La columna verde

Elementos comunes II - La Tierra

Por Javier Dotú. “En tierra de señorío ni lo que piso es mío”. La sabiduría popular acuñó este refrán para dar a entender que aquello que por ley natural debería ser un elemento común, la tierra, era un elemento exclusivo por vía de la conquista o la usurpación.

 

¿Pero qué movía y mueve a esos señores de la guerra a conquistar territorios? ¿La sensación de dominio? ¿El afán de poder? ¿La soberbia? Sin duda esas fueron y aún son, causas habituales; pero además: la riqueza en pastos de esas tierras; la riqueza del subsuelo de esas tierras; la riqueza agrícola de esas tierras; y la situación estratégica de esas tierras.

 

Así pues, por todas esas causas o simplemente por alguna de ellas, el elemento común, público, la tierra, se convierte en exclusivo, privado.


Hasta aquí, conociendo al ser humano ese devenir es comprensible aunque no aceptable. Lo que no se alcanza a comprender es por qué ese ser humano soberbio, dominante y poderoso se dedica a destruir aquello que conquistó:

 

¿Riqueza en pastos? 680 millones de hectáreas se encuentran degradadas debido al sobrepastoreo.

 

¿Riqueza en el subsuelo? La industria armamentística que antaño buscaba cobre, hierro y estaño para fabricar espadas, adargas y puñales, ahora ahonda en las entrañas de la tierra hasta dejarla estéril para conseguir petróleo, uranio o coltán (columbita – tantalita).Esas explotaciones salvajes y avarientas no sólo dejan la tierra yerma, sino que producen daños colaterales irreversibles.

 

¿Riqueza agrícola? Solamente 1.300 millones de hectáreas se dedican al uso permanente de la agricultura porque otros centenares de millones de hectáreas se encuentran degradadas debido: al exceso de producción que ha acabado con los nutrientes naturales del suelo; a la acidificación de la tierra por sobreexplotación de acuíferos para el riego; al avance del desierto por efecto de la deforestación (717 millones de hectáreas de bosque se hallan afectadas en mayor o menor grado de degenaración); a la erosión por el uso incontrolado de maquinaria pesada; a la contaminación por el uso indiscriminado de fertilizantes y plaguicidas químicos; etc., etc.

 

Todo ello trae como consecuencia que, actualmente, 1.000 millones de personas en nuestro planeta que, ¡oh paradoja! Se llama Tierra, padecen hambre crónica.

 

Entonces, cualquier intento de ocupación de un País que lleva como consecuencia la malversación de las tierras conquistadas, es absurdo.

¿O es que se sigue la política del “pan para hoy, hambre para mañana”?

¿O es que la manera de actuar de los señores de la guerra ha salido de un cóctel en que se mezclan la soberbia, el egoísmo, la avaricia y la ira?

 

Muchas preguntas para apenas respuestas.

Lo único que de la tierra se respetaba como bien común era el derecho de paso y resulta que hoy, la mayoría de las autopistas, son de peaje.

Javier Dotú es actor y escritor.

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