La columna verde

Arboledas quemadas

Por Javier Dotú. De repente, sin previo aviso, ocurren las cosas. Tanto las maravillosas como las catastróficas: Son vendavales, ráfagas apenas intuidas que nos dejan atónitos, con el rostro sorprendido y la mirada vacilante entre el infinito y lo tangible.

Pero otros acontecimientos se producen como el deshielo: gota a gota o verso a verso, que diría Machado.


Foto: A. Larena


Se me agolpan refranes y frases hechas: (Un grano no hace granero, pero ayuda a su compañero; La gota que hace desbordar el vaso...) con principios físicos: (El alud como multiplicación de copos de nieve...) con reglas matemáticas (La suma y la multiplicación...) con enunciados económicos en los que, merced a un catalizador, la micro economía puede convertirse en macro economía. Se me agolpan, se me juntan y se mezclan en desordenado batiburrillo.

Recientemente, en otro artículo, intentando dar una pincelada lírica, insinuaba que podríamos institucionalizar “el árbol” como unidad de medida de la ecología.

Estamos a las puertas del verano: El sol, el sol mediterráneo, el sol de España (sólo o en compañía de otros), puede asolar bosques abrasando árboles en su conjunto y calcinando tierras antes sombreadas.

Desde esta efímera tribuna quiero pedir que lo “micro” no se convierta en “macro”; que el fuego de la “chuletada” no se convierta en incendio forestal; que afinemos nuestros instrumentos de prevención y cuidado para no tener que lamentar nuestra naturaleza desafinada.

Se acercan días de verano y vacación en los que debemos, quienes amamos nuestro entorno, abogar por el cuidado, el amor, y el respeto por el paisaje que va a acompañarnos y a arroparnos en estos días estivales.

Tiempo ha, cuando se descubrieron el ”marketing” y la televisión como eficaces correctores de determinadas actitudes cívicas, la publicidad lanzó una consigna admonitoria: “Cuando un bosque se quema, algo suyo se quema”.

El inefable Perich le añadió el estrambote: “Cuando un bosque se quema, algo suyo se quema, Señor Conde”

Mi amigo, el humorista Javier de Campos, rizó el rizo de la crítica diciendo: “Cuando un bosque se quema, algo suyo de urbaniza, Señor constructor”.

De todo ello sigue siendo vigente hoy que “Cuando un bosque se quema, algo nuestro se destruye que difícilmente vamos a recuperar”.

Javier Dotú es actor y escritor.
Otras columnas de Javier Dotú