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Por
Javier
Dotú.
En
un
sentido
amplio,
pero
no
por
ello
inexacto,
la
ecología
es
la
ciencia
que
estudia
todo
lo
que
forma
parte
del
lugar
en
que
vivimos
(Etimológicamente
viene
del
griego
“oicos”
que
significa,
casa
y
de
“logos”
que
significa,
tratado,
estudio.):
la
tierra
que
pisamos,
el
aire
que
respiramos,
las
fragancias
que
olemos,
las
plagas
que
soportamos,
la
contaminación
que
sufrimos,
la
naturaleza
que
gozamos...,
y
también
las
bondades
y
las
agresiones
que
les
afectan.
Todo
entra
en
el
ámbito
de
la
ecología.
Pero
además,
la
ecología,
debe
ocuparse
de
los
vestidos
que
nos
cubren,
las
comidas
que
nos
alimentan
y
las
bebidas
que
nos
sacian.
¡Ancha
es,
pues,
la
ecología!
Y
sus
competencias
infinitas.
Tantas
como
el
devenir
de
la
vida
misma.
La
ecología
forma
parte
de
nuestras
vidas,
siendo
nosotros
elementos
activos.
La
ecología,
remedando
la
conocida
frase
hecha,
también
podría
exclamar:
“Nada
humano
me
es
ajeno”.
Y
en
contraprestación,
nosotros,
los
humanos,
también
deberíamos
decir
que
nada
ecológico
puede
sernos
ajeno.
En
ese
toma
y
daca
debemos
participar
considerando
defectos
y
virtudes,
críticas
y
loas,
derechos
y
deberes...
Cuando
en
nuestro
entorno
se
produce
una
agresión
o
una
contaminación
ecológica,
exigimos
contundentemente
nuestros
derechos
para
que
nos
devuelvan
la
atmósfera
respirable
o
la
vida
digna;
pero
cuando
nuestro
coche
no
pasa
la
ITV
porque
el
tubo
de
escape
tiene
una
fisura,
no
pensamos
que
estamos
contribuyendo
a
una
cierta
contaminación
y
nos
quejamos
de
“esos
sacaperras
que
lo
único
que
buscan
es
llenarse
los
bolsillos
a
costa
nuestra”.
O
cuando...
(podríamos
poner
tantos
ejemplos
en
los
que
eludimos
nuestra
responsabilidad
arguyendo
ridículas
excusas...).
También
desde
el
ámbito
de
la
escritura,
quienes
tenemos
la
posibilidad
de
opinar,
debemos
no
sólo
denunciar
las
agresiones
que
se
producen
sino
alabar
las
virtudes
de
lo
bueno
que
existe,
de
lo
que
se
ha
conseguido
o
de
lo
que
se
ha
conseguido
después
de
denunciado.
Para
eso
estamos:
Para
estimular,
por
ejemplo
a
quienes
pueden
y
deben
a
facilitarnos
espacios
para,
como
vulgarmente
se
dice,
darnos
un
respiro.
Por
eso
hoy
me
gustaría
instar
a
todos
los
munícipes
y
ediles
que,
sin
duda
son
quienes
pueden
y
deben,
elegidos
o
reelegidos
en
las
últimas
elecciones
democráticas
a
que
reserven
alguna
parcela
de
su
ciudad
para
convertirla
en
parque
/
pulmón
para
solaz
y
recreo
de
todos
sus
vecinos.
Por
eso,
también,
hoy
me
gustaría
instar
a
todos
esos
vecinos
a
que
reciban
esos
parques
/
pulmones
como
un
preciado
bien
y
que
los
cuiden
y
los
protejan
como
algo
propio.
Sobre
todo
porque
en
España
es
proverbial
aquello
de
“Tanto
monta,
monta
tanto...”.
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