La columna verde

Más que palabras (II)

Por Javier Dotú (junio 2003). El ecologismo, que empezó siendo un valor estético, una afición propiciada por los británicos de renta fija gracias al constante goteo de los “royalties” de ultramar, hoy ha sobrepasado los juegos de salón y se ha convertido en ocupación y ¡ay! Preocupación de centenares de miles de habitantes del planeta Tierra.

La conservación de la naturaleza y su gozosa contemplación, cunas del humanismo y de la cultura, han devenido en su protección y salvaguarda, así como en la denuncia constante de sus agentes agresores.

Pero naturaleza no es solamente el bosquecillo de alisos o las riberas del riachuelo verdeadas por mil hierbas o las laderas del monte manchadas de matorral, no; naturaleza también somos nosotros, los seres humanos y nuestra forma natural de relacionarnos y de comunicarnos. Sobre todo, de comunicarnos a través del lenguaje como expresión de nuestros sentimientos.

Y cuando se oye la radio o se ve y se oye la televisión o se leen revistas o periódicos, se hace palpable, tangible, la constante agresión al lenguaje sin que apenas medien denuncias ni se rasguen vestiduras de blanco satén.

Si contaminar es alterar nocivamente la pureza o las condiciones normales de algo, en el presente caso el lenguaje, nos enfrentamos a una contaminación lingüística del volumen de una catedral gótica. Y así leemos y oímos,”hemorragias de sangre”, o, - “voy en cinco minutos”; como si esos “cinco minutos” fuesen un último modelo de vehículo a pedales, o, una “hemorragia” ( etimológicamente:. Del griego “hemo” – sangre; y “ragia” –brotar) pudiera ser de horchata de chufa.

Todo ello, con ser grave, es subsanable porque se produce con “la inmediatez que requiere la urgencia de la noticia” o porque, -“son cosas del directo”. Pero cuando el fenómeno ha adquirido magnitudes que sobrepasan las de cualquier ídem exhibido en una barraca de feria, es cuando se ha permitido que se cuelen en las pantallas televisivas mensajes indiscriminados mandados por mediación del aparato mal llamado “móvil” (debiera ser “portátil”, pues se transporta, no tiene movimiento). Frases como:“Tu t kllas y .” (Tú te callas y punto); o “Ay q ver lo q t qiero, knalla” (Hay que ver lo que te quiero, canalla) *, uno cree estar viendo un programa emitido en cirílico o en hebreo.

Por ello, no sería impensable que se convocara alguna manifestación para protestar contra esa creciente "contaminación lingüística". Solamente ruego a los participantes que procuren redactar las pancartas sin faltas de ortografía.

* Frases transcritas con total intertextualidad.

Javier Dotú es actor y escritor.
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