La columna verde

Premio

Por Javier Dotú.  La mayoría de actores amigos míos en cuanto les dan un premio importante de interpretación se echan a temblar porque barruntan que, al aumentar su prestigio, disminuirán sus ofertas de trabajo porque quienes pueden contratarles piensan que...”después del Premio se habrá puesto por las nubes”; cuando lo normal sería en vez de “pensar” , “preguntar”. Aunque en muchas ocasiones tras esa actitud se esconde una malsana y soterrada envidia. Y lo malo de esa manera de comportarse es que es extrapolable a la mayoría de estamentos de nuestra sociedad: En cuanto a “fulanita” la ascienden ya se piensa, en el peor sentido, que está gozando de los favores de algún “pez gordo”; y aquel ascenso, sin duda merecido, se convierte en elemento excluyente; y gran parte del personal otrora compañeros, deja de hablar a “fulanita”. Y así con todo... o con casi todo.

 

Se quejaba amargamente un aldeano de un pueblecito serrano ante el anuncio de que una gran extensión de terreno en el que se hallaba su propiedad iba a ser considerada “MONTE PROTEGIDO”; o sea, se le había otorgado la consideración de MEDIO NATURAL ABSOLUTAMENTE INTOCABLE. ¡Menudo premio! ... ¿Sí?  Habían hecho polvo al pobre hombre. El aldeano, con 60 años cumplidos, viendo la expansión del pueblo, cada vez más visitado por foráneos, abrigaba la esperanza de que parte de sus terrenos algún día se urbanizara y de que los dineros que por ellos percibiera, le liberaran del yugo de la tierra y complementaran su exigua futura pensión. ¡Pues no señor! ¡Su gozo en un pozo! El rimbombante y defendido a capa y espada por ecologistas furibundos título de “monte o espacio protegido”, tiene un efecto perverso sobre el aldeano. Efecto que debería no sólo considerar sino tal vez evaluar y compensar quien así lo cataloga. 

 

La Naturaleza debe protegerse y conservarse incontaminada para beneficio de toda la humanidad, por eso el coste que ello supone no puede recaer solamente en unos cuantos. Si todos nos beneficiamos, todos debemos contribuir. También la Justicia debe ser ecológica. También tras el trabajo debe llegar el merecido descanso. A todos. ¿O es que aún hoy vale las palabras de Miguel Hernández

Le veo arar los rastrojos / y devorar un mendrugo / y declarar con los ojos / que por qué es carne de yugo /

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