La columna verde

Elementos comunes VI - El Aire

Por Javier Dotú /Infoecologia.

Dominique Lapierre y Larry Collins acaban de publicar un libro que se titula “Arde New York”, remedo de aquel otro gran éxito suyo, “Arde París”; pero a mí me da la impresión de que esos títulos no son más que un serial por entregas porque lo que en realidad “arde” es el mundo; o al menos va camino de ello debido al progresivo calentamiento de la atmósfera propiciado y amparado por el efecto invernadero.

 

La atmósfera que es la capa de aire que rodea la tierra, tiene más de 1.000 kilómetros de altitud que, ateniéndonos a sus funciones hemos dividido en tres grandes zonas. La biosfera, donde se producen todos los procesos biológicos; la troposfera, donde se dan los fenómenos meteorológicos que influyen en el clima; y la estratosfera que es donde se forma la capa de ozono; entre otros fenómenos.

 

Hasta hace poco más de 200 años (Revolución Industrial / Invención de la Máquina de Vapor), la atmósfera, en sus capas más bajas, sólo se veía alterada por los fuegos accidentales y por las erupciones volcánicas; Desde entonces hasta nuestros días todo ha variado de forma vertiginosa. El ser humano (o al menos algún ser humano) se ha enseñoreado de más de 100 kilómetros de atmósfera, que engloban la biosfera y la troposfera, para, paulatinamente, usar ese espacio como vertedero.

 

La combustión que propulsa automóviles, aviones y todo tipo de industrias, ha ido incrementando el porcentaje de CO2 en el aire; el aire que respiramos y que es imprescindible para la vida (biosfera). De tal manera que, antes de que la máquina de vapor revolucionara la industria, la concentración de CO2 en la atmósfera se calculaba en una 280 partes por millón. En la actualidad, recientes cálculos llevados a término por la Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC) de la ONU, han evaluado la concentración en 370 partes por millón, lo que representa un incremento del 32%.

 

El aire está compuesto en un 99% de Nitrógeno (78%) y de Oxígeno (21%). El 1% restante lo forman en muy pequeñas cantidades gases como el Neón, Helio, Argón, Ozono, Xenón, etc. Si sabemos que cuanto mayor es la concentración de CO2, menor es la de Oxígeno, no debe extrañarnos el incremento que han sufrido las enfermedades pulmonares con incidencia en lesiones gasofaríngeas y neurovegetativas en general.

 

La campaña emprendida contra el tabaco, bien está; pero tal vez deberíamos considerar que eso es un intento de desviar la atención, de camuflar la “gran contaminación atmosférica”, culpando de todos los males a la “pequeña contaminación del tabaco”. ¡Ojo!, no estamos exonerando al fumador ni a la combustión de tabaco; pero su condena no deja de ser un “efecto placebo” que enmascara el mal que nos envuelve y que deteriora múltiples procesos biológicos.

 

     Siempre me han caído mal esas empresas que se gastan “tantos humos”.