La columna verde

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Por Javier Dotú /Infoecologia. Hay quien, en cuanto llegan los calores o simplemente ve asomar un sol radiante más de tres días seguidos, decide reciclarse. Como si de un propósito de enmienda debido a un sentimiento de culpabilidad se tratara, el ciudadano o ciudadana que nota el “michelín” desaforado por encima del pantalón, no duda en colocarse ropa deportiva y salir a triscar por esas calles de Dios sin detener su ejercicio ni siquiera ante los semáforos en rojo donde continúa saltando compulsivamente como si le acometieran unas incontenibles ganas de hacer pipí.

            Hay quien, al ponerse el “lacoste” o quitarse las medias se percata del color de la piel de sus extremidades y ante su blanca palidez, les aplica hasta despellejarse, sesiones intensivas de rayos UVA o de lámpara de cuarzo.


            Hay quien, a la vista de la báscula, se propone una sobriedad alimentaria y está dispuesto/a a ingerir solamente productos ecológicos.

            Hay quien deja de fumar.

            ...

            Yo mismo decidí repasar los reglamentos de la mar por si alguna vez navegaba y me encontré con la grata sorpresa de que desde el 29 de Diciembre de 1.972, existe un Convenio Internacional, firmado por España, sobre la Prevención de la Contaminación Marítima (Convenio MARPOL) que regula todo lo relativo a la eliminación de cualquier tipo de residuos contaminantes que provengan de los buques. ¡Aleluya!


            Así, el Anexo I, prohíbe verter a la mar cualquier producto, líquido o sólido, que contenga un porcentaje de hidrocarburos superior a 15 partes por millón.


            El Anexo IV, no permite la descarga de aguas sucias procedentes de inodoros, a menos de 12 millas de la costa, navegando a 4 nudos.


            El Anexo V, relativo a las basuras, plásticos, papel, trapos, vidrios y metales, expresa la prohibición absoluta de arrojarlos a la mar; mientras que los desechos de alimentos se tienen que descargar a 12 millas de la tierra más próxima.

            Tanto la Ley de Puertos, como Marina Mercante, establecen importantes sanciones a los responsables de infracciones a las normas antedichas. Pero hay quien...


            Parece como si la trasgresión fuese para ellos un reto tan importante como la limpia y deportiva navegación. ¡No es cierto! La más mínima trasgresión en la mar, que se convierte en agresión contra el ser humano, denota en quien la comete, la más elemental falta de solidaridad, de civismo y de sensibilidad que se puede encontrar en los 7 mares. Es un acto de piratería que debe ser castigado.


            A ver si, de una vez, conseguimos ver nuestro Mare Nostrum libre de heces, de cadáveres de animales, de residuos plásticos y demás inmundicias que, a fin de cuentas, trasvasan su toxicidad a los peces y a través de la cadena alimenticia, regresa, para contaminar y envenenar al ser humano.