La columna verde

Kioto. Desde Rusia con Amor

Por Javier Dotú.  Quienes hemos sido niños de posguerra hemos vivido la demonización de la críptica Rusia, la comunista Rusia, llena de traidores y de espías. Nombres como KREMLIN (que en realidad es un nombre común que señala las partes altas y fortificadas de las ciudades) nos producían escalofríos; y ¡qué decir de SIBERIA!: muchos más escalofríos (especialmente por motivos climáticos); y el GULAG; y las purgas; y el KGB...

 

Pues resulta que no es tan fiero el león como lo pintan. Especialmente si, hoy por hoy, podemos entrar y salir del País con entera libertad; especialmente si multimillonarios rusos, paradigmas de feroz capitalismo (ay), se dedican a adquirir equipos de fútbol por esos mundos; y especialmente si Rusia se nos presenta, desde finales de Octubre, como la salvadora del Planeta Tierra al inclinar la balanza que facilitará poner en marcha el Protocolo de Kioto.

 

El Protocolo de Kioto del que mucha gente habla y del que se desconoce “de la misa la media”, consiste en un programa para que los países firmantes se comprometan a reducir paulatinamente sus emisiones de CO2 a la atmósfera; pero para que este Protocolo pueda entrar en vigor, debe ser ratificado por un mínimo de 55 países y que entre ellos sumen el 55% de las emisiones de dióxido de carbono. Hasta ahora el Protocolo lo han firmado 120 países, aunque sus emisiones de gas sólo alcanzan un 44,2%. Rusia, firmante número 121 contamina la atmósfera con un 17,4%, por lo que, al ratificar la Duma, nombre que allí dan a nuestro Parlamento, con 334 votos a favor, 73 en contra, y 2 abstenciones su adhesión al Protocolo, se consigue superar los mínimos establecidos: más del 60% de emisiones y la firma de 121 países; lo que significa que el Protocolo de Kioto, pese a no estar ratificado por EEUU cuyas emanaciones alcanzan casi el 30% mundial, puede entrar próximamente en vigor.

Esa entrada en vigor significa, nada menos, que se podrá: aumentar la presión sobre EEUU para que subscriba el tratado; desarrollar los instrumentos adecuados para que los países firmantes cumplan sus compromisos (comercio de emisiones, fiscalidad ecológica, supresión de subvenciones a los combustibles fósiles, imposición de sanciones,...); y propiciar las energías renovables(eólica, solar, hidráulica...).

Todo ello, esperemos, irá encaminado a crear una vía para solucionar el amenazador cambio climático que ya se ha manifestado ostensiblemente en forma de frecuentes e inusuales ciclones, tornados y perturbaciones.

La Duma rusa ha estudiado el Protocolo de Kioto y, finalmente le ha dado “luz VERDE”... nunca mejor dicho.