,
siempre,
ha
buscado
la
proximidad
del
agua
para
establecer
sus
asentamientos.
El
agua
abunda
y
se
nos
presenta
con
diversos
disfraces;
pero
también
se
consume
desigualmente
y
en
ocasiones,
aún
a
sabiendas
de
su
importancia
vital,
se
envenena.
El
agua
es
agua
y
es
vida
siendo
hielo;
el
agua
es
agua
y
es
vida
siendo
lluvia;
el
agua
es
agua
y
es
vida
siendo
río;
el
agua
es
agua
y
es
vida
siendo
mar.
Muchos
han
intentado
privatizar,
este
bien
común;
pero
el
agua
es
fluida
y
veloz
y
se
cuela
y
escurre
y
escapa
de
esas
manos
que
quieren
aprisionarla,
estancarla.
Pese
a
ello
el
intento
existe
y
quienes
consiguen
al
menos
algo
de
su
control,
disfrazan
su
racionamiento
con
eufemismos
como
explotación,
depuración,
almacenamiento,
distribución;
y
cobran
una
tasa
por
esos
servicios;
pero
sobre
todo
dejan
patente
su
dominio,
su
poder
exclusivo
sobre
un
bien
que
debería
ser
común.
Es
evidente
que
la
depuración
y
la
canalización
del
agua
para
que,
en
los
países
occidentales,
llegue
a
todos
los
hogares,
ha
sido
uno
de
los
mayores
avances
de
la
humanidad
en
su
cotidiana
carrera
hacia
el
progreso.
La
higiene
que
se
ha
derivado
de
ello
ha
sido
el
primer
eslabón
de
una
cadena
que
sólo
ha
reportado
beneficios
para
la
salud
del
ser
humano;
pero
también
cabe
decir
que
la
utilización,
no
del
agua,
sino
de
su
fuerza
para
mover
turbinas
y
producir
electricidad
ha
llevado
al
poder
establecido
a
embalsarla
y
retenerla
en
presas
artificiales
para
luego
dejarla
caer
con
fuerza
por
gigantescas
y
pronunciadas
pendientes
de
cemento.
Y
esas
grandes
obras
hidráulicas
si
bien
no
enturbian
el
agua
destruyen
el
entorno
ecológico
por
donde
antaño
transitaban
mansamente.
¿Efecto
beneficioso
o
efecto
perverso?
Tal
vez
en
los
platillos
de
una
hipotética
balanza
pesen
más
los
beneficios
que
los
perjuicios.
Tal
vez.
Pero,
¿y
las
instalaciones
de
industrias
contaminantes
a
lo
largo
de
los
cauces
de
nuestros
ríos
que
realizan
vertidos
nocivos
para
toda
la
vida
que
lleva
y
conlleva
el
agua?
Afortunadamente,
cada
vez
más,
las
autoridades
que
tutelan
nuestras
aguas
se
van
percatando
de
que
en
esta
balanza
el
beneficio,
si
lo
hay,
es
para
unos
pocos
desalmados
mientras
que
el
perjuicio
es
para
todo
lo
que
es
vida
y
pretende
seguir
siéndolo.
Ojalá
que,
como
Machado,
nuestra
necesidad
del
agua
sea
solamente
un
hermoso
sueño
poético:
Anoche
cuando
dormía
soñé,
¡bendita
ilusión!
que
una
fontana
fluía
dentro
de
mi
corazón
Di
por
qué
acequia
escondida
agua,
vienes
hasta
mí,
manantial
de
nueva
vida
en
donde
nunca
bebí.
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