La columna verde

Colorines

Por Javier Dotú. Lo que nos venden, lo que cada día nos venden, es un mundo de colores y por eso, de un tiempo a esta parte a cada color le adjudican una característica inequívoca; aunque en algunos casos se disputen el “tinte” distintas tendencias.


Ya los antiguos, a quienes se postulaban para representar a sus paisanos se les llamó candidatos (de candor que significa blanco), porque debían presentarse ante su presunto electorado con túnica blanca para demostrar la honradez de sus intenciones y la honestidad de sus actuaciones (¡Cuánto ha cambiado esto, verdad!).

La prensa, los “media” que se dice ahora, también ha tenido que colorearse para cualificar sus impresiones; y así considera deleznable aquélla a la que tilda de amarilla y se muestra tolerante con la que apellida rosa, tal vez porque acoge en su seno y alimenta a muchos mediocres titulados y, claro, el corporativismo es el corporativismo. Siempre teniendo en cuenta que lo ortodoxo es poner negro sobre blanco.


Hay libros blancos y crónicas negras; y personas a las que se las sigue considerando rojas; y ni qué decir tiene cuando alguien tiene que comerse algún marrón.

 

Antaño era “de colores” quien había realizado sus cursillos de cristiandad y hoy, todos los colores del arco iris abanderan las tendencias homosexuales.

 

Aunque tal vez el color que ha experimentado una mayor eclosión y una mejor y rápida identificación sea el verde como sinónimo de ecologismo; y, ¡ay!, ¡cuántos camuflados de espinaca no son otra cosa que mala hierba!

ONG’s, agrupaciones humanitarias e incluso partidos políticos tienen que ser verdes para demostrar sus señas de identidad y ya, también, hasta la energía se nos publicita y vende como verde. Y no basta que la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) asegure que el Tribunal de Defensa de la Competencia que avala la venta de energía verde por parte de Endesa e Iberdrola no garantiza en absoluto que esa energía proceda de fuentes renovables; ni que la Comisión Nacional de la Energía (CNE) indique que la publicidad que esas dos empresas desarrollan respecto a la energía verde, deba clasificarse de “engañosa”, para que los gerifaltes de las dos empresas ya citadas no sólo se sientan la mar de satisfechos, sino que facturen esas ventas con un incremento del 2% (Será porque las fuentes, supuestamente impolutas, tienen un coste adicional).

 

Por mucho menos, a esos responsables, hay razones más que suficiente para ponerlos verdes...

            ¡Verde que te quiero verde...

            O mejor:

            Colorín colorado, este cuento se ha acabado.