La columna verde

Derrochadores...

Por Javier Dotú.  Últimamente se habla y se escribe mucho, o al menos a mí me lo parece, de energía sostenible y energía renovable, sin aclarar demasiado en qué consiste eso. Vamos a ver si ayudamos a resolver las posibles dudas. Para aquellos a quienes nos cuesta comprender lo empírico, lo más asequible es que nos pongan un ejemplo. Y eso es lo que voy a hacer: predicar con el ejemplo.

Si una familia ingresa mensualmente 1.000 euros y mensualmente también gasta 1.200, llega un momento en que su situación financiera es INSOSTENIBLE.

 

Para que sea SOSTENIBLE, sólo tiene dos caminos: aumentar sus ingresos o reducir sus gastos.

 

Con la energía pasa lo mismo; si se consume más energía que la que se genera, ese gasto de energía es INSOSTENIBLE. Para conseguir que la energía sea SOSTENIBLE debemos propiciar el equilibrio entre producción y consumo, para lo cual, también, como en el caso familiar, sólo tenemos dos caminos: aumentar la producción o reducir el consumo.

 

“Aumentar la producción”: Igual que en el ejemplo económico familiar es uno de los dos caminos que deben recorrerse, pero también, al igual que en el ejemplo mencionado, ese incremento debe realizarse dentro de la legalidad: Si aumentáramos nuestros ingresos familiares mediante robos o extorsiones, además de perjudicar a terceras personas, terminaríamos con nuestros huesos en la cárcel.

 

Igualmente, si aumentamos la producción energética con savias contaminantes, flaco favor haríamos a ese incremento que iría polucionando el Orbe y la Naturaleza toda. Por eso debe estimularse el uso de las energías susceptibles de volver a su primer estado, es decir, energías renovables (eólica, solar, hidráulica, etc.). Pero incluso suponiendo que venciéramos (a muy largo plazo, eso sí) en la batalla contra el petróleo y sus “secuaces”, todavía nos quedaría como asignatura pendiente el segundo camino:

 

 “Reducir el consumo”:

-         ¡Oiga! ¿Quiere eso decir que después de haber alcanzado el Estado del Bienestar, ahora debemos prescindir de lo que se ha logrado?

-         Prescindir, no. Pero derrochar, tampoco.

-         ¿Qué quiere decir?

-         Pues está bien claro. En cualquier hogar, coches, ¡cuantos más mejor! Y hay que utilizarlos para ir a la compra, a la peluquería y hasta para echar una carta al correo. ¿No es eso derrochar energía? Nos hemos acostumbrado al ascensor, a la escalera mecánica, a la maquinilla eléctrica y hasta para apretar un tornillo usamos un destornillador automático. ¿Y no es eso derrochar? ¿Cuántas horas luce la “tele” en casa sin que nadie le preste la menor atención? ¿Y el ordenador? ¿Gasta más de lo que produce o produce menos de lo que gasta? ¿Y...?

¿Prescindir? No. ¿Derrochar? Tampoco.

                                                                                 

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