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La columna verde |
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Elementos comunes IV - El Mar; La Mar |
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Y
su
barrunto
en
aquel
entonces
se
hizo
realidad
cuando,
en
una
nueva
canción
desolada,
rememoraba
un
mar
cuna
de
vida
y
camino
de
sueños
convertido
en
una
cloaca. El
mar,
la
mar,
desde
el
principio
de
los
tiempos,
aparte
de
las
riquezas
intrínsecas
que
posee,
abría
a
los
hombres
la
posibilidad
de
trasladarse,
descubriendo
así
nuevas
tierras
con
nuevos
y
mejores
recursos
y
mayores
espacios
para
sus
asentamientos.
Empezaron
recorriendo
pequeñas
distancias
con
sus
catamaranes,
sus
pancos
de
batanga
y
sus
canoas. Más
tarde,
impelidos
por
el
viento
que
inflaba
sus
velas
se
arriesgaron
a
navegar
a
mayor
distancia
y
en
barcos
más
grandes
descubriendo
archipiélagos
y
Continentes.
Pero
hacía
falta
más
velocidad,
más
potencia
y
más
capacidad...
y
surgió,
para
paliar
esas
carencias,
el
combustible.
Y
sus
gases
y
sus
residuos
se
vertieron
en
el
mar.
Pero
los
mares,
con
sus
370.000.000
de
kilómetros
cuadrados
lo
asimilaban
todo
y
todo
lo
purificaban.
¿Hasta
la
saturación? ¡Ancha
es
Castilla!
A
los
vertidos
de
aceites,
residuos,
aguas
de
lastre
y
basuras
de
los
barcos,
se
les
han
unido
procedentes
de
los
seres
humanos
a
través
de
los
ríos,
las
costas
y
la
atmósfera,
millones
de
toneladas
de
residuos
contaminados
y
contaminantes. Diariamente, solamente en vertidos directos, se estima que se arrojan a los océanos más de ocho millones de toneladas de residuos industriales y más de doce millones de toneladas de aguas fecales.
Estos
no
son
datos
que
requieran
nuestra
atención
sino
nuestra
empeñada
prevención
porque
ya
ha
sonado
la
alarma. Ojalá que en una tercera canción, Joan Manuel vuelva a hablarnos de playas limpias y aguas transparentes; pero eso es poesía de todos. |
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