La columna verde

Viviendas

Madrid, Mayo de 2006 www.infoecologia.com

Infoecologia.- Por Javier Dotú. El ser humano, en sí mismo y dejando aparte consideraciones espirituales, es una “unidad mercantil” en la que gracias a su trabajo aporta a esa supuesta “empresa” un capital que invierte en conseguir alimentos que transforma en energía, decantando orgánicamente todos los residuos no digeribles; invierte el capital en adquirir vestimenta que, además de proteger su cuerpo contra diversas inclemencias, realza su figura, ilumina su porte y le posibilita para ser elegante; ese cuerpo, base de su “empresa”, no sólo lo abriga, también lo limpia lo cuida y lo perfuma para hacerlo más sugerente, más atractivo.

El capital, también lo invierte el ser humano en su formación, física e intelectual y, ¡cómo no!, en su ocio y en sus caprichos.

 

Se cierra el “ciclo empresarial”, como ya hemos apuntado, con la presencia, tras los diversos procesos de producción, de material desechable que, nos preguntamos, dónde va a ser depositado. Muy sencillo: En el inodoro, en los desagües, en el sumidero, en el cubo de la basura...

 

Normalmente, esa “unidad mercantil” con la que hemos identificado al ser humano, tiende a aumentar sus miembros, a convertirse en unidad familiar y a adquirir el correspondiente “local comercial” al que se ha dado en llamar vivienda.

 

Todos los elementos que hemos nombrado para desembarazarse con sencillez de los residuos que produce la unidad familiar se hallan o pertenecen a la vivienda; pero esa vivienda no es un monstruo que fagocita y volatiliza los desperdicios, simplemente los canaliza para transportarlos a lugares específicos en donde se destruyen, se transforman o reciclan.

 

Las viviendas tienden a agruparse formando núcleos urbanos o urbanizaciones que deben prever esos espacios donde destruir, transformar o reciclar los residuos, cada vez más abundantes; por eso, todas aquellas “unidades mercantiles o familiares” que desean edificar una vivienda, necesitan un permiso legal de obras otorgado por quienes han diseñado el equilibrio entre zonas construidas, zonas de depósito de detritus, zonas arboladas que absorban gases contaminantes, zonas comerciales...

 

Por eso, me echo a temblar cuando leo que más de 30.000 viviendas ilegales se han construido en la Costa del Sol; y que esa forma de construir no es exclusiva de esa circunscripción.

 

Si no hay espacios previstos para destruir, transformar o reciclar los detritus..., tal vez algún día afloren por donde nadie se lo espera; o, como dice el clásico, “por do más pecado había”.

 

La corrupción que se agazapa tras ese trapicheo de ilegalidades, propicia una altísima contaminación, en el subsuelo y en el ambiente. La corrupción la practican unos pocos, pero la contaminación la sufrimos todos. 

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