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Por
Javier
Dotú
/
Fotografías:
A.
Larena
(abril
2003). Estaba
entretenido
en
mi
silencio,
meditando...
bueno,
para
quitarle
trascendencia
a
este
gerundio,
digamos
que
cavilando
sobre
distintos
idiotismos
que,
como
la
"falsa
monea",
de
boca
en
boca
van
y
ninguno
los
entiende:
"biodiversidad",
"medio
ambiente",
"desarrollo
sostenible",
"recursos
naturales",
"impacto
ecológico",
...
¿Cómo
definir
y
sobre
todo,
cómo
mensurar
esos
conceptos?
Sin
duda
habría
que
buscar
el
elemento
patrón,
bucear
hasta
los
orígenes,
hasta
las
más
hondas
raíces...
y
las
palabras
me
llevaron
a
la
noción,
al
objeto:
el
árbol.
Con
árbol,
con
árboles
se
hacen
comprensibles
las
ideas;
y
el
árbol,
los
árboles,
crecen
ante
nuestros
sentidos
para
ser
maternales:
"Quien
a
buen
árbol
se
arrima,
buena
sombra
le
cobija"...!Cobija!...!Bella
palabra!
Engloba
protección,
amparo,
frescor.
Tal
vez
por
su
proximidad,
por
su
sencillez,
pensamos
que
el
árbol,
los
árboles,
pasan
desapercibidos,
que
no
se
los
valora
como
se
merecen;
pero
si
lo
hiciéramos
sería
un
mal
pensamiento
porque
el
hombre,
desde
el
principio
de
los
tiempos,
creciendo
en
sensibilidad,
incluyó
el
árbol
en
su
adoración
y,
al
decir
de
Plinio,
"los
árboles
fueron
los
primeros
templos"
y
luego,
heridos
por
el
rayo
o
creciendo
en
inhóspitos
parajes,
fueron
edecanes
de
las
divinidades
griegas
y
romanas;
el
olivo
estaba
dedicado
a
Minerva
en
la
Acrópolis
de
Atenas
y
el
haya
a
Júpiter,
en
Roma.
Zeus,
envidioso,
tenía
asignado
a
su
culto
todo
un
bosque
de
encinas.
El
laurel
y
la
palmera
eran
árboles
de
Apolo.
A
Venus
se
le
consagró
el
mirto;
y
el
álamo
fue
atributo
de
Hércules...
El
hombre
se
ha
reunido
a
lo
largo
de
los
tiempos
en
torno
a
los
árboles
y
ha
formado
familias
y
ha
edificado
pueblos
a
los
que,
en
agradecimiento,
los
ha
llamado:
La
Acebeda:
El
Álamo;
Castañares;
Cercedilla;
Figueras;
Guadalix;
Hedo;
Lloret
de
Mar;
Martorell;
Nogueria;
Olesa
de
Motserrat;
Oliva;
Pineda;
La
Pinilla: Poblet; Sacedón...
Y
el
hombre,
reunido
con
sus
familias
ha
ido
observando
su
entrono
y
desgranando
sapiencias
en
ripios
y
sentencias
que
se
han
hecho
populares:
"Árboles
y
amores,
mientras
tengan
raíces,
tendrán
hojas
y
flores";
"El
álamo
largo
y
enjuto
ni
da
sombra
ni
da
fruto",
"De
tal
árbol,
tal
madera",
"Cual
el
tronco,
tal
rama";
"De
buen
bosque,
buen
árbol";
"De
buen
árbol,
buena
sombra"...
pero
sobre
todo,
un
refrán
poco
conocido,
pero
que
ya
desde
el
siglo
XVI
barruntaba
difícil
el
porvenir
del
árbol:
"Donde
un
árbol
cabe,
¿por
qué
no
lo
hay?".
Y
el
hombre,
hoy
reunido
con
sus
familias
y
asomándose
a
los
medios
de
información,
tal
vez
al
encontrarse
con
esas
locuciones:
"biodiversidad",
"medio
ambiente",
etc.,
tal
vez,
digo,
si
multiplica
por
árboles,
le
sean
más
fáciles
de
comprender.
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