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Por
Javier
Dotú.
“Yo
no sé muchas cosas, es verdad,
digo tan sólo lo que he visto;
y he visto...
He
pedido prestados estos tres versos a León Felipe para encabezar mi artículo
y voy a explicar por qué.
Por motivos profesionales que
yo he intentado maquillar de placenteros, he recalado este verano en
Brasil: “La Amazonia, destinada a ser el gran pulmón del Planeta, está
en manos de auténticos depredadores..., etc., etc.”
Eso había leído y eso le lee todavía; pero creo que se está
propiciando una determinada alarma social de forma gratuita y, sobre
todo, repleta de gran dosis de ignorancia ya que Brasil es grande y
verde como su bandera; porque su vegetación es tan abundante y prolífica
que de momento no hay depredador tan rápido y tan voraz que pueda
esquilmar o desertizar sus selvas. Además, por ejemplo, en Río de
Janeiro donde conviven, entre favelas y barrios estructurados 16.000.000
de personas, éstas, mantienen un constante y cotidiano respeto a todo
lo que suene a verde o a ecológico.
La playas, playas urbanas que ocupan sólo
en Río más de 80 kilómetros, están limpias, limpísimas; ¿por qué?
Porque existe la prevención y la orden y los medios municipales de
limpiarlas todos los atardeceres; y porque a los ciudadanos, que de esos
hay de todo, como en botica, se les conciencia, primero; se les facilita
recipientes, contenedores o cubos de basura próximos, segundo; y se les
multa, tercero. Y lo mismo puede decirse de las calles; y de los parques
que se alternan en igualdad de superficie con el asfalto en la ciudad de
Río. Pero en Salvador de Bahía ocurre lo mismo; y en Iguazú; y en
Petrópolis; y en Cabofrío; y en Niteroi; y en Búzios...
Eso es lo que he visto. Y lo
que he visto me hace pensar que, tal vez, pseudo ecologistas interesados
necesiten desviar la atención hacia las selvas de Brasil para que no
nos fijemos en la serranía de Cuenca o en los montes de Toledo. ¿Y
nuestras ciudades están limpias? ¿Existe concienciación ciudadana
para no escupir en la acera los restos de las pipas de girasol que
masticamos? ¿Y nuestros ríos? –Aprendices de río como nombró
Quevedo a alguno de ellos - ¿Pueden, minúsculos regatos, absorber toda
la suciedad que arrojamos impunemente? ¿Y las playas? Si en nuestras
playas es necesario que ondee una bandera europea que certifique su
limpieza, eso significa que existen las que están sucias...
Por todo lo dicho, eso de la macro ecología
(las selvas brasileñas, las pruebas nucleares en atolones del Pacífico...),
me suena un poco a cuento chino. Y, claro, tengo que concluir como
concluye el poema de León Felipe:
“...
pero me he dormido con todos los cuentos
y sé
todos los cuentos.”
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