La columna verde

Desarrollo sostenible

Madrid, septiembre de 2005 www.infoecologia.com

Por Javier Dotú. Aunque eso del desarrollo sostenible sea un enunciado marcadamente ecologista, la verdad es que interesa a muchos más ámbitos; y volviendo la oración en pasiva, al aplicar el desarrollo a cualquier ámbito, éste se transformará en marcadamente ecologista.

Desarrollo significa crecimiento, avance, progreso; pero también, si se pretende conseguir de forma ambiciosa, puede significar desertización, extinción o injusticia. Por eso el desarrollo, en cualquier combés, económico o embrionario; cultural o político; humanístico o ecológico, debe ser sostenible. En otras palabras: “hay que saber nadar y guardar la ropa”.

 

Algunos desarrollos, a los que quizás les cuadraría mejor el adjetivo, “soportable”, deben tener en el equilibrio su mejor virtud. Lo dice la física: “si los pesos están equilibrados, el esfuerzo es menor”.

 

Los profesionales de cualquier campo encuentran su mayor estímulo de desarrollo en la sana y equilibrada competencia, de la que, sin duda, siempre sale el mejor y mayor crecimiento del que se benefician, nos beneficiamos, todos. De ahí que sorprenda que, demandando igualdad de oportunidades a la hora de competir en la comunicación, quienes tienen el poder de otorgarlas, opten por el desequilibrio o por lo que de insostenible puede tener un desarrollo que esconde casi siempre un solapado nepotismo. Así "laOtra” segunda cadena de TeleMadrid, ha visto rechazada su puesta de largo para mostrar sus galas analógicas ante la audiencia madrileña a favor de otras opciones, ocasionando un agravio comparativo frente a Canal 33, Punt 2 y demás segundas cadenas de casi todas las Autonomías ya en emisión y destinadas en sus contenidos a lo más especialmente local, ecológico y cultural de sus Regiones. ¡Qué gran ocasión perdida! "laOtra”, pues, parece predestinada más que a emisora de imágenes de televisión, a letra de cuplé: “Yo soy la otra, la otra y a nada tengo derecho”.

Por lo visto y oído, el Señor Montilla, de fácil rima vitivinícola, tiene destinada la frecuencia televisiva a un lobby catalán, lo que trae a mi memoria un chascarrillo en el que, desde un palco del Liceo de Barcelona, un caballero, después de escudriñar la platea con sus prismáticos, dice a su mujer:

-         ¡Mira, Merçé! Aquella señorita de la cuarta fila es la querida de Raculell.

-         ¡A ver, a ver!

Dice la mujer arrebatándole los prismáticos y oteando la platea. Una vez visto y revisto el objeto de su curiosidad, dice a su marido:

Es más guapa y elegante la nuestra.

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