El Zum 
(Eco-crónica semanal por Gustavo Jerez)

 
La ola de calor

Madrid, ultima semana de mayo de 2005 (Infoecología)

El Ministerio de Medio Ambiente ha hecho público un documento, titulado “Aspectos climatológicos en relación con el exceso de temperatura. Verano 2005”, en el que expone la tendencia que podrían experimentar las temperaturas en España durante los meses estivales.

El documento señala textualmente que “se puede apreciar en relación con el trimestre junio-agosto una tendencia, aunque no muy acusada, en el sentido de que las temperaturas sean superiores a los valores medios normales en el centro y sur de la Península Ibérica y en Baleares, con una anomalía probable en general inferior a +1ºC, si bien en el interior peninsular la tendencia es algo más marcada y la anomalía media prevista se sitúa en torno a +1ºC. En el archipiélago canario no se aprecia tendencia sobre los valores normales para el trimestre indicado”. Es decir, más calor de lo habitual, sobre todo en el sur peninsular.

Añade el informe que es probable que llueva algo menos de lo habitual en esta época del año, fundamentalmente en el oeste peninsular. Si tenemos en cuenta que la reserva hidráulica se encuentra al 59 por ciento de su capacidad total, que la tasa de evaporación irá en aumento y que el consumo de agua crecerá notablemente en numerosas zonas durante los meses de más calor, no es de extrañar que el Gobierno haya activado el Plan de Prevención de los efectos de la ola de calor sobre la salud de los ciudadanos y que estudie la posibilidad de adelantar la prealerta en algunas cuencas.

Además, en verano se ha establecido una operación matemática según la cual “mucho calor + poca lluvia = mayor consumo y despilfarro de energía”. El que no tenga aire acondicionado que tire la primera frigocaloría, pero seamos al menos conscientes de la irracionalidad de un modelo energético, el nuestro, basado en la dependencia del exterior, los combustibles fósiles, la escasa o nula eficiencia y que ya alcanza o se acerca a picos de demanda de electricidad tanto en invierno, como en verano.

El dato más esperanzador entre tanta previsión poco optimista es el alto nivel de incertidumbre de las predicciones sobre la evolución de las tendencias climáticas para el verano. Se basan en modelos estacionales y cuya fiabilidad disminuye en relación con el aumento del período para el que se hacen.  Además, la incertidumbre es especialmente elevada, según el Instituto Nacional de Meteorología, cuando se realiza una interpretación de las salidas de estos modelos a la escala de regiones de tamaño relativamente reducido a nivel global, como es el caso de la Península Ibérica. Ya veremos.

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