La columna verde

Más vale...

Por Javier Dotú.  Siempre me han interesado los refranes. Aunque los remilgados y conspicuos puristas los hayan tildado siempre de “muletas léxicas”, para mí son la auténtica expresión de la sabiduría popular, resultado de la observación de lo que día a día acontece a las personas normales y corrientes, a esas personas que son / somos los sufridores / beneficiarios de la tierra, el mar, el sol, los árboles... De su existencia y de su carencia; de su cuidado y de su deterioro. Somos aquellos en quienes recae todo lo que ocurre en este mundo.

            Bien pues, volviendo a los refranes, una gran mayoría de ellos empiezan por: “Más vale...”. Por ejemplo: “Más vale maña que fuerza”; “más vale humo de mi chimenea que lumbre de la ajena”; “más vale guardar que prestar y no cobrar”; “más vale pájaro en mano que ciento (o buitre) volando”; “más vale medir y remedir que cortar y arrepentir”; ...

            En todos ellos la sabiduría popular aconseja optar por la realidad cercana y asequible por ínfima que parezca, antes que por un deslumbrante e improbable bien futuro. Tal vez, aunque difícil, todos esos refranes podríamos compendiarlos en el que el Maestro Correas enuncia diciendo: “Más vale prevenir el mal con tiempo que, después de venido, buscar el remedio” o tal como se le conoce actualmente, “más vale prevenir que remediar”.

            Más vale prevenir que remediar en todo, pero especialmente en todo lo que afecta a la Naturaleza que repercutirá en lo ecológico. Más vale prevenir porque no vale más sino que cuesta menos. Pero (y sigamos con refranes) “el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra” y por ello, apenas nunca previene. Casi siempre, después de que ha ocurrido la desgracia, se lamenta y, malamente, trata de remediar lo irremediable.

            El Protocolo de Kioto, primer intento serio de “prevenir” las emisiones de CO2 a la atmósfera, debido a las ya probadas consecuencias que ello trae y que, sobre todo, puede traer en el futuro, nace con el “pasotismo” de EEUU, número uno, también, como País contaminador... Las energías alternativas renovables, ¿para cuándo? Seguramente para cuando ya no quede nada orgánico que combustir... Y así podríamos seguir y seguir sin que nadie se atreva a prevenir, sin que nadie se atreva a poner los bueyes delante de la carreta. Y ya que de animales hablamos, llama poderosamente la atención que, en el reciente cataclismo acontecido en el Continente asiático, casi ningún animal haya perdido la vida. ¿Será que tienen sensores que, de forma natural, les permiten “prevenir” los peligros? ¿O será que, a diferencia del ser humano, no tropiezan dos veces con la misma piedra?

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