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Por
Javier
Dotú. Napoleón
dijo
o
al
menos
se
le
atribuye
a
él,
la
frase:
“La
música
es
el
menos
desagradable
de
los
ruidos”.
Hoy,
seguramente,
esta
frase
la
enunciaría
de
forma
distinta,
diciendo:
“El
ruido
es
la
más
desagradable
de
las
músicas”,
a
lo
que
tendríamos
que
añadir
que,
ese
ruido
que
da
lugar
a
una
auténtica
contaminación
(mal
llamada
acústica)
es,
además
perjudicial
o
mejor,
altamente
perjudicial
para
la
salud
en
cuanto,
de
forma
constante,
supera
niveles
de
65
decibelios.
Vivimos
inmersos,
especialmente
en
las
ciudades,
en
un
universo
de
ruidos:
El
coche
o
la
moto
(nadie
que
se
precie
y
sobre
todo
que
quiere
que
los
vecinos
le
“precien”
puede
vivir
sin
coche
o
sin
moto)
son
las
principales
fuentes
de
contaminación
(mal
llamada
acústica).
El
ruido
de
los
motores,
sumado
al
de
la
“discoteca
ambulante”
que
algunos
vehículos
llevan
incorporada
sonando
a
“toda
pastilla”,
son
los
responsables
directos
de
múltiples
enfermedades
nerviosas;
pero
también
se
ha
demostrado
su
influencia
en
dolencias
cardiovasculares,
en
afecciones
en
las
glándulas
endocrinas
y
en
el
aparato
digestivo,
así
como
alteraciones
en
el
sueño,
carácter
irritable,
aumento
del
estrés
y
dificultades
de
concentración
en
el
trabajo
o
en
el
estudio.
Y
sobre
todo,
provoca
la
sordera:
La
pérdida
progresiva
de
la
capacidad
auditiva,
convierte
al
individuo
en
un
inválido
prematuro,
un
tullido
que
ve
mermadas
sus
capacidades
para
desenvolverse
normalmente
en
sociedad.
A
la
vista
de
semejante
agresión
que
afecta
a
más
del
20%
de
la
población
urbana,
se
ha
puesto
en
marcha
el
Proyecto
de
la
Ley
del
Ruido
(más
idóneo
hubiera
sido
nombrarla
“Ley
del
Silencio”,
pero
a
veces
hay
connotaciones
que...
).
En
cualquier
caso,
bienvenido
sea
el
Proyecto
y
bienvenida
sea
la
Ley
que
de
él
se
derive
que,
sin
duda,
ayudará
a
los
ciudadanos
a
disfrutar
de
mayor
paz,
sosiego
y
tranquilidad
que
se
traducirá
en
mayor
bienestar.
Ojalá
que
no
se
estanque
y
se
tramite
con
rapidez;
pero
una
vez
más
conviene
preguntarse:
¿qué
fue
antes,
la
vía
del
tren
o
las
casas
circundantes?;
¿qué
fue
antes,
el
aeropuerto,
la
carretera,
etc.,
o
las
viviendas
que
han
ido
levantando
en
su
entorno?;
¿qué
fue
antes,
la
especulación
o
la
calidad
de
vida
digna?
Por
eso,
bienvenido
sea
el
Proyecto
de
Ley;
pero
pensemos
que,
desde
siempre,
ha
sido,
es
y
será
mejor
prevenir
que
remediar.
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