La columna verde

Elementos comunes I

Por Javier Dotú. Considero que buena parte del deterioro ecológico que sufrimos se debe a la pésima utilización de los elementos comunes. Pésima por mala gestión, por interesada gestión, por insolidaria gestión, etc.


Cuando los hombres aparecieron en el Planeta tenían como elementos comunes, la tierra, el agua y el aire, porque, que yo sepa, nadie concedió escrituras de ninguna parcela a nadie, pero... puesto que lo que es de todos no es de nadie, si no es de nadie, puede apropiárselo alguien y pasará a ser suyo. ¡Ya empezamos!

 

 Desde el mismo momento en que se pusieron límites al campo, comenzó el deterioro de la naturaleza. Ya que estamos, hablemos de la tierra, ese elemento común que pisamos todos.


Las sociedades primitivas delimitaron terrenos para la caza y posteriormente para la recolección de frutos que espontánea y naturalmente les ofrecía la tierra. Más tarde, otros terrenos, también acotados, fueron sembrados y recolectados.


Pero el hombre es un ser imperfecto zarandeado por pasiones y circunstancias: la envidia, el odio, la ira, el rencor, disgregaron a esos hombres que al encontrar terrenos a su gusto los hicieron suyos y a partir de ahí, como en botica, hubo de todo: buenas, regulares, malas y pésimas gestiones.


Como bien dice el refrán: “Aquellos polvos trajeron estos lodos” y todavía el lodazal era franqueable cuando solamente se apropiaban de la superficie; pero cuando empezaron a hurgar en las entrañas y descubrieron la riqueza en recursos naturales que escondía la tierra, aquellas envidias y aquellos odios se tornaron violencias, guerras provocadas para adueñarse, en territorio ajeno, de lo que se carece en el propio; y esos poderosos, prepotentes vencedores, temiendo que vengan terceros a hacer lo mismo que ellos han hecho, codiciosamente esquilman, hasta rebañar la última gota de riqueza, las entrañas de la tierra conquistada.

 

Volveré en más ocasiones sobre esos elementos que, ¡ay!, fueron comunes, porque hoy, en el Siglo XXI, más del 15% de la superficie terrestre se encuentra degradada por causa de su ocupación y explotación.


Como aviso para navegantes, en España, la superficie forestal pública es de un 34% frente al 66% que ocupa la privada. Pero no es un mal español ya que, en Francia, la superficie forestal privada alcanza el 70%; y en Finlandia y Suecia, llega hasta el 80%.


La gestión, lógicamente interesada, de la explotación de esos bosques privados, ha provocado y provoca una pérdida progresiva de la fertilidad del suelo, lo que augura una erosión próxima y una desertización futura.


El que avisa...